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Juan Maiques

Plaza Mayor

Juan Maiques


Miserias de la vida misma

04/03/2022

Es cierto que la guerra de Ucrania ha desplazado hasta el minuto 27 de los telediarios el casi seguro relevo en el liderazgo en el PP por parte de Alberto Núñez Feijóo. Sorprendió ver en su día cómo los que hacían reverencias a Pablo Casado no tardaban en apuñalarle y en estos días vemos que la película no termina aquí ya que quienes aspiran a seguir manteniendo el cargo público se apresuran a buscar una foto suya con el gallego para demostrar, vaya a saber usted a quién, la buena relación que tienen con el presidente de la Xunta. No han sido ni uno ni dos.

Sobra decir que el relevo en el PP, ante semejante lluvia de cuchillos, se había convertido en absolutamente necesario. Casado pudo aprender ese día que en la política solo tenía dos o tres amigos y al menos se lleva esa ganancia. No es poco.

Husmear en la vida y milagros de la líder del PP mejor valorada le salió muy caro y pronto le enseñaron sus compañeros que se le cerraba la puerta a aquello que hizo Sánchez en su día de coger el coche en busca del apoyo del afiliado de base. Silencio mientras el muerto estaba vivo y ensañamiento cuando agonizaba. Miseria.

Esos días, los ciudadanos pudieron ver las miserias de la política, que no son otras que las de la vida misma. Lo que le pasó a Casado se da en los grupos de 'amigos', en el trabajo, en las asociaciones vecinales... Si ya hay un cargo político en juego, ni te cuento.

La dignidad, está visto, tiene un precio y los valores se pierden. Y por mucho que se traten de cerrar filas, el ciudadano no es ajeno a esas traiciones. Es verdad que la memoria es frágil y puede que Feijóo sea algún día presidente de España. Pero, de momento, lo único seguro es que tiene una difícil tarea por delante. Otros, mientras tanto, se frotan las manos. Así es la vida.