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Las Hermanas de la Caridad se van de Oña después de 53 años

S.F.L.
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Las tres últimas religiosas abandonarán la residencia de San Salvador el 29 de julio. Los empleados que compartieron tiempo con ellas también en el Monasterio destacan su impecable labor con los usuarios

Imagen de archivo de una visita realizada por miembros de la Diputación en el psiquiátrico oniense el 19 de julio de 1977. - Foto: FEDE.

Llegaron a Oña hace ya 53 años de diferentes puntos del país y el próximo viernes 29 de julio se despedirán del que ha sido su hogar. Las tres religiosas pertenecientes a la comunidad Hijas de la Caridad que aún quedan en la residencia para mayores de San Salvador, Sor Ana, Sor Esther y Sor Matilde, dejarán de atender no solo a los residentes del centro, sino a todos los vecinos de la villa que durante más de medio siglo han requerido sus servicios. Sobre el motivo de su marcha nada se sabe y ellas, sin dar demasiado ruido, preparan un nuevo viaje hacia destinos desconocidos.  

Con la transformación del Monasterio oniense en hospital psiquiátrico provincial en 1967, después de que la Compañía de Jesús vendiera el inmueble a la Diputación de Burgos por 24 millones de pesetas, la zamorana Sor Josefina y cuatro compañeras más fueron las primeras en aterrizar en el pueblo en 1969. Semanas antes de la llegada de los primero pacientes, el 19 y 20 de agosto, fueron supervisando el acondicionamiento de las instalaciones para que las 250 personas procedentes del hospital psiquiátrico de Santa Águeda de Mondragón dispusieran de todas las comodidades.

 La carga de trabajo fue importante y a mediados de los años 70 tuvieron a unos 500 pacientes a su cargo, y en los 80 cerca de 700. Algunos exempleados destacan la labor de Sor Teresa como jefa de cocina ya que «dar de comer a tanta gente y organizar todo el proceso culinario no fue tarea fácil», afirma Begoña. Función importante también la que ejerció Sor Matilde (que todavía reside en Oña) tras años de servicio como asistente social. «Una dedicación plena al necesitado que no tiene precio y que produce gran admiración. Es notable reseñar como los pacientes siguen recordando con cariño el nombre de muchas de ellas y habrá un antes y un después tras su marcha», añade Álvaro, otro trabajador.

Los vecinos de la localidad recuerdan con cariño anécdotas en las que intervenían las religiosas. Curaban brechas, heridas, atendían partos y todo lo que surgía. Figura a destacar en este aspecto corresponde con Sor Esther, enfermera, que a más de un niño tuvo que coserle unos puntos de sutura en la cabeza o en las extremidades.

Desde la Diputación, apenados por su partida, expresan su agradecimiento «por haber contado con un personal tan entregado al cuidado de los residentes». 

Atención a los heridos en el Hospital Militar.

Antes de cumplir sus funciones en el hospital psiquiátrico del Monasterio de San Salvador y actualmente en la residencia para mayores, la comunidad Hijas de la Caridad trabajó en Oña durante la Guerra Civil. 28 religiosas atendían a los heridos que trasladaban al Hospital Militar, inaugurado el 19 de marzo de 1937 y que dejó de funcionar el 3 de julio de 1939.

La instalación fue gestionada por la Cruz Roja y contó con una amplia plantilla de personal sanitario durante sus más de dos años de funcionamiento: 12 cirujanos jefes y 14 ayudantes; 21 médicos (6 de ellos italianos) y 3 ayudantes; 7 practicantes; 5 farmacéuticos; 92 enfermeras y 8 auxiliares.

La mayoría de los enfermos acogidos pertenecían al bando nacional, pero, tras la caída de Santander, ingresaron dos centenares de republicanos. Una muestra de su importancia fue la visita de Carmen Polo, la mujer de Francisco Franco.