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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Oídos sordos

29/04/2022

El Gobierno lo niega, o lo silencia, y los partidos de la oposición dan por hecho que el CNI utilizó un programa informático con patente israelí para vigilar a políticos independentistas. Hasta ahí lo que se sabe o se cuenta. Por la repercusión que tiene en los medios de comunicación podría pensarse que el asunto interesa mucho a los ciudadanos. Y no es así. La gente pasa. Lo único que sorprende es cómo pueden ser tan malos nuestros espías oficiales que ni siquiera con Pegasus se enteraron de los planes de Puigdemont para huir de España.
No es este el único caso de distanciamiento emocional entre los intereses de la población y la algarabía política. Si nos acercamos a nuestra comunidad tenemos en Ciudadanos una muestra del mismo distanciamiento. Esta semana han tenido lugar sendos encuentros de la Junta Directiva y de la Asamblea Autonómica de Ciudadanos de Castilla y León. Su coordinadora, Gemma Villarroel, anunció como gran hallazgo ideológico que a partir de ahora el partido naranja no tendrá socios preferentes, es decir que cuando tengan la oportunidad de pactar futuros gobiernos, llegado el improbable caso, lo harán con cualquiera y no como hasta ahora, preferentemente con el PP. A este hallazgo estratégico, afirma, han llegado después de un proceso de «escucha activa» entre propios y extraños y con el objetivo de «preservar el tan necesario espacio liberal». Al estilo Zelensqui, Villarroel hace un llamamiento a una «resistencia que no se esperan los partidos del bipartidismo».
Lo peor para Ciudadanos no está solo en que se ha quedado sin discurso que le identifique y que recurra a uno lleno de lugares comunes, vacío de propuestas y de emociones y prejuzgado desde la desconfianza generada en el pasado. Se añade lo dramático en los telediarios. El portavoz de Ciudadanos aparece en pantalla después del representante del PP y los mensajes de ambos en contra de Pedro Sánchez parecen escritos por la misma pluma. Si hay matices, pasan desapercibidos. En ambos casos, como en muchos más, demasiadas voces para oídos delibera y saludablemente sordos.