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Historia viva de las mujeres

A.G.
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El pasado día 12 se cumplieron 35 años de la inscripción en el Gobierno Civil de la asociación La Rueda que, desde entonces, no ha parado de luchar por los derechos de la mitad de la población sin bajar la guardia ni un momento

El 12 de noviembre de 1986 se inscribió en el Gobierno Civil la Asociación para la Defensa de la Mujer La Rueda. - Foto: Patricia

Cuando el 12 de noviembre de 1986 la Asociación para la Defensa de la Mujer La Rueda se inscribió en el Gobierno Civil, apenas hacía un año que el aborto se había despenalizado en España en tres supuestos y solo habían pasado cinco desde que era legal divorciarse. Los derechos de las mujeres se empezaban a recuperar poco a poco después 40 años desaparecidos y un grupo de feministas de esta ciudad entendió que la mejor forma de apuntalarlos era trabajando a pie de calle exigiendo, divulgando y, sobre todo, dando soporte a las necesidades que presentaban las burgalesas, que eran muchas. Las fundadoras de aquel colectivo que iba a hacer historia se unieron al calor de una de las primeras iniciativas institucionales en favor de la mitad de la población. Ellas fueron Carmen Santos, Pilar Ruiz, María Luisa de Miguel, Ana Peña, Ángeles Quevedo, Pilar Renedo, Inés Praga, María Rosario Castro, Pilar Martínez, Teresa Torres, Mirela Bárcena, Corona Ortiz, Ángeles del Val, Purificación Rueda, Carmen González, Sagrario Acebes, Narcisa Gayo, Rosario Téllez y Adela Moneo.

La Junta de Castilla y León había abierto un año antes en la Plaza de Alonso Martínez lo que llamó Centro de Información y Orientación a la Mujer, que daba asesoramiento jurídico y social. De los servicios que ofrecía se puede entender cómo era la realidad de aquellas mujeres hace 35 años: se daba información a "maltratadas, madres solteras, casos de separaciones y divorcios, prostitución de menores (...) o reconocimiento de la paternidad". También se proponía gestionar pisos de acogida, "residencias de madres solteras y de internamiento temporal de los hijos" y fue La Rueda, precisamente, la que se hizo cargo de la primera casa de acogida para mujeres víctimas de malos tratos que equiparon, como recordaban más tarde, con menaje que ellas mismas aportaron. Su actividad desde el primer momento fue frenética y La Rueda se convirtió en el referente para todas las burgalesas que es aún hoy.

Fueron años, aquellos primeros, de construir, y de la mano de esas pioneras no solo las mujeres que eran agredidas por sus parejas tuvieron un lugar donde refugiarse sino que encontraron desde bien pronto formación para el acceso al empleo, creyentes como eran sus gestoras de que solo desde la independencia económica las mujeres podían soltar lastres emocionales. Luego vinieron el punto de encuentro para que las parejas separadas pudieran intercambiarse a las criaturas o el servicio de cuidadoras que procuró trabajo a muchas mujeres y a otras, un espacio libre de la crianza para poder encontrar a su vez un empleo o participar activamente de la vida social.

A la vez que se conseguían estos logros que mejoraban la realidad material de las mujeres, La Rueda no paró de divulgar y de exigir en todos los foros los derechos indispensables de las ciudadanas, denunciando la violencia desde el primer día. De 1988 data una nota de prensa mecanografiada, que la actual junta guarda como oro en paño, que enviaron a los medios con el mensaje a las burgalesas de que existía su casa de acogida y de que no dudaran en ponerse en contacto con ellas si lo necesitaban. ¿La causa? En apenas una semana las radios y el periódico habían informado de que un guardia civil había pegado un tiro a su mujer y que un joven de 20 años había causado lesiones graves a la suya.

