Un grito de auxilio en la Amazonía

EFE
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Las comunidades indígenas de Brasil, Colombia y Perú están desbordadas por los contagios de la COVID-19 ante la falta de recursos

Un grito de auxilio en la Amazonía

La historia se repite para los indígenas de la Amazonía. Si antes fue la viruela, la gripe o el sarampión, ahora los habitantes del pulmón verde del planeta se enfrentan al coronavirus desprotegidos, pero esta vez han decidido no morir en silencio.
«Nuestro pueblo está muriendo, es devastador», se lamenta el patriarca tradicional de la etnia kokama, Edney Samias, quien advierte del riesgo de un «genocidio»; en caso de no recibir ayudas «urgentes» para frenar el avance del virus.
A pesar de las repetidas advertencias del peligro que corren y de haberse aislado en sus territorios, la pandemia los ha alcanzado igualmente. Ya son 40 los indígenas fallecidos y 679 los contagiados por la Covid-19 en la Amazonía, según el registro de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).
Un grito de auxilio en la Amazonía Un grito de auxilio en la Amazonía - Foto: Ginebra PeñaLas dramáticas consecuencias afloran implacables en la triple frontera que forman Brasil, Colombia y Perú sobre el río Amazonas. A cada lado se repite el mismo grito desesperado de auxilio. En esta remota región las líneas que delimitan los países son un ejercicio de imaginación. El control migratorio es casi nulo, y con esa facilidad el virus se ha extendido a tres bandas.
Samias, de 38 años, vive en Tabatinga, una de las zonas más golpeadas con 800 muertos y más de 10.000 casos. Junto a otros tres líderes kokamas, firmó un comunicado divulgado por la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) en el que denunciaron el «racismo institucional» de las autoridades brasileñas, a las que acusaron de «negligencia y omisión».
Los kokama fueron los primeros en confirmar un caso de coronavirus en un indígena brasileño, tras el contagio de una joven de 20 años el 25 de marzo pasado.
Hasta la fecha se han registrado 163 casos y al menos 12 fallecidos entre las comunidades indígenas del gigante sudamericano, que posee aproximadamente dos tercios de la superficie total amazónica.
A ello se suma la deficiencia hospitalaria, pues en el Amazonas brasileño solo hay camas de cuidados intensivos (UCI) en su capital, Manaos, a cuatro días de navegación por río de Tabatinga, pero hace días que están saturadas, mientras el número de decesos colocó su sistema funerario al borde del colapso.
Algunas aldeas cuentan con puestos de salud rudimentarios, pero el coronavirus requiere «hospitales de campaña» porque «llegar a Manaos es muy difícil», explicó Samias. Esta adversidad se suma a la «incapacidad» de los centros de «pasar información» a los indígenas, no solo por la barrera idiomática sino también por la demora en la comunicación.
Desde Tabatinga basta con cruzar tan solo una calle para pasar a la población de Leticia, capital del Amazonas colombiano, donde el coronavirus ha afectado en 20 días a 418 personas de este departamento que carece de unidades de cuidados intensivos (UCI).
«Hay gente que no tiene para tomarse una pastilla para el dolor de cabeza o la fiebre. Si en Leticia no se ha respondido de manera eficiente, no me imagino las dificultades que hay en los corregimientos (caseríos)», responde el coordinador de la Comisión Técnica Indígena, Omar Cubeo.
Las alarmas también están encendidas en esa zona a la que solo se puede llegar navegando durante horas por caudalosos ríos o en avioneta. «Los médicos tampoco quieren ir a Leticia por la situación tan precaria, no tenemos cómo atender la emergencia», revela la comisionada nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas de la Macroamazonia, Nely Kuiro. 


Pruebas atrasadas

Hace ocho días, a Cubeo le practicaron en su casa una prueba de descarte de coronavirus, y desde entonces espera los resultados del examen sin que ninguna autoridad sanitaria vigile su caso.
«Nadie se ha acercado a evaluar mi caso», denuncia este líder indígena, que presenta notables síntomas. Las pruebas son enviadas a Bogotá en avión, pero, como los aeropuertos apenas operan, no se pueden mandar a diario.
La rápida propagación del virus es algo crítico para la Amazonía colombiana porque se trata de un departamento con una población pequeña, cercana a los 80.000 habitantes. También preocupa que todavía se permita el tránsito de embarcaciones desde Brasil, desde donde creen que se han importado gran parte de los contagios.
Al otro lado del río, en la orilla peruana, la región de Loreto, la más extensa de Perú, tiene más de 100.000 indígenas y es una de las más impactadas por la Covid-19. Por ello, la Asociación Interétnica de la Selva denunció al Estado ante la ONU por «peligro de etnocidio».
El coronavirus se ha ensañado particularmente con los ticunas, un pueblo cuyo territorio ancestral quedó partido entre los tres países. «Los que han fallecido tenían fiebre, tos y dificultad para respirar. La preocupación es grande porque en esta comunidad viven 3.000 personas», explica Francisco Hernández Cayetano, presidente de la Federación de Ticunas y Yaguas del Bajo Amazonas.
La sospecha es que se contagiaron cuando fueron a Santa Rosa, localidad ubicada en una isla en medio del río Amazonas frente a Leticia y Tabatinga, para cobrar en el banco el bono de 380 soles (unos 100 euros) que el Gobierno ha entregado durante la cuarentena a los hogares más vulnerables.
Las ayudas sociales se han vuelto a la vez una amenaza para la población indígena de Perú. Además de las colas en los bancos, otro potencial vector de la enfermedad es el reparto de alimentos básicos. Así ocurrió en Pucacuro, una comunidad cerca de la frontera de Perú con Ecuador, donde varios nativos han presentado síntomas de después que una comitiva hiciera el reparto con varios integrantes contagiados.
La comitiva llegó desde Iquitos, la capital de Loreto. La mayor ciudad de la Amazonía peruana es uno de los escenarios más trágicos del coronavirus en Perú, con sus dos hospitales colapsados. Varios pacientes han fallecido mientras esperaban sentados a ser atendidos.
Tras sentirse desamparados y considerar que sus ruegos a los Gobiernos nacionales caen en saco roto, los indígenas amazónicos han hecho una llamada de auxilio a la comunidad internacional para reunir ayuda económica y reivindicar sus derechos.
La COICA, que representa a los nativos de los nueve países de la cuenca, ha lanzado una campaña para reunir tres millones de euros para medicamentos, alimentos, protección y seguridad.
Apelar a la solidaridad internacional es el último recurso para los tres millones de indígenas que habitan la Amazonía, donde el coronavirus se une a las demás amenazas persistentes en la selva como la contaminación, la invasión de tierras y la tala ilegal.