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«Está muy bien descrito y enseguida te sientes identificado»

M.G.Z.
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El libro de mi vida (7): Adolfo García Sastre, virólogo | Morder una magdalena y emprender un viaje a la infancia a través del 'recuerdo proustiano' de la novela 'En busca del tiempo perdido'

El científico Adolfo García-Sastre, en la escultura del cráneo del Paseo de Atapuerca. - Foto: Valdivielso

Adolfo García-Sastre (Burgos, 1964), director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes en la Escuela de Medicina Icahn Mount Sinai en Nueva York, concibe la lectura como una vía de escape y una fuente de inspiración. «Los libros que más me gustan son los que te das cuenta que es distinto el libro según el que lo lee porque pones tus propias experiencias en el libro que estás leyendo y las conclusiones que sacas son distintas según el que lo lea», señala. Otras curiosidades lectoras del virólogo son su gusto por las obras clásicas, la lectura de libros en su idioma original y la especial valoración del estilo narrativo de las historias. «Tiene que estar muy bien escrita para llevarte a los sitios donde quieren llevarte de un modo especial usando el lenguaje», puntualiza. 

Hasta hace mucho tiempo, el título favorito del profesor en los Departamentos de Microbiología y Medicina había sido Cumbres Borrascosas (1847), de Emily Brontë. Sin embargo, hace seis años el burgalés comenzó a leer A la búsqueda del tiempo perdido o también traducida como En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, (actividad a la que le dedicó dos años) y pronto se convirtió en su predilecto. «Un compañero durante mucho tiempo. Me parece una obra maestra, es la sensación que tienes cuando lees y te gusta lo que estás leyendo y quieres estar en ello», comenta.

La obra se compone de siete títulos publicados entre 1913 y 1927: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva y El tiempo recobrado. García-Sastre destaca, entre otros aspectos, la calidad literaria y la sensibilidad en el tratamiento a lo largo de las casi cuatro mil páginas que componen las publicaciones: «Es una lectura lenta y pausada. Lees dos páginas y piensas sobre ello. Te transporta a un sitio muy personal», apunta. En suma, la pieza de Proust sitúa como sus principales elementos diferenciadores la conciencia del narrador y el minucioso retrato e introspección de los personajes y ambientes. «No es un libro de acción, misterio o aventura; es un libro que va sobre la vida de una persona: lo que piensa esa persona durante toda su vida, con qué personas se encuentra, de diálogos, descripciones de sitios... Es un libro sobre la vida. Donde no pasa nada», resume el investigador. De esta forma, ese carácter lento y reposado así como su extensión, pueden, en ocasiones, constituir factores que a primeras condicionen el inicio de la lectura. «Es muy difícil recomendar este libro. No conozco hasta ahora a nadie que se lo haya leído. Es un libro especial también por eso», señala.

Por último, mencionar que la pieza reconocida por múltiples personalidades como una de las obras cumbres de la literatura francesa del siglo XX es también popularmente conocida por uno de sus pasajes más célebres: ‘La magdalena de Proust’. Este episodio hace alusión al fenómeno del recuerdo involuntario; de cómo una canción, aroma o sabor es capaz de evocar emociones, recuerdos y sentimientos de un instante del pasado: «Es morder la magdalena y acordarse de tu infancia. De repente hace que se acuerde de su abuela, de las magdalenas que se tomaba, el sitio; lo recuerda todo. Está muy bien descrito y enseguida te sientes identificado», matiza García-Sastre.

ARCHIVADO EN: Burgos, Nueva York, Libros