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Felipe VI de Burgos

R. PÉREZ BARREDO
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El monarca, que inaugura este martes 'Las Edades del Hombre' en la Catedral, ha visitado Burgos en varias ocasiones. La primera, en 1973, siendo infante. Lo ha hecho como príncipe y como rey

Felipe VI de Burgos

Era un rubiales de cinco años la primera vez que el hoy monarca Felipe VI, que visitará Burgos este martes para inaugurar ‘Las Edades del Hombre’, conoció tierras burgalesas. Fue aquella una presencia efímera, ya que el entonces infante viajaba en tren acompañando a su madre, la princesa doña Sofía. El Talgo procedente de Bilbao se destuvo unos minutos en Burgos para que las autoridades de la ciudad cumplimentaran a su alteza, y el avezado Fede consiguió retratar a la criatura, que no regresó a Burgos hasta una década más tarde,  convertido ya en príncipe y heredero al trono. En aquella ocasión lo hizo con motivo de la presencia de toda su familia en el Día de las Fuerzas Armadas, celebrado aquel 1983 en Burgos dentro de los actos de conmemoración del MC aniversario de la fundación de la ciudad por Diego Porcelos.

Otra década más tarde hubo de transcurrir para que el actual rey de España volviera a pisar tierras burgalesas. En aquella ocasión, acompañado por sus hermanas, las infantas Elena y Cristina, don Felipe cubrió a pie en torno a doce kilómetros del Camino de Santiago, concretamente los que separan Villafranca Montes de Oca y San Juan de Ortega: 1993 era año jacobeo, y su alteza quiso ser un peregrino más, aunque por razones evidentes no pudo hacerlo de incógnito. Cuatro años más tarde,  el príncipe de Asturias recaló en Burgos con una agenda muy apretada. La sociedad burgalesa estaba atravesando momentos muy dolorosos: hacía más de un año que uno de los suyos, José Antonio Ortega Lara, se hallaba en manos de ETA. Su Alteza Real exigió su liberación, más tarde paseó por el Espolón, visitó el monasterio de Las Huelgas, pasó revista a las tropas en Castrillo del Val, tuvo un encuentro con varios empresarios locales y conoció las instalaciones de Irausa antes de desplazarse a Aranda para hacer lo propio en las de Leche Pascual.

Al año siguiente, en 1998, don Felipe de Borbón regresó a la provincia. Esta vez su destino fue Briviesca. La capital de La Bureba estaba inmersa en la celebración del VI Centenario de las Cortes de Briviesca, celebradas en 1387. Como fue en aquella fecha cuando se adoptó el histórico acuerdo de otorgar el título de Príncipe de Asturias al heredero a la Corona de Castilla (más tarde) de España, tenía todo el sentido que la persona que en ese momento lo ostentaba clausurara aquellos fastos. Sucedió en mayo y, sólo dos meses después, el hoy monarca regresó a cumplir la promesa que les había hecho el año anterior a los codirectores de Atapuerca, galardonados con el premio que llevaba su nombre. Así, en julio de 1998 conoció de primera mano los secretos de la mágica sierra burgalesa, lo que constituyó un espaldarazo más al fabuloso proyecto científico. Don Felipe  se subió a los andamios y trabajó un rato en la Gran Dolina con algunos de los investigadores. Vinculada a la investigación y a la docencia fue la siguiente visita del actual jefe del Estado: inauguró el nuevo edificio de la Politécnica de la Universidad de Burgos en el año 2002. Y cuatro años más tarde, ya casado con doña Letizia, regresaría en un día especial para Diario de Burgos: no en vano, fueron los príncipes quienes inauguraron las nuevas dependencias de Promecal en una jornada muy emotiva.

Antes de su llegada al trono de España regresó Felipe de Borbón y Grecia: lo hizo a Miranda de Ebro, donde visitó -en compañía de su esposa- el Puesto de Mando de Adif, el Consistorio y el parque empresarial de Ircio en el que tantas esperanzas había depositadas.

Ya como rey. Su última visita a Burgos data del año 2016. Fue especial por un motivo: don Felipe de Borbón y Grecia ya era el rey de todos los españoles. Dos años antes, tras la abdicación de su padre, don Juan Carlos, había subido al trono. La presencia de Felipe VI estaba más que justificada: hizo entrega del Premio Reino de España al empresario burgalés José Antolín, del que destacó su esfuerzo, honestidad e innovación.Asimismo, se acercó a visitar las obras de la nueva planta de Campofrío, empresa esencial de Burgos a la que el fuego había devastado dos años antes. En la misma visita, presidió el almuerzo con el que este periódico celebró sus 125 años de existencia.Dijo de Diario de Burgos que era un ejemplo de «vanguardia, inmediatez y cercanía».