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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Aniversario electoral

24/10/2022

Esta semana se cumplirá el cuadragésimo aniversario de la victoria socialista en las elecciones generales de 1982, anticipadas ante la descomposición de la UCD, que sustentaba un Gobierno débil presidido por Leopoldo Calvo Sotelo, sucesor de Adolfo Suárez, tras una dimisión aún con algunas incógnitas sin desvelar y con el recuerdo de que se padecía una situación insostenible con el terrorismo de ETA y la tendencia golpista de algunos jefes militares, a pesar de que había fracasado el intento del Golpe de Estado del 23-F del año anterior.
En un país cuyos ciudadanos tienden cada vez más a los bloques irreconciliables, diferencias que se han ido acentuando en cuatro décadas, habrá gran disparidad de opiniones de lo que supuso el paso de los Gobiernos de Felipe González, que se mantuvo en la Moncloa, durante 14 años -el líder que consiguió ganar con una amplia mayoría, lo que no se producía en el socialismo desde la II República -, pero como toda gestión pública se puede decir que tuvo sus luces y sus sombras, registrándose, en primer lugar, pese a partir de una crisis económica notable, una modernización de España en muchos ámbitos, un cambio de país, cuando hasta el momento se la conocía por las fotografías en blanco y negro.
Enumerar esta transformación lo puede hacer cualquiera que haya vivido o seguido este tiempo, en el que la derecha también ha tenido oportunidad de dirigir los destinos políticos del país, y su conclusión posiblemente sea positiva, en general, sin embargo el apasionamiento con que se vive el día a día alejará un análisis sosegado, aunque es palpable, por ejemplo, el final de la banda terrorista, con más de 800 asesinatos en 50 años, aún bajo mandato del dictador, y también ver cómo se ha desinflamado el procés en Cataluña. 
En un tiempo también en que la digitalización ha registrado cambios notables en el comportamiento ciudadano, incluso brechas sociales, siendo más sencillo hacer ruido que un debate tranquilo sobre ideas, lo que hoy es imposible porque se ha impuesto el odio y la intolerancia, no hay que pasar por alto la dependencia internacional de España, tanto a través de la Unión Europea, como en la OTAN. No hay más que comprobar las repercusiones de la guerra por la invasión de Rusia en Ucrania, pero habría que contemplar un panorama de aislamiento total -como el que practicó Franco- para saber cómo podría ir mejor a la población. 
Una democracia deseable se basaría en partidos sin mayorías absolutas, como las de González, donde impere la pluralidad de ideas y el consenso, pero ya conocemos lo que los dos partidos con más opción a gobernar tardan en pactar la renovación de los altos órganos judiciales, más de 1.000 días, lo cual es inconcebible. Es más, cuando siempre había acuerdo en dos temas cruciales como el terrorismo y la política internacional, hay quien va de acusica a Bruselas por si acaso desgasta a su oponente. Lo que queda patente es que se sigue sin aprender que el voto depende más del castigo que de una opción crítica y que los políticos piensan demasiado en clave electoral y menos en gestionar lo que interesa a los ciudadanos.