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El fruto de 40 vendimias

I.M.L.
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La DO Ribera del Duero cumple cuatro décadas con cifras de venta y producción inimaginables para los pioneros de esta zona de calidad

Manuel Pérez Pascuas, junto a su familia, apostó desde el minuto cero por esta denominación de origen, haciendo caso a su padre. - Foto: Valdivielso

Estación del Metro de Retiro de Madrid, a 180 kilómetros del epicentro de la Ribera del Duero, allí se constituyó oficialmente la denominación de origen de esta tierra de tradición y calidad vitivinícola, con el acto de la firma de su primer reglamento. Era el 21 de julio de 1982, del que ahora se cumple su 40 aniversario. Quienes tiraron entonces del carro para sacar adelante esa figura de calidad, la primera de la región en el ámbito del vino, no podían imaginar que en cuatro décadas los números y las opiniones les iban a dar la razón, con creces.

En los albores de la DO Ribera del Duero, cinco bodegueros sumaron fuerzas a cuatro cooperativas. Los visionarios fueron Ismael Arroyo (Bodegas Ismael Arroyo), Pablo Peñalba y Pilar Pérez de Albéniz (Bodegas Peñalba López), Víctor Balbás (Bodegas Balbás), Anastasio García (Bodegas García de Aranda), los hermanos Pérez Pascuas (Viña Pedrosa), y los responsables de las cooperativas Santa Eulalia de Roa, hoy reconvertida en bodega comercial, Rauda; Virgen de la Asunción de La Horra, Tierra Aranda, y la entonces cooperativa Protos de Peñafiel. Eso hacen nueve sociedades, que con el paso de los años y el buen saber hacer se han multiplicado hasta superar ya las 310 elaboradoras.

En la primera vendimia se rozaron los 9,5 millones de kilos de uva, muy lejos de las actuales cifras, que en la última cosecha alcanzó los 110 millones, gracias al buen saber hacer de los viticultores y de las más de 25.000 hectáreas de viñedo repartidas en la zona amparada por la DO Ribera del Duero. Un aumento que se ha traducido también en el mercado. En aquel año inicial se vistieron con la contraetiqueta identificativa 561.982 botellas, que fueron una gota en el mercado si las comparamos con los más de 100 millones de botellas que se contraetiquetaron en 2021.

El actual presidente de la DO Ribera del Duero, Enrique Pascual, en la sede del Consejo Regulador, ubicada en Roa de Duero.El actual presidente de la DO Ribera del Duero, Enrique Pascual, en la sede del Consejo Regulador, ubicada en Roa de Duero. - Foto: Valdivielso

Unos datos que siguen creciendo y que aún tienen mucho margen para aumentar, pero que no podrían celebrarse en este 40 aniversario si no fuese por todos los hombres y mujeres que componen la historia de la DO Ribera del Duero, incluso antes de su creación, y por aquellos que se han ido sumando a este proyecto, ya consolidado, que aprovecha lo mejor de esta tierra para extraerle su sabor y constituirse como uno de los sectores económicos clave para la comarca.

Manuel Pérez Pascuas | Bodeguero

«A los 4 años se logró parar el arranque de las viñas»

La apuesta por el vino en la Ribera del Duero se cimentó en la ilusión de un pequeño pero convencido grupo de visionarios, entre los que estaban los hermanos Pérez Pascuas. «Mi padre no nos dejó emigrar y estaba convencido que el mundo del vino volvería porque es cultura, y ahora estará contento porque algo de caso le hicimos», reconoce Manuel Pérez Pascuas. Echando la vista atrás, reconoce que «las cooperativas eran las que tenían la materia prima, sin ellas no podíamos haber hecho nada» para dar los primeros pasos en la creación de la DO Ribera del Duero.

Eduardo Izquierdo es el miembro más joven del pleno del Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero y un viticultor convencido. Eduardo Izquierdo es el miembro más joven del pleno del Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero y un viticultor convencido. - Foto: Valdivielso

El panorama en el ámbito del viñedo era muy poco alentador. «Aquí se arrancaban mil hectáreas por año, llegaron a haber 28.000 hectáreas, pero cuando se constituye la DO no llegábamos a las 8.000», hace memoria. Una tendencia que se revertió rápidamente por la creación de esta zona de calidad y por los vaivenes del mercado. «En el año 80 nosotros compramos las uvas a 8 pesetas el kilo y en el 84, como había falta de materia prima por una helada, se puso a 400 pesetas. Eso hizo que se paralizase el arranque del viñedo», explica con la perspectiva que le da el tiempo y la experiencia.

La labor de profetas en su tierra fue ardua, porque en el ámbito agrícola de hace cuatro décadas se les miraba como a un grupo de locos. «Aquí la gente no entendía que plantásemos viñas cuando ellos las querían arrancar, después de muchos años han vuelto a plantarlas, lo que ha supuesto que haya un potencial grande, porque sin materia prima no se puede hacer nada», no deja de enfatizar, recordando que aquí la uva es «la mejor materia prima de Europa», citando a Gabriel Yravedra, presidente honorario de la Organización Internacional del Vino.

La producción traía aparejada la venta de los Ribera del Duero, que no fue fácil ni siquiera en territorios cercanos. «Antes ibas a Burgos y no había Ribera, costó entrar porque Rioja nos llevaba mucha ventaja», rememora Manuel Pérez Pascuas, sin olvidar aquellos primeros viajes al extranjero para dar a conocer los vinos de esta DO. «Cuando salíamos entonces, no sabíamos inglés, ni teníamos teléfono móvil ni tarjeta visa. Pero la exportación siempre ha sido muy interesante», asegura. Tanto que la promoción fuera de nuestras fronteras también ayudó a que la Ribera del Duero haya llegado donde hoy está en el sector. «Parece que cuando nos empezaron a valorar en los mercados extranjeros es cuando nos empezaron a tener en cuenta aquí», valora manteniendo intacta la ilusión de hace 40 años.

