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Goteras, desprendimientos y agujeros de topos en las bodegas

L.N.
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Las peñas coinciden en reclamar al Ayuntamiento de Aranda que no se olvide de ellas y que retome cuanto antes las subvenciones para mantener en condiciones esta red subterránea

Goteras, desprendimientos y agujeros de topos en las bodegas - Foto: L.N.

Desperfectos por aquí y por allá. Que si goteras, que si desprendimientos varios, que si desconchones... y hasta agujeros excavados por topos. Es la triste estampa que comparten las bodegas subterráneas de Aranda de Duero en estos momentos. Prácticamente ninguna se ha librado de sufrir daños en estos dos últimos años marcados por su cierre obligatorio a causa de la pandemia. "No hemos podido entrar, por tanto, tampoco se ha realizado el mantenimiento necesario, ni se ha ventilado, así que se ha juntado todo", explican desde la directiva de la peña El Cubillo, en cuya bodega el moho se ha apoderado de las paredes y el revocado que hicieron en un lateral ya se está desprendiendo, por lo que tendrán que volver a picar; mientras, en la galería, la humedad devora poco a poco unos ladrillos que, en algunos casos, están deshechos. 

A este panorama se suma que el Ayuntamiento de la capital ribereña no ha sacado la convocatoria de subvenciones destinadas a rehabilitar las bodegas en los dos años de crisis sanitaria. Algo que duele y enfada por igual a los miembros de las ocho peñas, ya que este patrimonio, declarado bien de interés cultural y considerado como la gran joya de la ciudad, requiere de un cuidado continuo. No entienden que no se haya habilitado la línea de ayudas y que, al mismo tiempo, desde la Concejalía de Promoción y Turismo les hayan solicitado colaboración para abrir las bodegas durante los fines de semana, coincidiendo con la celebración de la Ciudad Europea del Vino. 

Cunde el desconcierto. Todos se encuentran a la espera de una reunión que aún no tiene fecha. Quedan muchos flecos por atar. Pero la prioridad para todos radica en el arreglo de la red de galerías subterráneas. En el caso de El Jarro, su presidente, Alberto Martín, detalla que al no haber corriente ni usar este espacio como antes, se han desprendido trozos del techo, se ha arpado un arco y sale agua por las escaleras. Por encontrar han encontrado hasta agujeros de topos. De ahí que reclame la vuelta cuanto antes de las ayudas: "Ese dinero se nota mucho. Todos tenemos desperfectos y hay miedo de que las bodegas se puedan deteriorar". 

A escasos metros, en La Ribera, su presidente, Teodoro Martín, cuenta que tienen un grupo de mantenimiento formado por los propios peñistas y que han bajado puntualmente para paliar las averías que van surgiendo. Aunque la bodega luce impoluta, también padecen ciertos problemas. Explica que cuando llueve se producen "unas goteras salvajes" por una zarcera que da a la Casa de los Fantasmas y que por culpa de unas obras de canalización que "se hicieron mal" hace ya tres años en la calle Barrionuevo "cada vez que llueve, empiezan a caer desconchones del techo". De hecho, en alguna zona se ve la cimentación. Desde la peña han reclamado una solución al Ayuntamiento: han hablado con la alcaldesa, con los técnicos, con el concejal... "Y es la pescadilla que se muerde la cola", denuncia Martín. 

Algo similar sucede en Tierra Aranda. Desde hace al menos cinco años arrastran un problema de filtración de agua desde una zarcera ubicada en la Plaza del Trigo. De ahí que su presidente, José Antonio Gallardo, abogue por realizar revisiones y que, aparte de las subvenciones, se preste atención a este tipo de cuestiones. Propone elaborar una especie de inventario con las reparaciones que hacen falta y que "vienen de fuera", es decir, de la calle. En su caso particular, el agua que se filtra cae encima de un arco, la arcilla se empapa y termina por hacer que caiga la tierra. 

Media bodega encharcada. Mientras, en la bodega de La Amistad el panorama no es mucho mejor. Una gotera "bastante grande" y algún que otro problema en una galería "por falta de mantenimiento" han provocado pequeños desprendimientos, según detalla César Guerra. Desperfectos que se traducen en que media bodega esté prácticamente encharcada y, en consecuencia, inutilizable. 

Guerra considera que "la situación no es extrema, pero sí que se necesita mantenimiento". De hecho, agrega que "si nos hubieran dado las subvenciones, habríamos canalizado el agua". 

En el caso de El Chilindrón, al que le correspondía la subvención (el Consistorio suele entregar unos 10.000 euros que cada año se reparten entre dos peñas), tienen pensado reparar los desperfectos en las cubas antiguas. Su presidente, Pablo Blanco, advierte que están a la espera de las ayudas para evitar un deterioro mayor. Pero no sólo eso. Tampoco hay demasiadas personas que las sepan restaurar. Asimismo, detalla que les urge arreglar una puerta de madera de unos 150 años o los daños en un arco. "Hace falta una inyección más grande que las aportaciones de los socios. Por eso, reclamamos al Ayuntamiento que no nos olvide". 

En El Alboroto, Filomena les inundó una galería y les obligó a arreglar la instalación eléctrica. Después, por esa misma zarcera les han caído "muchos cascotes" de una obra en la Plaza de la Constitución, un tema que, como indica su presidente, Javier González, todavía no han resuelto con el Ayuntamiento.

Finalmente, la que no ha salido mal parada del todo es la bodega Niño de la Capea. Roberto Colomo precisa que hay bastante ventilación y que, por ahora "aguanta". No obstante, tienen previsto cambiar las escaleras ya que algunos tramos se han agrietado.