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«Los abuelos son el as en la manga de la evolución»

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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La médica María Martinón-Torres, directora del CENIEH, publica 'Homo imperfectus', un libro en el que intenta explicar por qué, a pesar de ser la especie más evolucionada, seguimos enfermando y envejecemos

María Martinón-Torres (Orense, 1974) posa en un laboratorio del CENIEH con un cráneo y la portada de su libro. - Foto: Patricia

Homo imperfectus es la obra de una médica apasionada de la parte de esa disciplina que consiste en ver enfermos -sobre todo, ver a las personas que enferman- pero que la estudió para hacerse paleoantropóloga porque consideró que era la base más adecuada para adentrarse en el estudio del ser humano. María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH), ha estado siempre muy interesada sobre las patologías de quienes nos antecedieron y desde ese conocimiento afirma que la enfermedad es «la protagonista silente de la historia de Homo sapiens» a pesar del papel que ha protagonizado y lo sigue haciendo en el desarrollo de la especie. Sobre esta base su objetivo a la hora de ponerse a escribir -en plena pandemia- fue, como ella misma explica, «compartir con la mayor gente posible la idea de que el hecho de enfermar tiene también una explicación evolutiva».

Y así lo hace a lo largo de poco más de 250 páginas en las que habla de todo lo que nos concierne como seres humanos: la muerte, el sueño, la vejez, la adolescencia, el miedo, la violencia, el cáncer, los trastornos del sueño, las infecciones y las pandemias,  las alergias o la violencia. «Muchas de las cosas que cuento a lo largo del libro fueron sorpresas y hallazgos científicos que cambiaron mi forma de ver las cosas y de sentirme enferma y pensé que lo bonito era compartir esa visión diferente de la enfermedad, que es una experiencia universal de la que se habla como si fuera una excepción, como si fuera la letra pequeña, una particularidad de cada individuo y como si nuestra vida se tuviera que resumir siempre por la parte ideal, que no coincide con la realidad. La enfermedad tiene muchísimas facetas y algunas, a la luz de la evolución, tienen otro sentido». 

Siempre desde la base de que la ciencia y el conocimiento nos protegen física y mentalmente «porque conocer nos hace menos vulnerables, comprender las cosas y por qué nos pasan además de permitir conocer la mejor manera de defendernos o anticiparnos a los problemas nos da  tranquilidad paz y consuelo», Martinón-Torres cuenta en Homo imperfectus que no siempre la enfermedad es necesariamente sinónimo de fallo o de que la naturaleza «nos abandona» o que  no responde. «Parece una broma que nuestra especie, que se jacta de ser la mejor adaptada y que controla el mundo, es una aguafiestas que vive desde el principio con la noción de que se va a morir, lo que parece un sinsentido, pero es una pregunta que nos atañe a todos y abordarla, a mí personalmente, me da tranquilidad y otra dimensión, analizar  por qué la naturaleza lo permite y comprobar si podemos extraer una enseñanza positiva».

«La enfermedad es una experiencia universal pero se habla de ella como si fuera la particularidad de un individuo»

El libro está dedicado a sus abuelos y a los abuelos de sus hijos una figura familiar, afirma, que tiene una gran importancia evolutivamente: «La tercera edad es una de las singularidades que tiene nuestra especie dentro del contexto del mundo animal al que pertenecemos. Los abuelos son el as en la manga de la evolución de nuestra especie porque somos longevos, vivimos mucho más años que otros primates (cuatro décadas más que los chimpancés, por ejemplo) pero esos años no son un periodo reproductivo, lo que podría parecer un sinsentido porque la selección natural prima favorecer las características que contribuyan al éxito reproductivo, y con esto pasa todo lo contrario. Parece una broma de la naturaleza, una paradoja, la de hacernos fuertes a través de hacernos débiles».

La paleoantropóloga explica que se ha visto que la selección natural favorece la longevidad en aquellos grupos en los que los que los sujetos son muy dependientes: «Cuando se necesitan los unos a los otros hasta muy tarde una de las maneras de favorecer la longevidad es aumentar los años de vida donde aunque no te reproduces juegas un papel en sacar adelante a las crías. Hemos aumentando años de vida no para reproducirnos sino para ayudar a los demás a salir adelante». No quiere que nadie caiga en la tentación de entender de estas palabras que apuesta porque los cuidados caigan sobre los abuelos: «Sería una gran simplificación y estaríamos abusando de quienes ya han contribuido».  Las relaciones que se establecen entre abuelos, padres e hijos -«convivir con aquellos que ya pasaron por donde tú pasas ahora»- son, para Martinón-Torres, «una riqueza y una suerte increíbles». 

«Me da tranquilidad analizar por qué la naturaleza permite la muerte y ver si de ello se puede sacar una enseñanza positiva»

El «recableado». La vejez es, con la adolescencia, las dos únicas edades de la vida que se diseccionan en el libro. De la segunda dice que parece «una autobroma»: «Cuando parece que ya hemos hecho todo el esfuerzo para 'cocinar' un adulto que se puede valer por sí mismo, todo se pone patas arriba y aparecen crisis monumentales, cambios corporales físicos y anímicos, inestabilidad y hasta cuadros de depresión y conductas destructivas». Reconoce que es una etapa que siempre le ha despertado curiosidad: «La niñez es un tiempo de aprendizaje pero el adolescente es un adulto pero no lo es. No se puede buscar un para qué sirve a todo pero evolutivamente se ve que esa vulnerabilidad es la otra cara de la moneda de una maduración tardía a nivel cerebral, que es una segunda oportunidad para el aprendizaje. La adolescencia es un completo recableado, una tormenta para quien 'la padece' y para su entorno pero nos indica que el cerebro es aún capaz de aprender».

Sobre el cáncer -una de las dos principales causas de muerte en España junto con las enfermedades cardiovasculares- la investigadora dice que evolutivamente se explica a dos niveles: los asociados a edades avanzadas que antes no aparecían porque la gente no llegaba  a cumplir tantos años y los que tienen que ver con la exposición a tóxicos nuevos: «Nuestra biología se enfrenta a amenazas que antes no existían, a un ambiente completamente nuevo. Muchos cuadros son desajustes entre nuestra biología, que en muchos aspectos es la misma de antes, y un medio ambiente que, paradójicamente, hemos creado y frente al que la biología va rezagada y tarda más en adaptarse».

«La adolescencia es una tormenta para quien 'la padece' y para su entorno pero nos indica que el cerebro es aún capaz de aprender»

La lectura de  (Editorial Destino) es un permanente recordatorio de las poquísimas diferencias que hay entre los primeros sapiens de hace 200.000 años y los que ahora habitamos el mundo y que el mismo cuerpo, «optimizado para la vida al aire libre, la caza y la recolección se pasa ahora tres cuartos del día, al menos sentado o tumbado y esa inactividad física desencadena un notable elenco de problemas de salud: sobrepeso, hipertensión, riesgo coronario, propensión a la diabetes, dolores musculares». Recuerda la directora del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana que somos «los mismos humanos que existían en el Pleistoceno Superior pero en un mundo que ya no tiene nada que ver con aquel».