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Calor en una playa desierta

C. SORIANO
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Desde que Fuente Prior se declaró no apta para el baño, cada año son menos los burgaleses que le dan uso

El último de los burgaleses que sigue dándole un uso a Fuente Prior. - Foto: Luis López Araico

La ambición de acercar la costa a Burgos se materializó con el proyecto de la playa fluvial de Fuente Prior de hace ya cuarenta años. Sin embargo, durante los últimos ocho, esa costumbre burgalesa de irse a pasar los días de verano a la orilla del Arlanzón ha ido cayendo desde que dejó de ser apta para el baño: ahora, los pocos valientes que se han atrevido a meterse al agua no han sido más que las mascotas de quienes acuden a la zona a dar un paseo.

Francisco Rodríguez, que fue el único que aprovechó ayer para tomar el sol en la arena, no se atreve a mojarse los pies y dice que el motivo que le lleva allí es la poca gente: «Si no hubiera coronavirus, igual me iría a Santander».

La pequeña costa de Fuentes Blancas consiguió, en su momento, mucha popularidad entre los habitantes. Tanto, que al inicio de siglo se mejoró la infraestructura:se montó un bar, se realizaba mantenimiento de la zona todas las semanas y se contrató un socorrista. El prestigio del lugar culminó, sin duda, cuando se hizo entrega del premio Bandera Ecoplayas en 2006, que distinguía el lugar como una zona ecológica y de calidad.

Sin embargo, todo lo que fue se ha quedado en recuerdo. La Junta de Castilla y León, junto con el Ayuntamiento de Burgos, declaró la playa como zona no apta para el baño en 2015, tras muchas muestras de agua semanales que, al analizarlas, obtenían resultados con salmonela y bacterias aerobias.  

Las infraestructuras, a pesar de todo, siguen manteniéndose, pero la monitora al cargo de la zona, Andrea Cabello, afirma que allí no acude nadie.