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Editorial

El 8-M, un símbolo para la igualdad lastrado este año por la división

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Las calles y plazas de ciudades y pueblos de toda España volvieron a reivindicar ayer, con motivo de la celebración del Día de la Mujer, la necesidad de avanzar en la plena igualdad entre hombres y mujeres. Esta fecha, el 8-M, se ha convertido en un símbolo cuya importancia ha venido agrandándose año tras año y que ahora cobra especial importancia por la dramática situación que están viviendo las mujeres en Ucrania, víctimas por partida doble de una guerra tan cruel como innecesaria. Este año, sin embargo, el movimiento feminista ha acudido a tan esperada cita dividido, especialmente por las grietas que ha causado la denominada 'Ley Trans' y por la consideración legal de la prostitución, lo que se ha reflejado, por ejemplo, en Madrid, donde por primera vez ha habido dos manifestaciones distintas reclamando separadas una igualdad que no debería admitir interpretaciones.

Resulta sorprendente que un Gobierno que presume de mantener un Ministerio de Igualdad sea el que ha provocado la división de ese movimiento feminista que hasta ahora había soportado todos los ataques y había solventado todas las vicisitudes con una solidez inquebrantable. Y lo peor de todo es que esta fragmentación, además de debilitar al colectivo, puede distorsionar el único mensaje que debería escucharse en un día como hoy, pero también en los 364 restantes: la necesidad de seguir avanzando en una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres y la obligación de desterrar para siempre la violencia machista en cualquiera de sus manifestaciones.

Basta con echar la vista atrás para comprobar los avances existentes en términos de igualdad. Poco a poco y con grandes esfuerzos personales y colectivos las mujeres están logrando ocupar el sitio que les corresponde por el mero hecho de suponer el 50% de la población. Tras siglos arrinconadas por los libros de historia y sufriendo una lacerante discriminación en todos los ámbitos, del social y familiar al profesional, la igualdad real es un objetivo cada vez más cercano. 

Por eso la división es tan inconveniente en estos momentos en un país como España, que en muchos momentos ha sido pionero en la lucha por los derechos de las mujeres y que ha conseguido un alto nivel de concienciación en toda la sociedad. En el fondo, este no deja de ser un reflejo más de las fricciones existentes en el seno de un Ejecutivo en el que cada vez parece más difícil aglutinar de forma armónica las diferentes sensibilidades. Y donde las disensiones se manifiestan de una forma cada vez más estruendosa y sin que parezcan importar las consecuencias finales que pueden provocar esas diferencias.