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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Girasoles

09/03/2022

Desde que la vi por vez primera se convirtió para mí, igual que en su día para la generación del 68, en un icono para la paz. Se trata de una fotografía en blanco y negro de Marc Riboud, disparada en Washington en octubre de 1967, que retrata a una joven mujer frente a los fusiles de los soldados de la Guardia Nacional con una margarita en la mano, en una protesta contra la guerra de Vietnam.

Han pasado más de cincuenta años y otras tantas guerras y, en esta ocasión, ha sido el vídeo de otra mujer entregando a un soldado ruso semillas de girasol para que florezcan sobre su cadáver si muere en tierra ucraniana, la imagen que mejor representa el drama de la guerra en Ucrania, de nuevo, con una flor como escudo civil contra la barbarie.

El girasol es la flor nacional de Ucrania, de hecho, el país es el principal productor de aceite de girasol, cuyo consumo se extendió cuando esta semilla llegó a Europa desde América y liberó a los habitantes de la prohibición que impedía utilizar la mantequilla en la cocina durante la cuaresma. Y, en estos días, se convertirá también, seguramente, en un símbolo de paz para toda Europa.

Pocos conflictos como el de la invasión de Rusia a Ucrania han definido tan velozmente el bando de los buenos y de los malos, con una comunidad occidental que, además de declarar firmemente su NO a la Guerra, no ha titubeado ante la defensa firme de los derechos humanos y los valores que encarnan las democracias europeas, poniendo en evidencia a Salvinis, Zemmoures y Abascales que hasta hace poco tiempo tenían en Vladimir Putin un mesías ideológico y a Maduros, Díaz-Caneles y Ortegas, que lo mantienen como salvador económico. 

Aplaudo por ello. Y lo hago con la misma intensidad que con motivo de otras guerras pataleé porque una Europa de vergüenza daba la espalda a los refugiados, pagaba a terceros países para que hicieran de muro de contención de hombres, mujeres y niños que huían de las bombas y las balas e interrumpía los Acuerdos de Schengen para que ninguno de ellos pudiera recuperar una vida en paz como a la que cualquier ciudadano del planeta debería tener derecho por su mera condición de ser humano.
Sin duda, me siento orgullosa de la Europa de los girasoles, la cual ya ha logrado una victoria ante la que, tarde o temprano, Rusia habrá de rendirse.