Enrique Pascual  Presidente del Consejo Regulador

«Calidad en la viña y en bodega es la mentalidad»

Nacido en una «familia de viticultores y de gente amante del vino de toda la vida», el actual presidente de la DO Ribera del Duero, Enrique Pascual, evoca el año de su creación por otro motivo de feliz recuerdo para él. «Hace 40 años estaba celebrando la quintada de mi pueblo, era quinto ese año y tenemos un buen recuerdo porque lo pasamos muy bien», hace memoria.

Por aquel entonces, él relata que su padre estaba preocupado por la situación de ese sector tradicional en la zona. «Mi padre era un apasionado de la viña y del vino, a él le daba pena porque cada año era peor, eran años de decadencia, y temía que se fuese a perder todo porque era insostenible el cultivo de la vid», una tendencia que se revirtió en pocos años y a la que se sumó su familia. «Cuatro años más tarde de la creación de la DO nos incorporamos como bodegueros embotelladores, somos la bodega número 18 inscrita», especifica Pascual.

Desde su experiencia al presidir el pleno del Consejo Regulador, este bodeguero de Fuentelcésped conoce al dedillo el camino recorrido para llegar hasta el día de hoy. «Era inimaginable el crecimiento y la evolución que ha tenido la Ribera del Duero, lo crearon unos entusiastas, luego nos fuimos sumando gente, pero no se pensaba llegar a este nivel, con estos estándares de calidad que tenemos actualmente y el reconocimiento en el mercado, porque creo que tenemos muchas razones para que nos reconozcan», presume Pascual. 

Y la base de todo ello, de las cifras que actualmente definen esta denominación de origen, es algo por lo que se ha luchado desde su creación: La calidad. «Se han hecho las cosas muy bien, en la viticultura y en la bodega, hay esa mentalidad, está interiorizado el trabajar bien y no se nos puede olvidar que, si seguimos en esa línea, tenemos un futuro muy importante de crecimiento», anima Enrique Pascual a todo el sector ribereño.

Y si la uva es buena, y con ella se elaboran buenos vinos, el siguiente paso es vender el resultado, aquí y allá. «En el mercado nacional estamos ya muy acreditados, se nos reconoce aunque aún hay posibilidades para crecer» mientras que «en exportación queda casi todo por hacer, estamos en un 18% de exportación, donde vamos nos reconocen la calidad de nuestros vinos pero falta mucha gente que lo reconozca», analiza la presencia de esta DO su presidente en el mercado.

Y, como no hay celebración que se precie sin brindis, Pascual alza su copa «por el pasado, que sigue a nuestro lado, y por la salud para brindar por otros 40 años, de uno en uno».

Eduardo Izquierdo  Viticultor

«Ribera es calidad, y calidad es Ribera»

Con cinco años menos que la DO Ribera del Duero, Eduardo Izquierdo es el miembro más joven de su Consejo Regulador. Está inmerso en el cuidado de sus viñas por séptima campaña, después de que en 2016 se hiciese cargo de las 8,5 hectáreas de su familia, dejando de lado sus título de aparejador, y ha doblado ya su superficie de cultivo.

En los meses que lleva ejerciendo como vocal del plenario ha podido comprobar todo el trabajo que hay detrás de una contraetiqueta de esta DO. «En el pleno estamos teniendo tres reuniones cada dos meses porque hay mucho trabajo en reglamento, normas de vendimia, procesos de certificación, que se va moviendo continuamente, es un documento vivo y hay que adaptarse bastante», apunta Izquierdo.

Más allá de esas reuniones, en los despachos, en las bodegas y en el viñedo, este joven viticultor remarca que toda la labor se rige por una misma norma. «Al final, Ribera es calidad y calidad es Ribera, y todo lo que se salga de ahí no vale. Tenemos una marca de prestigio y queremos conseguir que se mantenga, y eso se hace primando la calidad ante todo», afirma con rotundidad. 

Eso se traduce en el campo en algunas tendencias para seguir haciendo del cultivo de la viña un negocio satisfactorio. «Es una forma de vida y tenemos que buscar que sea viable económicamente, a partir de ahí, todos buscamos la calidad desde la viña, con plantas que den menos trabajo, clones más exquisitos, y cada vez está entrando más el tema ecológico para respetar el medio ambiente», analiza Izquierdo lo que se mueve hoy en día en el campo de la Ribera del Duero.

Eso sí, lanza un aviso para navegantes para conseguir un equilibrio sostenible en este sector. «El futuro está asegurado si controlamos un poco el aumento de superficie de cultivo, tenemos que crecer pero ordenadamente, de nada nos vale que venga un gran grupo de inversión que plante más de 100 hectáreas en un año o dos, porque eso iría en contra de la lucha por la calidad», defiende con convencimiento.

Como viticultor, confiesa que se siente orgulloso de lo que se ha logrado en estos 40 años con las uvas de esta zona de calidad, con la intención de seguir las huellas de los que le precedieron en el cultivo de las cepas, para poder seguir disfrutando al descorchar una botella de Ribera del Duero, aquí o donde sea. «Si sales por ahí, te encuentras vinos de Ribera del Duero en el mundo entero, y eso gusta, entrar a un restaurante y ver vinos de bodegas a las que, incluso, llevo yo uva, es reconfortante», reconoce.