Habas Contadas

Roberto Peral


A prueba de bombas

28/09/2020

La noticia paradójica de la semana ha sido la quiebra de la empresa Duralex, fabricante de esa vajilla económica y a prueba de obuses que inundó las cocinas españolas del tardofranquismo de vasos, tazas, ensaladeras y platos de cristal templado, ya fuesen verdes o de color ambarino, en los que se servía el pan nuestro de cada día, en tanto la loza de presumir, la del ajuar nupcial, se reservaba para los banquetes navideños y otras días feriados. Las bromas, por descontado, no se han hecho esperar, y tanto los titulares de prensa como los dardos de las redes sociales se han poblado de juegos de palabras en los que se subraya la contradicción que supone que se haya despedazado una compañía que alardeaba de productos irrompibles. Pero, más allá de figuras retóricas, quizá la mayor agudeza que uno haya leído estos últimos días es la que sostiene que una empresa que vende cristalerías que duran toda la vida está condenada a quedarse tarde o temprano sin clientes.
Hace años que las firmas más avispadas resolvieron hacer frente a ese riesgo indeseable mediante la llamada obsolescencia programada, capciosa estrategia que consiste en reducir premeditadamente la vida útil de un producto para que el consumidor se vea impelido a adquirir otro similar en un plazo más o menos corto de tiempo. Vale decir, las grandes marcas lanzan al mercado artilugios diseñados para romperse, y, para mayor ofensa, cuando tal cosa sucede el servicio técnico de turno le informa a uno que le resultará más rentable comprarse un televisor nuevo que empeñarse en reparar el que adquirió hace siete años. Esto, claro está, constituye un fraude palmario, pero las grandes corporaciones, que no duermen, ya han sorteado tal acusación mediante el expediente de activar sistemas operativos incompatibles con la anterior versión de su teléfono celular, encarecer hasta la exageración los repuestos de su frigorífico o, simplemente, ensanchar el orificio por el que usted desperdicia buena parte del jabón con el que lava su vajilla Duralex, esas honradas piezas resistentes y funcionales que con el correr de los años se han ido convirtiendo en artículos de coleccionismo retro y que se han demostrado capaces de sobrevivir incluso a su propio sello comercial.