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"Documento este horror para que los culpables paguen"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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ENTREVISTA | El fotoperiodista burgalés Diego Herrera, exalumno de la UBU, lleva en Ucrania desde que se inició la guerra. Hace unos días volvió a Burgos para descansar pero ya está otra vez en pleno conflicto

Diego Herrera, fotoperiodista burgalés en Ucrania. - Foto: Alberto Rodrigo

Pocas semanas antes de que se iniciara la invasión de Rusia a Ucrania, el fotógrafo Diego Herrera (Bilbao, 1991) estaba preparándose para realizar un proyecto de voluntariado en comunicación en Severodonetsk, al este del país, en el Donbass, donde el conflicto que se vivía desde 2014 se empezaba a reactivar. Allí estuvo del 13 al 28 de febrero, día en el que estalló la guerra y se trasladó con un compañero a Kiev para registrar con su cámara lo que entonces se pensaba que iba a ser una especie de paseo del ejército de Vladimir Putin. Herrera, graduado en Comunicación Audiovisual de la Universidad de Burgos, ha estado unos días de descanso en la ciudad y la semana pasada volvió para seguir documentando las atrocidades que se están cometiendo, "como testimonio periodístico pero también por si es necesario como prueba para que los culpables paguen alguna vez". Algunas de las imágenes que ha obtenido del conflicto las han podido ver en este periódico y también se han publicado en otros como El País o el francés Libération.

¿Qué sensación ha tenido al llegar aquí y ver las tiendas abiertas, la gente riéndose y tomando café, los niños yendo al colegio..?

Es un choque de realidad aunque menos de lo que pensé que me iba a pasar, quizás porque he llegado hace poco,. Pero también cuando voy por las calles y no veo gente huyendo me sorprende, ya que llevo dos meses presenciándolo todos los días, o miro las casas y me pregunto si tendrán sótanos por si hubiera un bombardeo. Llego hasta ese punto porque me planteo qué pasaría si hubiera una guerra aquí. Es que allí apenas unos días antes no pensaban que iba a haber una guerra.

¿El hecho de que quince días antes la gente en Kiev iba al teatro o se reunía con sus amigos le ha hecho pensar que ni a estas alturas ningún país está a salvo de la guerra?

Sí, en un segundo te cambia la vida, que es lo que les pasó allí. Es verdad que en el Donbass había un conflicto desde el 2014 pero nadie se figuraba que iba a ocurrir esto.

Un conflicto al que no le hemos hecho apenas caso...

En 2021 yo estuve cubriendo allí cómo estaba la situación después de siete años de guerra pero es cierto que, salvo al principio, que se informó un poco, no se ha hablado apenas de ello. También es verdad que no había bombardeos ni un frente muy activo y que ni siquiera allí se esperaba cómo iba a escalar el conflicto. Menos en Kiev, claro. Es como si estás por Burgos paseando y al día siguiente te levantas y la guerra ha llegado a las puertas de tu casa.

¿Por qué se ha ido a cubrir la guerra en Ucrania?

Yo no me considero un reportero de guerra pero siempre he tenido un interés por los temas sociales, de hecho había estado viviendo en Moldavia en un proyecto de voluntariado y como conocía la zona y la lengua creí que iba a permitir informar de una manera más sencilla que a otros compañeros periodistas que necesitan un traductor y un coche, algo que a mí no me hace falta porque hablo ruso y tenía allí mi propio vehículo.

¿Cuál es la clave de la resistencia del país, más allá del apoyo armamentístico que está recibiendo de Europa o de Estados Unidos?

En parte, porque llevan en conflicto ocho años y se han preparado muy bien -ya no es el ejército que había en 2014 sino mucho más profesional- y, por otro lado, tienen la moral muy alta porque están invadiendo su país y han querido parar al enemigo. Y esto no lo tengo claro pero quizás puede que los rusos tampoco tenían muchas ganas de atacar a un pueblo que había sido hermano hasta hace bien poco.

¿Cómo ha sido allí su vida durante esos dos meses?

Básicamente, buscar dónde había bombardeos. En Kiev íbamos mucho a Irpin, que es donde estaba el frente. También visitábamos hospitales, el metro, el tren, las salidas de las familias que iban hacia Polonia...

