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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Se mueve

15/11/2021

Según me he podido enterar la pasada semana por este periódico, existe en Burgos una asociación de usuarios de Vehículos de Movilidad Personal (VMP), es decir, básicamente patinetes eléctricos. Aparecían en el diario a raíz del aumento de accidentes de este tipo de vehículos y bicicletas. Evidentemente, cada vez circulan más de ambos, por lo que el incremento de sus siniestros no es anormal. Además, ni está ciudad ni ninguna están preparadas para este cambio en la forma de desplazarse, y mucho menos lo están las leyes que lo regulan, siempre cinco pasos por detrás de la realidad.

El caso es que los usuarios de VMP afirmaban no ver con malos ojos la implantación de un seguro obligatorio, como sucede en otros países europeos, algo que no contempla la legislación vigente. Pedían eso sí, que no fuese una locura y se mantuviese por los 30 euros anuales que cuesta uno ahora para el que se lo quiera hacer.

Lo sorprendente es que en un mundo hiperregulado esto no suceda ya, por su tranquilidad y la de los demás. Esto y muchas otras cosas. Circular, moverse por la ciudad es una lucha entre distintos actores que pelean por el espacio, y en esa pelea el tamaño importa. El más grande suele abusar del siguiente y el siguiente del de después. Ayer mismo, actuando como peatón en un cruce con semáforo (en verde para mí) y en ámbar intermitente para los coches, un conductor de unos 70 años no esperó a que terminase de pasar ni de lejos, arrancó y se me puso a medio metro; se lo recriminé y me mandó a la mierda (literal). Las prisas de los domingos por la mañana, supongo. Le mando un saludo.

Muchos ciclistas y patineteros circulan por la calzada, junto a los coches, y son igualmente vulnerables, se la juegan; pero otros ruedan por carriles bici y aceras y ahí se convierten en la especie dominante que corta el bacalao (y a día de hoy si causan un atropello pueden ir sin cobertura). El que no se come nunca nada es el que decide recorrer la ciudad desgastando suela, el sufrido peatón, excepto el placer de hacerlo, que recomiendo.

Para poner paz en la jungla se podría empezar por lo más sencillo, barato y práctico, aunque solo sea para que parezca que se está haciendo algo: no tiene sentido que un ciclista, por ejemplo, circule de noche, vestido de negro, sin casco y sin luces por la calzada. Pues ocurre. Bastaría con hacer obligatorio en horario nocturno el chaleco reflectante. Por un euro que cuesta en los comercios del ramo, nos quitamos de sustos. El movimiento se demuestra andando. Salud y alegría.