Desde la campiña

Carmen Hernando


El plutonismo

27/11/2020

Pongamos que alguien afirma, sin base científica y contrastable alguna, que hay vida en Plutón. Y que además es una vida mucho más inteligente que la nuestra (para esto no hace falta echarle mucha imaginación), por lo que merece nuestra devoción más profunda. Se crean espacios para venerar a estos seres extraterrestres tan excepcionales y resistentes al frío (con los que en Burgos nos sentimos especialmente identificados) y aparecen también sus representantes en la tierra, autoproclamados para propagar sus bondades, aunque no sabemos si con la aprobación o no de los plutonianos o incluso si el mensaje transmitido tiene algo que ver con el original.
El caso es que esta corriente se expande según lo hacen sus ritos, lugares de culto y seguidores, mientras que algunos ‘incrédulos’ se ven obligados a formar parte de esta representación, o, en el mejor de los casos, a tolerarla, ya que este nuevo credo inunda todo tipo de instituciones públicas y privadas. Sin embargo, muchos de los fieles al plutonismo no muestran el mismo respeto  hacia estos escépticos, que ven cómo en su día a día tienen que asistir a ritos de esta nueva creencia para no sentirse desplazados e incluso soportar críticas por no ser un ‘buen adepto’ en aquellas ocasiones en las que, hartos ya de hacer tanto teatro, se atreven a exponer lo que piensan.
La única esperanza de estas personas que no creen en esta doctrina es que exista una edad a la que uno por fin se dé cuenta, y si no lo hace por sí mismo, alguien le desvele que todo es una historia. Si con el Ratoncito Pérez es a los 7 aproximadamente, y con los Reyes Magos un poquito después… ¿cuándo sucede con esta ideología? ¿A los 20? ¿A los 40? ¿A los 50? Sea cuando fuere, hasta que llegue ese momento, lo único que piden los ‘laicos’ es que se les trate con el mismo respeto que ellos muestran hacia el plutonismo, el neptunismo, el saturnismo, e incluso los dogmas de planetas de otras galaxias, como el keplerismo, de reciente constitución. Y ello a pesar de que no solo no comparten estas creencias, sino que ni siquiera las comprenden.
Libertad y tolerancia, sí, pero para todos.