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El agua que baña la historia

JUNIOR VIEIRA
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Los desbordamientos del río se repiten a lo largo de los años. Han destruido puentes, inundado campos y cosechas y anegado comercios. Los mirandeses esperan que llegue el momento en el que deje de suceder

En el año 2015, las aguas del Ebro abandonaron nuevamente su caudal y llegaron a varias calles como Condado de Treviño o Ronda del Ferrocarril. Decenas de vecinos prestaron su ayuda a los comercios para retirar pertenencias. - Foto: DB

Miranda de Ebro debe mucho al río, tanto que le da apellido al propio municipio. Cuando se habla de la ciudad se escuchan palabras como ferrocarril o fútbol, pero también riadas. Los desbordamientos del Ebro llevan afectando a los mirandeses desde hace siglos y por delante se han llevado cosechas, comercios y hasta el propio puente de la ciudad. La preocupación que ronda la cabeza  de los habitantes de la ciudad cuando se avecina época de lluvias es  algo imperecedero  y que viene de largo. 

El historiador Ramón Ojeda San Miguel publicó en el año 1991 un artículo sobre las grandes riadas que ocurrieron en Miranda en los siglos 18 y 19. La ciudad era completamente distinta a la que conocemos ahora al hablar de número de habitantes, edificios o estilos de vida. La ciudad vivía de su privilegiada localización, especialmente del puente romano que la cruzaba, el cuál actuaba como paso de la meseta castellana a las provincias vascongadas. 

Entre el 19 y 21 de junio de 1775 se produjo una de las mayores riadas de la que se tienen datos en Miranda de Ebro. El agua destrozó los murallones que protegían el lateral de puente y lo dejó prácticamente inhabilitado. Otro de los edificios que se vio afectado fue la Casa del Ayuntamiento que por entonces se encontraba en la calle Federico Keller, justo al lado de la ribera del río. Además, destrozó casas, mobiliario urbano y cosechas. En la población cundió el pánico y muchos se fueron a refugiar al castillo de la ciudad o al antiguo monasterio de San Francisco, hoy iglesia de los Sagrados Corazones. Las consecuencias fueron muy graves para el desarrollo económico y social. Los mercados semanales y las ferias anuales se dejaron de hacer, las comunicaciones hacia Francia quedaron cortadas y se dejó de recibir el dinero que se exigía para el paso del puente. En 1780, y tras unas obras que se alargaron más de lo debido, se inauguró el nuevo y presente puente, el de Carlos III. 

Estos hechos que cuenta San Miguel son de hace 3 siglos, pero muchos se ven reflejados en el presente, como el destrozo de cosechas o comercios. En especial aquellos que se encuentran en las calles próximas a la ribera del río. 

En el año 1978 se produjo otra de las inundaciones que anegaron buena parte de la ciudad, tal y como informan los periódicos de la época. Primero en el mes de enero cuando el río afectó a la calle Bilbao, lo que complicó la entrada a la ciudad por la carretera Madrid-Irún. El centro también se vio afectado al quedar inundada parte de la calle Arenal. Numerosas casas de la calle San Juan y San Nicolás también se vieron afectadas. Solo un mes después, aunque con menos virulencia, el deshielo y las fuertes precipitaciones volvieron a inundar calles, sótanos y accesos en las calles Bilbao y Arenal. 

Estas inundaciones parecían un aviso de la terrible riada que asoló Miranda de Ebro en diciembre de 1980. El aumento de precipitaciones junto a las altas temperaturas provocaron que el río llegara a alcanzar un caudal de 1790 metros cúbicos a su paso por la ciudad, cuando lo normal es de 300 o 400 y superando todos los registros desde 1912.  Los daños superaron todas las previsiones y la riada afectó a comercios, almacenes o vehículos estacionados en la calle. Gran parte de la población se quedó sin luz, lo que provocó que fábricas que dependían de ella, como Montefibre, tuvieran que cesar su actividad durante esos días. El ocio también se vio afectado y cines como el Novedades o el Cinema tuvieron que cerrar sus puertas. Además,  el agua  llegó a anegar instalaciones deportivas como el Estadio Municipal de Anduva o el Polideportivo. El Ayuntamiento cifró los daños causados por la riada en 170 millones de pesetas, lo que equivale a más de 1 millón de euros. 

Como una vuelta al pasado, la historia se volvió a repetir en febrero de 2003. El Ebro volvía a desbordarse en su paso por Miranda e inundaba comercios, calles, cosechas y casas próximas a la ribera del río. El caudal llegó a superar los 1500 metros cúbicos por segundo. A los desperfectos provocados por la entrada del caudal en la ciudad, se le sumó el desalojamiento de treinta familias de sus casas y el corte del suministro eléctrico que provocó el apagón para alrededor de dos mil cien abonados. Las actividades escolares de varios colegios tuvieron que ser canceladas y el Centro de Salud de Miranda Oeste vio afectado su desarrollo. La cantidad estimada para la reparación de los daños fue de 314.242 euros.

Tuvieron que pasar 12 años para vivir otro de los grandes desbordamientos del río Ebro. En el año 2015 el caudal alcanzó 1.410 metros cúbicos por segundo y una altura de 6,94 metros, el tercer mayor registro hasta la fecha. Calles como Independencia, Arenal o Condado de Treviño quedaron inundadas. Las imágenes de comerciantes intentando sacar lo que podían de sus tiendas, vecinos tratando de tapiar la entrada a sus viviendas o el caos  en el que se convirtió la circulación por el centro de la ciudad fueron algunas de las imágenes que quedan en la retina sobre estas inundaciones. Como anécdota quedará el partido disputado entre Mirandés y Racing de Santander bajo una enorme nevada y con muchas partes de la ciudad inundadas. A pesar de barajarse la suspensión, finalmente se jugó el partido. 

Este pasado 2021 el Ebro volvió a amenazar la ciudad. El aumento de las lluvias y el deshielo en las montañas provocaron que el caudal del río alcanzara los 958 metros cúbicos y los 6,47 metros de altura. Números lejos de los registrados en años anteriores, pero que, no obstante, volvieron a poner en jaque varias zonas de la localidad. El 30 de noviembre el río ya daba un pequeño aviso de lo que iba a llegar veinte días después y alcanzó los 5,69 metros de altura. Entonces, calles como la Ronda de Ferrocarril, Bilbao o Independencia quedaron en buena parte inundadas. También comercios y viviendas muy próximas al río. Cuando parecía que la tormenta había pasado, el Ebro volvió a crecer el 10 de diciembre y esta vez con más fuerza. Las previsiones iniciales de la Confederación Hidrográfica del Ebro se quedaron cortas y se suspendieron clases en colegios como el Sagrados Corazones o Anduva. Los juzgados fueron desalojados y el centro de salud Miranda Oeste tuvo que cerrar, así como, el Polideportivo al encontrarse tan cerca del propio Ebro y del Bayas. 

A lo largo de los años, la ciudad ha cambiado y, con ella, sus comercios y paisajes. Lo que toma una dimensión atemporal son las inundaciones. Las crecidas que han sacudido la ciudad en multitud de ocasiones y se espera que no lo hagan hasta dentro de mucho. O que, tal vez, dejen de hacerlo algún día.