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La exportación, motor de la producción

Vidal Maté
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Aunque hay flecos por pulir, las ventas en el exterior son un pilar imprescindible para la producción agroalimentaria española

La exportación, motor de la producción - Foto: Patricia González

Las ventas en el exterior de los productos agrarios y agroalimentarios españoles se situaron en el último año en más de 60.000 millones de euros, lo que supone una cifra récord para el sector exportador con un incremento del 11% sobre el año anterior. Estos resultados no han sido fruto de la casualidad ni han llegado a causa del final de la pandemia, sino que son el resultado de una política de cara a los mercados exteriores continuada en la última década y que ha supuesto incrementos medios anuales por encima del 6%, lo que ya sitúa España entre los grandes países exportadores en el sector como Italia, Alemania o Francia. Exportar más y a buen precio es la mayor respuesta para producir más y con más rentabilidad.

El éxito de la evolución de las exportaciones españolas se basa fundamentalmente en variedad de oferta, volumen suficiente, calidad de sus productos y, en algunos casos, en periodos sin competencia con otros países. En contra de las ventas españolas en el exterior juega operar en muchos casos básicamente por precios bajos, en otros no dar el valor añadido necesario a los productos, el abuso de la venta de graneles y abordar los mercados de una forma dispersa por todos los operadores.

A la cabeza de las exportaciones se hallan las frutas y las hortalizas con un volumen en conjunto de casi 14 millones de toneladas frente a unas producciones medias de 26 millones de toneladas. De ese volumen, las exportaciones de hortalizas ascienden a una media de 5,7 millones de toneladas por valor de unos 6.500 millones de euros, junto a 7,6 millones de toneladas de frutas por valor de más de 9.000 millones. El resto de los países europeos son los principales destinatarios, entre otras razones porque aún existen dificultades para abrir nuevos mercados en terceros países, desde Estados Unidos a Japón.

La exportación es pieza clave para seguir produciendo y aumentando las superficies de cultivo sin provocar excedentes como sucediera años atrás con el cierre de la frontera rusa. El sector viene reclamando sin éxito una política comunitaria que suponga nuevos acuerdos con terceros países para evitar cierres proteccionistas artificiales de sus fronteras.

Las carnes constituyen uno de los sectores que han logrado un mayor incremento de las exportaciones, con un volumen de 3,2 millones de toneladas por un valor ligeramente superior a los 9.000 millones de euros; el porcino ha ejercido y se mantiene como el principal motor en el exterior. Las exportaciones han sido a la vez las impulsoras de su crecimiento hasta una producción superior a los cinco millones de toneladas que le sitúan como el segundo país productor de la UE, solo por detrás de Alemania. Frente a esta oferta, las exportaciones se elevan ya a 2,3 millones de toneladas.

De esos 9.000 millones, 7.700 corresponden solo a las ventas del porcino, fundamentalmente carnes frescas, congeladas y subproductos, a los que se suman ventas de elaborados por unos 300 millones. China ha sido tradicionalmente el principal mercado para el porcino español con ventas hoy de 1,2 millones de toneladas de carnes y de otros subproductos por un importe total de casi 3.000 millones de euros. El mercado chino ha registrado en los últimos años fuertes oscilaciones. Al alza desde 2019 como consecuencia de la peste porcina que eliminó cientos de miles de granjas y en descenso en 2021 a consecuencia de la recuperación de la actividad, aunque sigue siendo un mercado importante junto a Francia, Italia, Portugal y otros países asiáticos aparte de la propia China.

En otros sectores ganaderos como la avicultura, fundamentalmente el pollo, las ventas en el exterior apenas sin llegan al 10% sobre una producción de 1,7 millones de toneladas. Una situación similar es la existente en los huevos, con una producción de unos 1.300 millones de docenas y donde las ventas se hacen fundamentalmente vía ovoproducto. En carne de vacuno, sobre una producción de unas 700.000 toneladas, la exportación supone el 20%, tanto en forma de carne como, últimamente, con la venta de animales vivos, sobre todo para el norte de África y los países del Golfo Pérsico.

Por lo que se refiere a la leche, aunque España ha sido históricamente un país deficitario, los precios más bajos han abierto posibilidades para la exportación, sobre todo de productos derivados como nata, mantequilla y, especialmente, queso en un volumen total equivalente a unas 600.000 toneladas de leche por un montante de 1.271 millones de euros.

Vino y aceite.

En el aceite de oliva, sobre unas producciones medias de 1,7 millones de toneladas, las exportaciones suponen el gruesos de las ventas con unos volúmenes que llegaron a 1,1 millones de toneladas en 2019, pero que se mantienen en unas cifras medias entre las 800.00 y las 900.000 toneladas por unos 3.000 millones de euros, frente a una demanda interior muy estabilizada que ronda las 550.000 toneladas para consumo directo, a las que se suman partidas reducidas para las conservas. Ello supone que la producción de aceite de oliva y, sobre todo, los planes para su desarrollo en cultivos intensivos en regadío o en espaldera, solo son posibles si se mantienen e incrementan las ventas en el exterior.

En el volumen de las exportaciones destacan las más de 300.000 toneladas que se colocan anualmente en Italia, básicamente de graneles para atender su demanda interna y en muchos casos también para ser utilizados en su exportaciones como aceite comunitario. Es un punto negro del aceite español sin resolver. Además de otros países comunitarios como Francia, el aceite español tiene como una salida muy importante por volumen y precios el mercado norteamericano con ventas de unas 140.000 toneladas una vez superados los problemas de los aranceles; también tienen peso algunos países asiáticos como Japón, aunque con ventas más reducidas.

La exportación es igualmente indispensable para los vinos espumosos. El cava coloca dos terceras partes de su producción en el exterior. Y para el conjunto de los vinos tranquilos, frente a unas producciones medias de 37 millones de hectolitros y campañas de 42 millones, la demanda interior para consumo directo apenas si supera los 10 millones de hectolitros, lo que da una idea de la importancia de las ventas en el exterior. Este importante desequilibrio se solventa con la exportación de un volumen que, con ligeras oscilaciones, se sitúa entre los 21 y los 23 millones de hectolitros con una facturación de 2.900 millones de euros; se trata de unos precios medios muy bajos que rondan 1,25 euros por litro como consecuencia de la venta de mucho producto a granel a menos de 0,50. El principal problema que tiene el sector es lograr que la calidad media de su oferta sea valorada en precio por los mercados. Francia vende su vino a un precio medio de más de siete euros litro e Italia lo hace a más de tres euros.

Entre otras exportaciones que han logrado una cierta importancia en los últimos años se halla la venta de paja, básicamente para los países del norte de África y del Golfo, así como forrajes para alimentar en muchos casos a animales de ovino y vacuno procedentes también de España.