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«Había que hacer algo para tener un oficio»

B.G.R.
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José Luis Ortiz dejó los estudios con 18 años para trabajar. Los retomó dos décadas más tarde tras el incendio de Campofrío

Ortiz posa en la Universidad Isabel, donde estudiará la carrera. - Foto: Luis López Araico

Comenzó a trabajar cuando sus amigos empezaban la carrera. Fue el primero en manejar dinero y comprarse un coche. Tenía 18 años y decidió dejar de lado el entonces Curso de Orientación Universitaria (COU), a falta de cuatro asignaturas para aprobar, para entrar en el mundo laboral. Primero lo hizo como mecánico en un taller y después como camarero hasta que fue contratado por la multinacional Campofrío, donde continúa en la actualidad en el departamento de producción.

La historia de José Luis no tendría nada de particular si no fuera porque aquella decisión juvenil de abandonar los estudios siempre le ha acompañado. La tomó porque no se consideraba un «buen estudiante» y estaba convencido de que los libros «no eran lo mío». Sin embargo, la espinita seguía clavada y se acrecentaba al tiempo que vivía cómo sus amigos terminaban sus estudios superiores: «Veía que evolucionaban más y más rápido que yo».

Las preguntas se repetían en su cabeza; ¿por qué lo deje?, ¿por qué no fui capaz?, ¿yo también puedo?... Hasta que un día decidió matricularse en el Bachillerato nocturno del instituto Cardenal López de Mendoza. Ese primer intento no resultó del todo exitoso. Compaginar trabajo y enseñanzas requería de un esfuerzo extra. «No me lo tomé muy en serio», afirma, volviendo a acarrear aquellas cuatro asignaturas.

 Todo cambió el 16 de noviembre de 2014, el día que se incendió la fábrica de Campofrío. Relata que al conocer la noticia le dio un «vuelco al corazón» y también a la vida  porque en aquellos primeros momentos no sabía lo que iba a pasar con su futuro. Estuvo dos años en Expediente de Regulación de Empleo (ERTE) hasta se reincorporó a la firma cárnica. Un tiempo que no dudó en aprovechar al máximo y el que decidió «que me tenía que especializar en algo para tener un oficio por lo que pudiera llegar a pasar».

Volvió al Mendoza y terminó Bachillerato gracias en parte al apoyo recibido por uno de sus profesores. Después se matriculó en el ciclo de FP de grado superior de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma del colegio Santa María la Nueva y San José Artesano, donde cursó el primer año, coincidiendo con su regreso al mercado laboral. Campofrío le facilitó la adaptación de turnos para poder acudir a clase, si bien optó por terminar los estudios a través de internet, cursando más tarde otro ciclo sobre Desarrollo de Aplicaciones Web. Solo le falta presentar el trabajo final, que se ha propuesto acabar este verano.

La familia profesional elegida responde a su inquietud por el mundo de la informática. Estudiante de Ciencias, ve en este ámbito el futuro en todos los campos laborales, sobre todo en la industria 4.0. Por eso y tras haber retomado el hábito de hincar los codos, ha decidido matricularse en el grado de esta disciplina que imparte la Universidad Isabel I, atraído por las facilidades de la formación en modalidad online y por  el hecho de que ofertatambién un máster en Ciberseguridad, que tampoco dudará  en realizar.

A sus 46 años está emocionado  con empezar la carrera en septiembre. Un punto al que nunca esperaba que iba a llegar. «Pensé que me iba a quedar como estaba», asegura, no sin reconocer que el camino no ha sido fácil porque requiere de «mucho trabajo y esfuerzo». Sin embargo, su satisfacción es «máxima» porque «me he visto capaz de conseguirlo» y, además de los conocimientos teóricos, ha ganado también en confianza y seguridad. Con esa misma ilusión afronta su nueva etapa, sin olvidarse del respaldo que en todo este trayecto ha tenido de su familia. «Tengo que terminarla para sentirme bien conmigo mismo», destaca con la esperanza de que, una vez concluidos los estudios, pueda progresar en el trabajo que desarrolla en Campofrío.