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Salvador de Foronda

Diez Mil Preguntas

Salvador de Foronda


El sector público y su deuda

17/02/2022

Solo hace falta darse un paseo por el centro de cualquier ciudad para observar un paisaje dantesco, dibujado por letreros de se alquila, se traspasa o de cierre por liquidación. El comercio se desploma. Es un tejido empresarial sin la dimensión adecuada, apalancado financieramente y ahogado por los ICO que no logran devolver. También sufre la empresa, la recuperación es lenta y no alcanza aún los niveles de antes de la crisis. Solo hay una solución para ambos: inyectarles sangre en vena, inyectar ayudas directas con cargo a deuda pública perpetua. No somos Alemania ni EEUU, pero es necesario una inyección equivalente a los ingresos perdidos, cuando menos, para dar cobertura a los costes. Es decir, se trata de dar circulación a una liquidez no reintegrable y que sea el propio mercado quien lo regule. No se trata de dar créditos, ya que sin ingresos no hay posibilidad de devolverlos.

Es el momento de apostar por el sector privado y por la colaboración público-privada. El sector público, salvo el sanitario, no ha sufrido la covid. No ha habido ERTE, los salarios no solo no han disminuido sino que han subido, el gasto de lo superfluo y las duplicidades no se han reducido, no hay un plan para adelgazar una administración de ministerios, ministros y asesores, no ha habido un gesto de solidaridad. Y si hablamos de ese sector privado, de donde surgen los grandes inventos, el desarrollo de la investigación industrial, sanitaria y el empleo, es el que han tenido que ajustar costes y se ha visto obligado a presentar ERTE y a endeudarse. Su nivel de vida ha disminuido y la vulnerabilidad ha aumentado. Pero, a pesar de todo, el sector privado es el único que intenta sobrevivir, reinventarse y poder aprender de lo negativo. No es que se les tome por idiotas, sino que sabemos que hay muchos idiotas prestos a hacerles creer cualquier cosa que se les diga. Estamos en una España donde aumenta la presión fiscal indirecta y que ignora el margen que tenemos para replantear exenciones y reducciones. Hay que decir que el sector público ha abandonado al sector privado y no ha entendido, ni entiende, que sin empresas y comercio aquel se desmoronara; sin riqueza, hay pobreza. La desigualdad no es el problema, sino la pobreza. Por tanto, la única verdad es que el sector público está en deuda con el sector privado.