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"Cuando bajo a trabajar sé que voy a divertirme"

ARSENIO BESGA
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Miranda tras la barra (XIV) | Con un estilo modernista y un alma clásica, La Tertulia (Plaza de España, 6) se ha convertido en uno de los mayores exponentes del ocio mirandés. Blanca Martín, su dueña, presume de "clientela buena"

Blanca Martín frente a la fachada de La Tertulia, cuya decoración emula las formas modernistas de Gaudí en Barcelona. - Foto: A.B.

En pleno corazón del Casco Viejo de Miranda se encuentra un rincón especial, conocido y valorado por prácticamente toda la población. La Tertulia abrió sus puertas hace más de tres décadas. Desde entonces, ha mantenido su esencia aunque en su última etapa haya cambiado, al menos, estéticamente. Cualquiera que se detenga a observar su fachada, inevitablemente percibirá un aire propio de las decoraciones modernistas de la ciudad condal. "Fui a Barcelona con solo 22 años y me enamoré de ella", dice la propietaria, Blanca Martín. Según rememora la hostelera, en el momento en el que su decorador le propuso "cosas de Gaudí", no se lo pensó.

La atrevida remodelación del edificio se llevó a cabo hace ya doce años. Gracias a la apuesta personal de Martín, hoy gestiona un negocio distinguido y llamativo. Ahora bien, el verdadero rasgo característico del rincón no reside en su empaque. Los clientes dan vida a La Tertulia e, incluso, a su dueña. "Yo presumo de público", sostiene. "Trabajar con clientela buena te hace estar a gusto", añade. De hecho, esta mirandesa comenta que "cuando bajo a trabajar sé que voy a divertirme". "Va en serio", insiste para acallar incredulidades.

Estar tras la barra resulta complicado, en ocasiones hay quien lo tacha de esclavo. No obstante, Martín se muestra agradecida y destaca la "suerte" de la que disfruta. "A parte de servir, trato con la gente. He conocido a todos los alcaldes, arquitectos, aparejadores, músicos, actores... Gente estupenda", recuerda. "He aprendido a base de hablar con mucha gente, si no, no se aprende", sentencia.

Para llegar al actual punto en el que se halla La Tertulia, tuvieron que pasar lustros. Décadas, en realidad. "Cuando se abre un negocio nunca sabes qué va a pasar, ni en un año, ni en dos, ni en tres", analiza. "Al principio no teníamos ni idea, fueron cosas muy nuevas para nosotros", rememora la dueña sobre los primeros tiempos al frente del negocio junto a su ex marido. Pese a ello, según sus palabras, "muchas personas" les conocían y esto permitió que la afluencia de público creciera cada día. Hasta hoy, cuando aún mantiene a su clientela más fiel.

Eso sí, Martín no puede obviar la evolución que ha sufrido el Casco Viejo. "Hubo 20 años en los que iba bien, pero cuando la gente se ha marchado a estudiar o a trabajar ha dejado de funcionar", reconoce. Desde su perspectiva, la pérdida de habitantes imposibilita que se mantenga el "movimiento" en ambos márgenes del río Ebro. "Miranda no tiene población suficiente para llenar la Parte Vieja y la Nueva a la vez", afirma.

A través de su esfuerzo y compromiso se ha mantenido a flote. Incluso tras el primer impacto del coronavirus, algo que no todas las empresas pueden decir. "Todo el mundo hemos tenido problemas con la pandemia", expone. "Siempre tienes incertidumbre (...) aunque yo soy afortunada porque tengo terraza", argumenta. En cualquier caso, el periodo estival de 2021 sentó como un bálsamo en el sector hostelero. "El verano ha sido bueno, la gente no podía salir de Miranda y se han hecho hasta colas para sentarse en la terraza", rememora. "Eso no lo había visto nunca", completa la experimentada propietaria.

Ahora bien, "Miranda vive mucho del pueblo y hay mucha playa y monte cerca", por lo que las expectativas para el futuro no resultan demasiado alentadoras en cuanto a la capacidad retentiva del ocio local. Sin embargo, siempre queda una esperanza. "Ojalá cambie, así nos beneficiamos todos", desea Martín.