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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


¿Soberbia o desprecio?

30/03/2022

Pedro Sánchez se empeñó a fondo en Bruselas para conseguir un acuerdo que permitiera a la Península Ibérica, entre otras cosas, poner topes a los precios de los carburantes. El presidente español y el portugués regresaron a sus países con la satisfacción del deber cumplido, a la espera de que la UE determine el calendario de aplicación de lo acordado.

Pedro Sánchez, sin embargo, no ha actuado como se esperaba de él cuando anunció que llevaría al Consejo de Ministros el imprescindible plan de recuperación económica para paliar los efectos de la crisis que sufrimos desde hace varias meses. No cuela que el gobierno lo presente ahora como plan de choque contra las consecuencias de la guerra, porque la situación era de gravedad extrema antes de la guerra de Ucrania, aunque la invasión anexionista de Putin convirtió la situación en insostenible.

El gobierno ha trabajado duro para preparar el plan, que recoge medidas que son esperanzadoras, más allá de lo que digan los expertos. Con fecha de caducidad, varias de ellas, con dificultades de cumplimiento, otras porque la burocracia española es un desastre. Como han comprobado quienes los dos últimos años han intentado cobrar en plazo los ERTEs, o acceder al ingreso mínimo vital y las ayudas específicas para sectores desfavorecidos. Por otra parte, alguien tendrá que explicar de qué partidas presupuestarias saldrán los 16 mil millones en subvenciones y créditos que costará el plan de choque. Teniendo en cuenta que la deuda española actual alcanza el 120 del pib, y que a partir del verano el Banco Central Europeo ya no comprará más deuda. Habrá que ver cómo se arregla ese desarreglo.

Sin embargo, lo más reprochable del proyecto presentado con gran alharaca por las tres vicepresidentas, aparte del avance que hizo el lunes el propio Sánchez ante los mandamases del Ibex, es el trámite de elaboración. Al margen de los partidos de la oposición, incluidos los que le apoyan sistemáticamente en el parlamento; y sin cumplir los acuerdos a los que se había llegado en la Conferencia de Presidentes de La Palma sobre reducción de impuestos. Como contaba el vasco Aitor Esteban, dándose por satisfecho el gobierno con una llamada telefónica del ministro de la Presidencia, que no duró ni cinco minutos. Es decir, se trataba de comunicar lo que había. Ninguna intención de explicar, escuchar, negociar y tratar de integrar propuestas de otro partido.

Con esa actitud de "aquí mando yo" se afianza la imagen de un presidente ensoberbecido por su poder que, además, desprecia al adversario político y lo ningunea incluso en las situaciones en las que más necesario es llegar a acuerdos con la oposición. Se entiende menos todavía cuando en pocos días habrá un líder de la oposición que ha expresado su intención de apoyar al gobierno en asuntos de Estado. ¿Hay asunto de Estado más urgente que el plan de choque que permita a millones de españoles afrontar una situación límite?