La Catedral ya se puede visitar sin gorro ni bufanda

R.P.B.
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El Cabildo sopesa instalar más aparatos de calefacción para ganar temperatura, aunque se da por satisfecho tras estas primeras semanas de funcionamiento del sistema porque "el objetivo no era tener los grados de una sala de estar"

El interior del templo se encuentra más caldeado y los turistas pueden visitarlo sin gorros y bufandas. - Foto: Jesús J. Matías

Cualquier otro día de enero de años pretéritos, con heladas como las de estas madrugadas, el interior de la Catedral era un congelador: en algunas zonas del templo difícilmente se superaban los cinco grados, a menudo menos de los que, avanzado el día, había en el exterior. La ardua batalla que ha librado el Cabildo por conjurar un frío que horrorizaba y ahuyentaba a turistas y feligreses ha tenido un final moderadamente feliz: cierto es que el recién estrenado sistema de calefacción no procura temperaturas caribeñas, pero al menos ha convertido el interior del templo en un lugar menos hostil. No sobra el abrigo en sus estancias, pero tampoco se corre el riesgo de petrificarse. Aún en periodo de pruebas, la temperatura media ronda los 15 grados (salvo en las capillas, donde no hay instalado ningún ventiloconvector). Habrá quien piense que son pocos o que no son suficientes, pero era el objetivo que se habían planteado desde un principio y posiblemente uno de los argumentos que propició el visto bueno, por parte de la Junta y de Icomos, a este sistema.
"Es un gran beneficio para la Catedral. Permite que se realicen celebraciones u otras actividades en una época, entre diciembre y abril, en la que casi estaba inhabilitada. Eso ya ha cambiado. Pero claro, hay que pensar que no es el calor de una sala de estar. Además, creemos que la situación actual puede mejorar todavía, dependiendo de las necesidades que observe el Cabildo, incrementando la intensidad de los aparatos instalados", explica el canónigo Juan Álvarez Quevedo. En este sentido, en los últimos días los ventiloconvectores no han sido apagados durante la noche para que no hubiese que hacer un sobreesfuerzo energético tras la apertura de puertas del templo.
Por su parte, el deán del primer templo metropolitano, Pablo González Cámara, asegura que se está ya estudiando la posibilidad de incrementar el número de ventiloconvectores. "Lo estamos sopesando. Aún estamos en la fase de estudio en la que queremos comprobar hasta qué temperatura se puede llegar. Aunque nuestra primera intención es que oscilara entre los 14 y los 15 grados, no descartamos la posibilidad de que la temperatura pueda ser más alta en algunas zonas del templo, para lo que habría que añadir más ventiloconvectores. El equipo técnico está controlando todas estas cuestiones, desde la temperatura hasta la densidad de la humedad, que hay que tener muy en cuenta. Por eso hemos decidido tener encendido estos días el sistema 24 horas. Nuestra intención es mejorar las condiciones de habitabilidad siempre que se pueda pero teniendo en cuenta que el objetivo nunca será tener la temperatura de una casa. Como mucho sería llegar a los 18 o 19 grados, que es la temperatura que se alcanza por ejemplo en Santa Tecla. Con todo, sabemos que sería muy difícil alcanzar esos grados en la nave central, por ejemplo".

El calor oculto. Ha sido la empresa Energanova la encargada de instalar el sistema térmico de la Catedral, que se genera fuera del alcance de la vista de los visitantes: el calor pasa por unos conductos de 80 centímetros de diámetro y más de 100 metros de longitud ocultos bajo el suelo. Para ello se han aprovechado las galerías se que se construyeron a principios del siglo XX para poner en marcha el sistema de calefacción de aire. Un entramado de tuberías y cables va desde la sala de calderas por el subsuelo del templo hasta conectar con los ventiloconvectores (los hay ocultos bajo las rejillas de algunas zonas, como en el coro, trascoro y la nave principal), más los que están discretamente a la vista. Por esos tubos pasa agua caliente y, mediante un sistema de ventilación, emiten calor al interior del templo.
El sistema es totalmente reversible y no afecta a los elementos arquitectónicos del edificio, que serán totalmente desmontables, lo que supondría que no dejarían rastro alguno si un día hubieran de retirarse. A través del estudio cuidadoso de las características peculiares del edificio llegó a esta solución, que no es una calefacción usual, sino que introduce unos elementos que atemperan las condiciones más duras del invierno y de forma que, si llegara el día y fuera necesario, pudieran ser retirados sin dejar rastro en su arquitectura. No se puede pretender una calefacción convencional, sino un entendimiento entre  aminorar la dureza del invierno, respetar el uso y significado de una Catedral milenaria y el cuidado de las piezas de arte que encierra, para que llegue en su propio estado a otros tiempos futuros, como destacaba María Jesús González Díaz, arquitecta autora del proyecto.