Ya con la conocida activista feminista Nati Cabello como presidenta, las propuestas de La Rueda -sin olvidar nunca la perspectiva feminista- se fueron ampliando: se opusieron radicalmente a la guerra de Iraq, hicieron las primeras jornadas de mujeres lesbianas y de "libertad sexual" y exploraron las nuevas masculinidades animando a los varones a unirse en la batalla contra el machismo. Y así se iba, paso a paso, hacia una sociedad más justa cuando llegó la crisis de 2008.

La asfixia. La Junta recortó en aquellos años hasta la asfixia los fondos de los que se nutrían las asociaciones de mujeres y La Rueda tuvo que abandonar su mítica sede de la plaza de Alonso Martínez. Estaba ya Laura Pérez de la Varga en la presidencia y reconoce que fue un momento tan amargo como que hasta se barajó una posible desaparición: "En aquellos momentos fue cuando más que nunca aguantamos gracias a la solidaridad de las mujeres que se implicaron en el voluntariado", recuerda. Desde 2015 ocupan un espacio en la Casa de la Mujer dependiente del Ayuntamiento.

Pérez de la Varga, que tenía seis años cuando se fundó La Rueda, lleva con "una enorme responsabilidad" continuar con una historia de 35 años y conservar el legado que han dejado sus antecesoras "que desde el primer momento fueron unas mujeres independientes, de procedencias muy variadas -las había tanto cercanas al PP como al PSOE y otras que no tenían vinculación con ningún partido- cuyo objetivo fue siempre ayudar y apoyar a las mujeres 'y visibilizar sus problemas'".

En la actualidad La Rueda continúa sacando adelante sus proyectos desde la misma inestabilidad económica de siempre -nunca ha tenido un convenio con Ayuntamiento o Diputación sino subvenciones puntuales vinculadas a programas concretos- y sosteniendo con fuerza la agenda feminista radical en tiempos en los que parece que todo se ha aliado en su contra.

Después de la demostración de fuerza del feminismo en los años 2018 y 2019, cuando se llenaron las calles de mujeres hartas de la violencia sexual, del techo de cristal y de las fuertes discriminaciones a las que se enfrentan en el día a día, varios 'troyanos' se han conjurado para que estos avances se frenen en seco. "Esto es algo que no nos sorprende porque desde la Ilustración ha venido ocurriendo, cuando las mujeres avanzan hay algo que las frena, por ejemplo, después del auge de las sufragistas vino Freud con el psicoanálisis a decir que éramos todas unas histéricas".

En esta ocasión, los ataques vienen de varios frentes. De un lado, Pérez de la Varga, apunta al auge de la extrema derecha con un partido que niega la violencia específica que sufren las mujeres por el hecho de serlo; por otro, a la atomización del movimiento (mujeres 'racializadas', con discapacidad...), "el clásico divide y vencerás; ya sabemos que algunas mujeres tienen doble discriminación por sus circunstancias pero lo que nos une a todas es el hecho de ser mujeres" y, el que quizás más le duele es el que viene del propio Ministerio de Igualdad "que está empecinado en definir a la mujer desde los roles más sexistas, es decir, desde el género, aquello que las feministas queremos abolir, y más pendiente de exacerbar ese mecanismo de opresión que en hacer políticas claras contra la violencia que sufren las mujeres". Se refiere a la Ley Trans, que promueve la 'autoidentificación de género', sobre la que pide un debate sosegado "y no lleno de insultos como estamos recibiendo las feministas".

Esto le ha llevado a La Rueda a alinearse con otras muchas asociaciones feministas del país y pedir la dimisión de la ministra Irene Montero, algo inédito en la historia de España: "Esto cuesta mucho, pero lo que hemos recibido de ese Ministerio, el ninguneo al movimiento feminista, ha sido como una bofetada, como cuando Zapatero eliminó el departamento de Igualdad de su gobierno. Por eso es duro pedir su dimisión pero es que acaban de violar brutalmente a una cría de 16 años en Igualada y la ministra puso un tuit hablando de fiestas y no se reunió el comité de crisis que se anunció cuando hubo una agresión homófoba que después resultó ser falsa".