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Duelo entre damas

Juana Samanes
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Destaca el trabajo de directoras como Icíar Bollaín, Pilar Palomero, Isabel Coixet y Nuria Giménez a pesar de ser una temporada especialmente complicada para la industria del cine

‘Las niñas’ es una perfecta foto fija de la educación de finales del siglo XX.

Como ocurrió en la gala de los Goya de 2018 con Verano 1993, de Carla Simón, la película de una directora novel, la zaragozana Pilar Palomero, puede alzarse con alguno de los galardones más importantes de la 35 edición de los premios Goya, entre ellos el de mejor película, mejor directora novel o mejor guion original con Las niñas. Esta joven realizadora tiene, presumiblemente, como mayor contrincante a una curtida cineasta, Icíar Bollaín, que también ha firmado una película de protagonismo femenino con La boda de Rosa. Ambas se enfrentan a filmes tan diferentes como Ane, Adú o Sentimental.

En Las niñas se describe el paso de la infancia a la adolescencia de una niña-mujer nacida en los años 80. Celia tiene 11 años, estudia en un colegio religioso y vive con su madre viuda, una joven que encierra secretos. Sin ser autobiográfica, si que describe vivencias de la directora, en una película respetuosa que, como nos confesaba personalmente la propia Pilar Palomero, no va contra nadie: «No me hubiera perdonado hacer una caricatura de las monjas de mi colegio». Su mensaje es tan auténtico y sensible que cala, porque mujeres de tres generaciones pueden sentirse identificadas con la pequeña Celia y sus vaivenes emocionales. Hasta 1.000 niñas entrevistó hasta encontrar a la protagonista adecuada: Andrea Fandos. 

Icíar Bollaín, de nuevo en colaboración en el guion con Paul Laverty, firma una de las películas más singulares del pasado año, La boda de Rosa, con muchas más capas argumentales de las que parece a simple vista. En la misma, una auténtica perdedora, de 45 años, decide romper con una vida que no le gusta y tomar las riendas de su destino. Pero todos los seres queridos que le rodean: su hija, su padre y sus hermanos se lo van a poner muy difícil por lo que, ante tantas presiones, decide casarse ¡consigo misma! Comedia dramática, en la línea habitual de denuncia de esta directora, refleja como una sociedad individualista, que insiste en la autorrealización personal, enfatiza, al mismo tiempo, en estar pendientes de otros.

Adú, el largometraje con más presupuesto de las cinco nominadas a mejor película, cuenta con un mensaje estimable pero políticamente correcto. La tragedia de la inmigración ilegal, y las dramáticas experiencias que conlleva, inspiraron al director Salvador Calvo (Los últimos de Filipinas) para escribir tres historias paralelas, que se entrecruzan en algún momento, y transcurren en África. La principal está protagonizada por un niño llamado Adú quien, tras el asesinato de su madre, comienza un largo periplo hacia España acompañado de su hermana. Contiene una subtrama protagonizada por un guardia civil, con cierto contenido polémico por la imagen que se ofrece de miembros de ese cuerpo de las Fuerzas de Seguridad.

Otro veterano habitual en estos premios, Cesc Gay, es el responsable de Sentimental, donde vuelve a contar con el magnífico actor Javier Cámara. Adapta al cine su obra teatral Los vecinos de arriba y se basa, fundamentalmente, en la forma de entender el amor y, todavía más, el sexo de dos parejas de vecinos. Cuenta con diálogos rápidos, en ocasiones algo groseros y sexualizados, pero nada aburridos. Sin duda es la propuesta de menos calidad de las cinco. 

 

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Finalmente, Ane, del director novel, David Pérez Sañudo, incide en una trama sobre el desconocimiento que tenemos de nuestros hijos. En este caso los padres de una adolescente se percatarán de ello cuando la menor desaparece, e inician una investigación para encontrarla. Curiosamente, el argumento incide en la misma idea que un excelente estreno actualmente en cartelera: La chica del brazalete, de Stephane Demoustier, aunque ésta última dedique parte de su metraje a un proceso judicial. 

Si tuviéramos que hacer un balance rápido lo que sobresale en la elección de las cinco candidatas de este año a Mejor película es que predominan las tramas sociológicas y deja en el olvido las de guerracivilismo, tan presentes en décadas anteriores. Ello se debe a la irrupción en el mercado cinematográfico español de jóvenes directores, con menos prejuicios, que les interesan contar o bien películas de género o historias más cercanas, más emotivas y, sin duda, que interesan más al espectador.