Una locura kilométrica de Joel Aubeso

ÁLVAR ORTEGA
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Joel Aubeso ha vuelto a participar en The Speed Project, una irreverente carrera que une Los Ángeles con Las Vegas. Este año, cada equipo ha recorrido en su propio país la máxima distancia posible en un margen de 31 horas y 15 minutos

Cada equipo ha participado desde su propio país.

The Speed Project es una cita que surgió hace algo más de cinco años en Estados Unidos, y que tiene su mayor aliciente en la ausencia de directrices para recorrer la distancia que une Los Ángeles y Las Vegas. Una caravana, equipos mixtos de seis corredores preparados para vaciarse por completo, y libertad total a la hora de escoger tu propia táctica de relevos. Todas las líneas iniciales de esta carrera rompen de manera radical con la cotidianidad presente en eventos de atletismo, y es precisamente ese punto lo que la hace tan especial, rebelde e interesante.
Ya el año pasado el burgalés Joel Aubeso formó parte del equipo de Nike llamado Very Wild Pigeons, un conjunto mixto de corredores formado por atletas de Barcelona -con Marcel Batllé como organizador y líder- y corredores de montaña. Tras una invitación por parte de la propia organización -es la única manera de poder participar en este exclusivo evento- se embarcaron en una de las empresas más atractivas de este mundillo, pero también una de las más exigentes de un físico que te debe responder durante más de 31 horas. «Una auténtica machada», afirma Aubeso.
En marzo el equipo estaba ultimando los detalles de su nueva aventura antes de viajar a territorio ‘yankee’, sin embargo, la pandemia mundial impidió que pudieran cruzar el Océano Atlántico dos días antes de que zarpara su vuelo. Se esfumaba la oportunidad de repetir tan apetitosa aventura.
Meses después, al fin llegaban buenas noticias. The Speed Project publicaba nuevas fechas para el evento. La carrera se retrasaba a septiembre. Eso sí, la pandemia mundial obligaba a modificar muchas cosas. El principal cambio era que cada equipo tendría que participar desde su propio país y con el recorrido que le viniera en gana para intentar hacer los máximos kilómetros en 31 horas y 15 minutos -tiempo fijado en la pasada edición por el equipo ganador en los 550 kilómetros que unen Los Angeles y Las Vegas-. Con esta premisa, 220 equipos de más de 20 países distintos se apuntaron a un reto que en años anteriores había tenido en las listas a 40 candidatos. Solo desde nuestro país se apuntaron 15 equipos, entre los que, por supuesto, se encontraba Very Wild Pigeons.
Raúl Fernández, Marta Pérez, Julia Font -única que no había participado en la anterior edición-, Rafa Zugasti, Marcel Batllé y el propio Joel Aubeso trazaron un nuevo plan para mitigar la decepción causada por no poder correr en tierras norteamericanas. Algunos equipos decidieron realizar su recorrido en pistas de atletismo para facilitar la experiencia y obtener mejor resultado, sin embargo, el conjunto de Nike marchó a Barcelona, y desde estación de esquí de La Masella hasta el puerto de la ciudad condal trazaron un circuito por carretera de 280 kilómetros.
La división de tareas estaba clara. El equipo se partió en dos subgrupos de tres personas para que cada uno estos estuviera una hora en carretera. De esta manera, el tiempo máximo de descanso para los atletas durante ese casi día y medio fue de una sola hora, en la que apenas te daba tiempo a «comer, beber, echarte y, sobre todo, quitarte las zapatillas», asegura el burgalés. Es por ello que la mayoría de los corredores acumularan en sus piernas entre 85 y 90 kilómetros, a excepción de uno de ellos, que se encargó de conducir la caravana durante un mayor periodo. Porque en esta carrera ser multidisciplinar es obligatorio.
Finalmente, los Very Wild Pigeons conquistaron una séptima plaza muy valiosa si tenemos en cuenta que tenían más de 200 rivales. Exactamente, 471.78 kilómetros es la cifra que finalmente les dio ese puesto y que les mantuvo en la carretera desde el mediodía del sábado hasta la tarde del domingo.
Un tiempo en el que tuvieron que solucionar que les parara la policía al estar «corriendo de manera ilegal». «No nos dijeron nada y pudimos continuar, pero nos podían haber multado, y nos lo tendríamos que haber comido», recuerda Aubeso, que todavía medita la participación junto a sus compañeros el próximo año: «Nos gustaría ir, pero sería el mismo formato y eso hace que igual intentemos otra locura».