¿Tuvo que vivir en un sótano?

No. Estábamos en un hotel de la plaza de Maidan en el que prácticamente todos éramos periodistas y yo al menos dormía en una cama, sé que había quien lo hacía en el baño porque tenía miedo.

¿Podía dormir?

Sí, porque llegaba agotado.

¿Ha trabajado solo?

Hasta el principio de la guerra sí, luego he intentado siempre ir con un compañero, sobre todo por seguridad. Normalmente no pasa nada pero si pasa, estar solo es arriesgado.

¿Cómo están los ucranianos que no se han marchado del país?

La mayoría son personas mayores o gente que no tiene adónde ir o que tiene que cuidar de sus mayores. También, es curioso, hay quien no se ha marchado porque no quiere dejar solas a sus mascotas. Básicamente están viviendo en sótanos.

¿Llega un momento en el que le dejan de impresionar los muertos?

No, aunque creo que, de alguna manera, lo llegas a normalizar porque ocurre todos los días, pero te choca y no acabas de entender por qué está ocurriendo esto, como lo de Bucha, que hay gente que lo niega.

Sí, he visto cómo a través de las redes sociales había quien le negaba lo que usted estaba viendo con sus propios ojos

Y no es solo verlo sino escuchar los testimonios de los vecinos. Yo vi con mis ojos a un hombre de alrededor de 60 años con un lazo blanco atado en el brazo -identificación que les exigían los soldados rusos para no dispararles- muerto de un tiro en su casa y toda la nevera salpicada de sangre. Jamás entiendes por qué matan a los civiles.

No conozco los aspectos técnicos de la fotografía pero mi compañero Alberto Rodrigo me explica que usted se acerca mucho a lo que quiere retratar. ¿Por qué lo hace?

Es necesario para contextualizar. Estar cerca de la gente ayuda a transmitir lo que viven y al espectador le ayuda a conocer mejor lo que está pasando, a sentir la realidad.

¿Se trata también de un planteamiento ético?

Técnico y ético, las dos cosas. Ver la realidad de lejos no es lo mismo, como no es igual contemplar la invasión de Rusia desde España.

¿Cómo les ven a ustedes las víctimas?

En general, bien, creo que quieren que se enseñe lo que está pasando aunque llega un momento en el que hay mucha saturación de periodistas y esto les cansa también. Es algo que pasa más en Kiev que en el resto del país, donde no hay problemas para que te cuenten cosas.

Ha pasado unos días en Burgos descansando. ¿Por qué ha vuelto?

Porque me puede el nervio, porque lo que está ocurriendo es parte de la historia de Europa y del mundo y porque ser testigo de ello es para mí un orgullo. Me voy sin fecha de vuelta pero no creo que esté más de dos meses

¿Cuál es la foto de la que más orgulloso se siente?

La que tomé en Irpin de una familia muerta junto a una maleta. Les alcanzó una bomba cuando iban con un voluntario a salir del país y aunque a nivel compositivo no sea la más bonita fue la que cambió un poco las cosas: al día siguiente dejaron de bombardear allí y me gusta creer que la foto pudo ayudar.

¿Se ha acercado a las fosas comunes que están apareciendo?

Estuve en la de Bucha. Impresiona mucho, pero más me impresionaba cuando los trabajadores del cementerio iban buscando los muertos casa por casa.

Sé que pidió hace muchos meses hacer un reportaje sobre la situación de la UCI y retratar a las limpiadoras del HUBU pero que no llegó a hacerlo por todas las pegas que le pusieron. ¿No me diga que ha sido más difícil informar aquí que en la guerra de Ucrania?

Pues así ha sido. Allí, en Kiev, he entrado incluso en un hospital militar y aquí nunca me llegaron a dar el permiso para entrar en el HUBU. Es verdad que en Ucrania hay mucha burocracia pero se hacen las cosas y ver que aquí, a pesar de esa burocracia, no puede ser es muy absurdo. Llamé varias veces, puse una queja... luego ya me olvidé porque me fui a Armenia. La pandemia forma ya parte de nuestra historia y hubiera sido muy importante que hubiera quedado documentado todo lo que pasaba en los hospitales, incluso viéndolo desde el punto de vista práctico, por ejemplo, para haber evitado el fenómeno de los negacionistas.