Solo 3 de cada 10 autónomos son mujeres y con más de 40 años

G.Arce
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El comercio y los servicios sanitarios, educativos, legales o financieros disparan la presencia femenina en el trabajo por cuenta propia, pese a la «carrera de obstáculos» que supone

Solo 3 de cada 10 autónomos son mujeres y con más de 40 años - Foto: Patricia González

En el mercado laboral burgalés poco a poco se va equilibrando el número de hombres con respecto al de mujeres (aunque aún no las condiciones salariales ni las carreras profesionales entre sexos). Hoy, de cada 10 trabajadores ocupados en la provincia 4 son mujeres, proporción que no existe entre los autónomos, donde la cifra de féminas se reduce a 3 de cada 10 trabajadores por cuenta propia.

Traducido a cifras absolutas, en Burgos hay operativas 9.386 autónomas frente a los 17.486 autónomos, según los datos que maneja la Junta de Castilla y León al finalizar el cuarto trimestre de 2019. La mayoría trabajan en el comercio al por menor, aunque en los últimos años ha habido un desembarco muy importante de emprendedoras en ámbitos como el de los servicios profesionales en sanidad, educación, abogacía o finanzas, entre otros, así como en actividades científicas y técnicas.

Llama la atención que el 78% de las autónomas tengan más de 40 años y que su presencia en el mercado laboral sea casi testimonial hasta los 25 años. Mientras los hombres se animan más a emprender, ellas copan las aulas de las escuelas y universidades o apuestan por empleos por cuenta ajena más cómodos para conciliar la vida profesional y familiar. Se ven influenciadas por la falta de cultura emprendedora que ha caracterizado a su sexo históricamente «que nos hace pensar que vamos a tener más estabilidad con un trabajo por cuenta ajena que emprendiendo».

Y es que, tal y como explica Candelaria Carrera, responsable del Área de la Mujer de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), ser mujer en el ámbito del empleo por cuenta propia es una «carrera de obstáculos» que empieza por la «falta de apoyos en los entornos más cercanos (los familiares) para dar este salto, lo que provoca que muchas buenas ideas no se conviertan en buenos negocios».

A la falta de cultura se suma la falta de dinero, de financiación. «Hay estudios que aseguran que la mujer emprende con un 50% menos de capital que el hombre y esto evidencia que se siguen manteniendo los estereotipos de género en la concesión de los préstamos». Así, de partida, un negocio femenino nace limitado en aspectos clave como las inversiones en publicidad, marketing o la tecnología, entre otras herramientas.

Pero el caballo de batalla de la autónoma es si decide ser madre o tiene personas a su cargo, la conciliación de la vida laboral y familiar. Carrera denuncia en este sentido la falta de medidas que faciliten la conciliación y el «olvido del coste personal y económico que supone para el sistema el cierre de cientos de negocios sin una causa empresarial que lo justifique. Cierran porque es imposible para la mujer gestionar su tiempo».

Hay un último factor que condiciona a la autónoma: la jubilación. «Las pensiones de las mujeres son un 28% más bajas que las de los varones por los motivos antes expuestos, lo que les lleva a cotizar por la base mínima».

 

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