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Un trocito de la Provenza en el valle del Arlanza

B.A.
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Los campos de lavanda de localidades como Mecerreyes lucen en todo su esplendor y se han convertido en una baza más para atraer visitantes. Su violeta intenso comienza a apagarse con la llegada de agosto

En Mecerreyes se cultivan unas 16 hectáreas de lavanda. - Foto: Christian Castrillo

Su inconfundible color violeta intenso se funde con el marrón del suelo que le acoge, con el ocre del cereal que le rodea, con el verde de los árboles y con el azul del cielo. Juntos forman una gama cromática perfecta para el disfrute, perfecta para la foto. Los campos de lavanda de Mecerreyes, y de otras localidades del valle del Arlanza como Castrillo Solarana o Villoviado, están estos días en su máximo esplendor y se han convertido en un reclamo turístico más. El boca a boca de nuestros días, que no es otro que las redes sociales, ha propiciado que quien ve una imagen de las flores violetas perfectamente alineadas en los diferentes surcos quiera tener la suya propia con ese efímero marco de fondo.

La lavanda mostrará su máxima belleza aproximadamente hasta que acabe el mes. Con la llegada de agosto su intensidad va bajando de tono, degradándose, hasta que poco a poco se va secando y comenzará a ser cosechada, unas labores que se extienden durante todo el mes de agosto en función de la evolución de las plantas de cada una de las fincas. «Esos días nos perfuman todo el pueblo. Cuando pasan con los camiones en los que llevan recogidas las flores huele muy bien», comenta José González, de la Asociación Cultural de Mecerreyes, que reconoce que no han hecho una promoción especial de este fenómeno natural, pero que las nuevas tecnologías les han ayudado y han arrastrado hasta la localidad a personas interesadas en capturar este espectáculo del campo, al que se suma el singular olor y el zumbido incesante de las abejas.

Hay quienes solo buscan un selfi y un puñado de likes, pero hay otros que se toman las fotografías más en serio. «Hemos visto sesiones de fotos en plan más profesional, incluso de las de recuerdo de comunión, y han venido fotógrafos ya con cierto prestigio que se han pasado toda la noche entre los campos de lavanda para capturar las flores bajo la presencia de la vía láctea. Traen ya la orientación estudiada y saben desde qué finca quieren tomar la imagen », cuenta Benito Mambrillas, también de la asociación, que recuerda que hasta alguna autocaravana ha hecho noche junto a los campos, seguro que para disfrutar de los primeros rayos de sol sobre las olorosas plantas.
(El reportaje completo, en la edición impresa)