La gasolina del desarrollo

Carlos Cuesta (SPC)
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La entrada de capital extranjero en la economía nacional de enero a septiembre de 2022 superó los 30.584 millones de inversión, lo que permitió fortalecer grandes proyectos

La gasolina del desarrollo

Para que un país avance a buen ritmo y registre unas importantes tasas de crecimiento económico precisa de un flujo potente de capital que actúe como motor de desarrollo, capaz de generar actividad, riqueza y empleo, así como que sirva también para combatir la desigualdad social de sus ciudadanos.

La Secretaría de Estado de Comercio ha confirmado que la inversión extranjera contabilizó en España 30.584 millones de enero a septiembre de 2022, de los que más de la mitad, 20.846 millones, procedían de la UE. Además, en su informe explica que 22.847 millones de euros se destinaron a la financiación de actuaciones productivas que son las que realmente generan riqueza y empleo en el Producto Interior Bruto del país. El resto, se empleó para operaciones denominadas ETVE, que son entidades de tenencia de valores extranjeros que compran y venden títulos sin incidencia directa en la producción.

Los economistas valoran esta llegada de liquidez a España con un enorme optimismo puesto que, según sostienen, supone un crecimiento del 41,6% en inversión total, del 54,9% si se excluye la cifra de carácter estrictamente financiera, y del 31,2% la procedente de la zona euro.

Asimismo, subrayaron que esta entrada de capital mantuvo su nivel durante la pandemia e, incluso, llegó a intensificarse a finales de 2021, resistiendo durante 2022 a pesar a la guerra en Ucrania, la inflación, la inestabilidad política y la incertidumbre económica global.

La llegada de capitales del exterior a la economía es un indicador que actúa como el mejor termómetro de la marcha económica de un país y que pone en valor sus tasas de competitividad.

En este sentido, el Gobierno presentó a finales del pasado año la Ley de Fomento del Ecosistema de las Empresas Emergentes. Se trata de una estrategia dirigida a atraer más inversión extranjera en la que el objetivo central es facilitar la creación y desarrollo de empresas emergentes, atendiendo a características como el carácter innovador, la aportación de grandes capitales, la necesidad de talento altamente cualificado y la fuerte competitividad internacional.

La iniciativa del Ejecutivo ofrece, además, beneficios fiscales para los emprendedores, trabajadores e inversores que se impliquen en este proyecto que cuenta con una mayor reducción de trabas administrativas así como la facilitación de visados, flexibilidad en la gestión y en la aplicación de los principios mercantiles y concursales.

Uno de sus mayores atractivos es que reduce el tipo del Impuesto de Sociedades del actual 25% al 15%, durante un máximo de cuatro años, siempre que la sociedad mantenga la condición de empresa emergente, así como también el aumento de la deducción por inversión en organización de nueva o reciente creación, incrementando el tipo de deducción del 30% al 50% y aumentando la base máxima de 60.000 a 100.000 euros.

En esta línea Madrid, además de ser la autonomía española a la que más fondos extranjeros llegan, ha suprimido desde este mes de febrero los impuestos propios para que los emprendedores foráneos tengan un incentivo adicional y que puedan deducir el 20% de su inversión en la cuota autonómica del IRPF en todo tipo de activos. Así, el gabinete de Isabel Ayuso aseguró que «por cada 1.000 millones de euros de inversión del exterior se generarán casi 13.000 empleos».

Tecnológicas

Las compañías tecnológicas, las startups, los grupos inmobiliarios y las firmas dedicadas a la salud son las que mayor inversión extranjera acaparan en España y las que aportan un mayor grado de valor añadido en sus inversiones, puesto que son las que mayores tasas de crecimiento han experimentado en la última década y se espera que mantengan esta tendencia.

Los economistas señalan que si bien predominan en el país los inversores procedentes de estados vecinos, como el Reino Unido, Alemania o Francia y las naciones latinoamericanas, cada vez son más los que proceden de otras naciones como Rusia -hasta antes de la guerra con Ucrania-, China, los emiratos árabes, Qatar, Omán o, por ejemplo, Arabia Saudí.