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La innovación en los colegios: "buena pero puede ir a mejor"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Un informe encargado por la Fundación Caja de Burgos ha analizado 17 colegios y pone en evidencia que el miedo y la distancia social provocados por la pandemia han hecho volver esquemas antiguos de enseñanza "que serán corregidos con tecnología"

Entre los 17 colegios estudiados hay públicos y concertados, urbanos y rurales. - Foto: Javier Pozo

Quizás sea una expresión anticuada, pero si hubiera que calificar cómo están los colegios burgaleses con respecto a la innovación educativa se podría hablar de un aprobado bastante alto. Las conclusiones a las que ha llegado el informe que la Fundación Caja de Burgos encargó a la consultora Aonia Educación sobre este particular en la provincia son "muy esperanzadoras". Su director de Innovación, David Vidal, recurre a una metáfora clásica: "Hemos visto un panorama bueno que puede ir a mejor. Se está haciendo una cesta a la que ya se le ve la forma y se sabe que se cuenta con buenos mimbres". El aprendizaje basado en proyectos (utilizado por más de la mitad de los coles estudiados) o el cooperativo, y docentes que comparten contenidos que se han incorporado a las plataformas digitales son, a juicio de este experto, "la punta de lanza" de prácticas que se están haciendo muy correctamente en las escuelas burgalesas: "Muchas veces pensamos que lo mejor está fuera y que dentro no hay innovación y esto no es cierto. Hemos hallado docentes y equipos directivos con muchas iniciativas y prácticas buenas y destacables", añade este experto, que si debe lamentar algo es la poca visibilidad que tienen estas prácticas, "que no salen de las cuatro paredes de las aulas".

Innovación educativa. Tendencias y panorama en la provincia de Burgos estudió 17 centros escolares de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato -seis públicos y once concertados- que suponen el 17% del total de los colegios. Once estaban en Burgos capital, tres en Aranda de Duero, uno en Miranda de Ebro, otro en Gumiel de Izán y otro en Milagros. "Es de destacar la dificultad que supone dar visibilidad y localizar innovaciones educativas en la provincia. A pesar de los programas e iniciativas analizadas, es complicado acceder a información en relación a los resultados de las iniciativas, informes de conclusiones o diseminación de las experiencias, etc… Sólo iniciativas como las de Fundación Caja de Burgos a través de sus publicaciones o el portal de Escuelas Católicas recogen experiencias y las ponen a disposición del resto de la comunidad educativa", señala Vidal.

El encargo por parte de la Fundación estaba vinculado a su objetivo de "trabajar con conocimiento de causa el tema de la educación dentro de nuestro plan estratégico", según señala Óscar Martínez, responsable del área de Actividad Social y Cultural: "Siempre hemos estado comprometidos con la innovación pero nos dimos cuenta de que a cualquier cosa se le llamaba así e incluso a prácticas que están enfrentadas entre sí, por eso quisimos saber cómo estaba este ámbito y si había colegios que destacaban de forma significativa".

Este último aspecto no se ha dado a conocer porque desde Aonia entienden que no se trata de hacer un ranking. Para identificar las prácticas innovadoras en los colegios burgaleses se ha empleado un documento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos?(OECD) que propone una serie de elementos que observar para delimitar entornos de innovación en educación: estilo de enseñanza y prácticas instruccionales, organización de la clase, uso de libros de texto, métodos de evaluación, disponibilidad de ordenadores e internet en clase, provisión de educación especial, colaboración entre docentes, mecanismos de feedback e innovación en la evaluación y contratación y en las relaciones externas de la escuela.

"Está probado que estos indicadores impulsan la innovación en los colegios y un ambiente que hace que los docentes desarrollen mejores experiencias para el alumnado, que al final es el propósito último, prepararlo para enfrentar el mundo que les va a tocar, que tiene que ver con las ideas, el aprendizaje activo, la originalidad, un buen razonamiento deductivo, saber resolver problemas... competencias que parecen líquidas y difíciles de tangibilizar pero que ayudan mucho", añade Vidal.

El trabajo fue complicado de hacer porque al poco de iniciarse estalló la pandemia y las dificultades para conectar con los colegios aumentaron significativamente. En este punto es imposible no hablar de las condiciones socioeconómicas del alumnado cuyas diferencias se pusieron en evidencia más que nunca durante el confinamiento: "Esto es cierto, no hay innovación que salve la brecha digital pero también lo es que no toda innovación es tecnológica y de hecho, hay una serie de indicadores como el estilo de la enseñanza. Por ejemplo, esto lo hemos visto al revés durante la pandemia, que el hecho de pasar a las aulas virtuales ha provocado que vuelva el estilo tradicional en el que el profesor habla y el alumnado escucha, una 'clase magistral' que no innova nada".

En este aspecto es en el que aparece uno de los pocos puntos flacos que ha encontrado la consultora ya que la formación que ha recibido el profesorado en relación a estas metodologías innovadoras, explica en su estudio, está muy ligada al aula, a la presencialidad y a la relación de cercanía. Tanto las restricciones relacionadas con el distanciamiento social como la integración de modelos que alternan presencialidad y no presencialidad han dificultado que los docentes puedan aplicar los conocimientos que tenían en relación a estas metodologías: "La situación de pandemia y la distancia social ha creado un ecosistema pedagógico interesante, donde los miedos y los espacios se han vuelto a modificar de manera retrógrada, volviendo a esquemas de hace 40 años y aquí es donde la tecnología vuelve a jugar un interesante papel habilitando los equipos y las reuniones de trabajo para los alumnos de forma telemática".

Lo que observó Aonia Educación en los colegios puede estar relacionado, además, con los buenos resultados que se obtienen en el informe PISA en esta comunidad autónoma: "No lo descartaría en absoluto aunque sabemos que a muchos docentes les da miedo la innovación precisamente porque luego son evaluados por PISA y temen que las nuevas formas de enseñar puedan empeorar los resultados pero creemos que no tienen que temer ser audaces"

Como conclusión, insiste el experto, se puede vislumbrar que de unos años a esta parte los centros educativos se están sumando a una tendencia de adaptación a los cambios sociales y tecnológicos: "Este proceso de innovación viene siendo apoyado muy de cerca por la administración pública con diversos proyectos que fomentan el uso de la tecnología mediante la dotación de recursos a los centros, así como de formación y actualización al profesorado".