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«De la moda de ahora me gusta la libertad de la mujer»

A.S.R
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Ana González-Moro, que nació y pasó su primera infancia en Burgos, muestra una parte de sus fondos en la exposición 'Vestir épocas. 1860-1960' en el Museo de Bellas Artes de A Coruña

Ana González-Moro, en su casa de La Laguna (Tenerife), con una del millar de piezas reunidas. Unas 300 se exponen en el Museo de Bellas Artes de A Coruña hasta el 14 de marzo. - Foto: Miguel Barreto

El Museo de Bellas Artes de A Coruña se convierte en una pasarela en la que desfila la moda de todo un siglo. Desde 1860 a 1960. Una muestra de alrededor de 300 piezas con ropa interior, vestidos de comunión y de boda, prendas de diario, trajes de etiqueta, capas de viaje o complementos, sobre todo de mujer, escogidos del millar que compone la colección de Ana González-Moro. Este nombre nada dice en Burgos, pero ella sí presume de haber nacido aquí, pese a que la ciudad ocupa poco espacio en su biografía. Fue en junio de 1936, cuando su padre, militar, estaba destinado aquí, donde pasó su primera infancia. Apenas guarda recuerdos. Sabe que la bautizaron en la iglesia de San Lesmes, pero ella y sus hermanos eran muy pequeños cuando dejaron las orillas del Arlanzón. Sí apunta que su madre conservó toda su vida «una relación muy entrañable y con enorme cariño con todas las amigas de aquella época, ya que la situación tan complicada, al estar solas, con los maridos en el frente, fraguó sólidas amistades». 

Vestir épocas. 1860-1960 recoge solo prendas relacionadas con Galicia. Pero en su colección sí conserva algún vestido, abrigos y zapatos de la época burgalesa de su madre. «Al coincidir con la Guerra y la posguerra son piezas muy sencillas y unos tejidos muy sobrios y de poca calidad que reflejan los difíciles momentos que atravesábamos», sostiene González-Moro y lamenta que no tengan etiquetas para identificar a los sastres o modistas que las confeccionaron (uno es con el que aparece en la foto en la que ella apenas es un bebé de meses). 

El ropero que ahora pasa del baúl a la sala de exposiciones empezó con algunos trajes y lencería que le regalaba su abuela las temporadas que pasaba en su casa. Después le dieron sus tías, otros familiares y conocidos y, poco a poco, a lo largo de los años, sin pretenderlo, acabó reuniendo más y más piezas. «Las prendas reflejan la sociedad y el espíritu de la época», resume a través del correo electrónico desde Canarias, donde vive actualmente. 

Asegura que la lencería y los vestidos de diario son los que marcan de verdad una época, «mucho más que los de boda y fiesta», y califica de fantástica la moda actual. «Ha conseguido llegar a todas las economías sin distinción de edad ni clase social; puedes tener unos diseños modernísimos y estilosísimos sin tener que gastar en alta costura», ensalza y aplaude el variado abanico que existe, incluida la corriente vintage. «Aquellos abrigos de piel o de paño muy grueso ¡eran incomodísimos!, sobre todo para viajar, por su peso. A quien inventó los plumíferos habría que hacerle un monumento», dice divertida. 

¿Qué envidia de la moda de ahora? «Me gusta la libertad de la mujer con mayúsculas; te puedes poner lo que quieras, corto, largo, estampado, liso... Ha desaparecido el luto y las mujeres de mi edad pueden ponerse de rosa, naranja o flores y usar pantalones», responde y suspira aliviada por la desaparición de «corsés, pololos y las medias con ligas. ¡Adoro los pantis!». 

No todo vale, no todo lo ve con buenos ojos. Si de aborrecer se trata apunta a las transparencias, los trajes de fiesta mini y la lencería. 

La vida llevó lejos de Burgos a Ana González-Moro, pero no pierde de vista el lugar donde vio la luz. «Cuando he podido regresar con la familia a Burgos, para mí ha sido un sueño. Me encanta la ciudad, su Catedral, el fantástico Museo de la Evolución y, sobre todo, su gastronomía, las carnes, los quesos y sus vinos... y disfrutar de unas tapas en el Rimbombín», enfatiza feliz y matiza que su única asignatura pendiente es conocer Atapuerca. 

Tampoco ha surgido la oportunidad, «quizás por la lejanía y la desaparición en el tiempo de nuestras antiguas amistades y contactos», de plantear una exposición con parte de su colección de moda como la coruñesa. 

Era una niña y su mente no dibuja la moda de las burgalesas de aquella primera mitad del siglo XX, pero sí afirma hacerse una idea a través de las fotografías del álbum familiar. Y confiesa que siempre que visita la ciudad le llama la atención «la elegancia y sobriedad de la mujer en el vestir en su día a día», muy distinta a la de Canarias, «quizás por el clima, es mucho más informal y atrevida en color». Un contraste que, anota, advierte sobre todo en invierno.