"Más que contar historias me seduce imaginármelas"

JAVIER VILLAHIZÁN (SPC)
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Este autor novel, que firma 'Las ratas de Böölunjgen', no puede dejar de proponer y realizar cosas, de cualquier tipo, desde profesor de yoga a recorrer el mundo, aunque su necesidad vital no es otra que escribir sin parar

"Más que contar historias me seduce imaginármelas"

Se define este sevillano como un escritor de emociones. Ignacio Moreno se lanza al ruedo literario con Las ratas de Böölunjgen (Maclein y Parker), un relato distópico de un mañana nada lejano. 
¿Qué hace un ingeniero de Telecomunicaciones metido a escritor?
Buena pregunta. En realidad, desde que recuerdo siempre me ha gustado hacer muchas cosas, quizá demasiadas, y normalmente diferentes e incluso incompatibles entre sí. 
Parece que eligió esa carrera como podía haberse matriculado en Física o Magisterio.
Tuve muchas dudas sobre qué carrera elegir, aunque desde la primera clase en la escuela de telecomunicaciones me entusiasmó. Otra cosa es lo que vino después. Durante la Universidad nos dicen que los ingenieros vamos a ser los reyes del mambo, pero la verdad es que el trabajo suele ser tedioso, repetitivo y muy mal gestionado.  
Pero, ¿a usted lo que siempre le ha gustado es contar historias?
No tanto contar historias como imaginarlas, inventarlas. Hubo un momento en el que mi cabeza no paraba de generar personajes, situaciones, mundos paralelos. Eso fue hace muchos años. Lo de escribir vino poco a poco. 
¿Por qué se define como escritor de emociones? Supongo que todos los escritores narran emociones.
Cada escritor tiene su propia forma de elaborar sus historias. Hay quien empieza imaginando un personaje, quien primero inventa la historia y después los introduce, quien se deja llevar por una especie de escritura libre... en mi caso, si escribo es porque veo, oigo, siento cosas que me emocionan. Son el principio de todo. Una emoción me lleva a una imagen, y dentro de ella aparecen personas que viven una cierta tensión vital. La historia viene después.
Su primer libro, Las ratas de Böölunjgen, es como un disparo, narrativamente hablando, además de su similitud temática con el protagonista, un asesino a sueldo.
La vida de un asesino es explosiva, la de un ladrón de joyas es meticulosa, la de un espía, sigilosa y discreta. Si la voz de la narración refleja estas características, el lector será capaz de profundizar más y más en la historia.
Una narración directa y fluida.
Cuando empecé tenía muy claro que debía ser fácil de leer y que enganchara al lector desde el principio. 
Elige un mundo distópico y futurista, tan agradecido en estas épocas. 
La generación a la que pertenezco ha crecido viendo Star Wars, ET, Regreso al Futuro, Blade Runner, Tron... y leyendo relatos de Asimov, Tolkien, Lovecraft o Julio Verne. No es casualidad que la ciencia ficción tengan tanto espacio hoy en día. 
¿Cómo está representado el humor?
El protagonista necesita reírse de sí mismo y de lo que le sucede, de lo contrario no sería capaz de seguir haciéndolo. 
¿Por qué el título? Un poco impronuciable.
El título surgió casi en el último momento, después de haberle dado muchas vueltas. Böölunjgen es un lugar ficticio en el que transcurre gran parte de la historia. Es un sitio que representa muchas cosas: es gris, frío y mediocre, es aburrido, feo, huele mal. Sin embargo, es el lugar en el que el protagonista va a tener que lidiar con algunas preguntas de su pasado que marcarán su futuro. 
¿Y la moraleja?
La vida no tiene moraleja... ¿o sí? 
¿Hay mucho de biográfico, y más en una novela que es la primera?
Hay anécdotas, personajes y situaciones que las he sacado directamente de mi juventud, de personas que he conocido. La infancia de este asesino me la imagino en un sitio bastante parecido a donde pasé la mía, el colegio, el instituto e incluso su familia. Sin embargo ahí se queda lo de autobiográfico... aunque de alguna forma durante la escritura me sorprendí de mi propia facilidad para imaginar crímenes. Espero que eso no sea autobiográfico...