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Juan Carlos Pérez Manrique

Estos días azules...

Juan Carlos Pérez Manrique


La ayuda

10/11/2021

Quizás queriendo ajustar cuentas con Dios, L. Cohen, en su canción You want it darker, de su último álbum titulado de la misma forma (2016), hablaba del millón de velas encendidas por la ayuda que nunca vino para redimir a tantos hombres denigrados, crucificados cada día y en cada guerra. La ayuda bíblica era el ángel enviado para salvar a Isaac del sacrificio que su propio padre iba a ejecutar y el tema tuvo una importante presencia en la creación artística (Ghiberti, Brunelleschi, Berruguete, Caravaggio, Rembrandt…). La ayuda también se representaba de otras formas y así, Rubens, en el lienzo que pintara en 1637 sobre las guerras que devastaban Europa, lo hacía a través de la piedad que Venus quiere transmitir a Marte para aplacar su ira . A esa pintura se la conoce como Los desastres de la guerra.

Casi doscientos años después, en el contexto de la Guerra de la Independencia española contra el ejército francés, la respuesta artística de Goya fue la realización de algunas pinturas y de la serie de grabados titulada igualmente, Los desastres de la guerra. Una primera edición (1863) de esos 80 grabados se expone durante estos meses en la Sala Pedro Torrecilla de la Fundación Cajacírculo. A la magnífica sala accedes desde la vida que en esa zona de la Plaza de España fluye para enfrentarte a una creación que en Goya está desprovista de símbolos y de colores que glorifiquen ni ensalcen ninguna ira, ninguna venganza, ninguna muerte; para enfrentarte a una creación de trazo, dibujo y tinta que muestra la guerra y su ropaje hecho de crueldad sin ningún rastro de ángel que la impida ni divinidad que la aplaque. 

Desde las luces de la razón ya encendidas, Goya sabía que cuando se mata por una idea lo que se hace no es defender una idea sino matar. Lo sabía y lo cuenta. Al Yo lo vi que escribe al pie de uno de esos grabados pudiera añadirse y tengo que contarlo, desde el convencimiento del compromiso del arte con la sociedad. Y no lo transmite como un reportero que muestra una ilustrativa instantánea del momento que capta sino como alguien que no deja de aprender y trabaja, con bisturí, la realidad recordada y macerada en todo lo que lleva vivido, leído, pensado, visto.
Muy cerca de la sala Pedro Torrecilla hay una iglesia y el domingo, último día de la exposición, cuando suenen las campanas deberíamos recordar como también en la memoria siempre doblan por ti, por cada uno.