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Tensión en Santa Catalina por temor a convertirse en gueto

I.M.L.
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Mínima iluminación de las calles, aceras estrechas y socavones en el asfalto copan sus quejas. Sostienen que "la dejadez llama a la delincuencia"

Los vecinos del entorno de la calle Hontanar hacen piña para que sus quejas sean escuchadas. - Foto: I.M.L.

Intentos de robo, y robos consumados, bolsas de basura en las puertas, chicles en las cerraduras, peleas, merodeadores continuos, consumo de drogas y, ahora, okupas. Este es el panorama que soportan desde hace semanas los vecinos que residen en la barriada de casas bajas entre las calles Santiago y Fernán González, en el barrio de Santa Catalina, donde viven en torno a 130 vecinos. El hartazgo les ha llevado a unirse para reivindicar que el Ayuntamiento de Aranda les solucione una situación que les hace vivir con miedo.

"Yo llevo aquí viviendo 37 años y a mis años tengo miedo a venir sola a casa", confiesa María Jesús Andraiz. "Desde las 6:30 horas de la mañana ves a gente vigilando a ver quién entra y quién sale, eso acojona, yo antes de irme a trabajar doy una vuelta a toda la manzana mirando a ver si hay gente en los tejados", relata Laura Sualdea. "Yo no puedo dejar a mi hija ir sola a por el pan, la mayor ya no quiere porque tiene miedo, estamos totalmente observados", añade Verónica Pascual.

El sentir general de los vecinos es que esta situación viene motivada por "el abandono y la desidia por parte del Ayuntamiento" hacia esta zona. "Estamos a cinco minutos del centro pero parece que vivimos en un pueblo de los años 60", pone de manifiesto Verónica.

Además de no tener acceso a una conexión decente de internet, "en pleno siglo XXI la electricidad es trifásica, pero aquí es bifásica y tengo que tener un transformador", explica Pascual, que es una de las vecinas que acaba de arreglar una de esas casas para vivir con su familia.

En el espacio público es dónde más problemas denuncian. "Además de los socavones de las calles, las aceras son superestrechas y es imposible ir con un carrito de bebé, mucho menos con una silla de ruedas", explica Verónica los problemas de accesibilidad, que se suman a la estrechez de las propias calles. "Es vital y superurgente que se pongan con el tema del tráfico por seguridad, no puede entrar ni la ambulancia ni el camión de los bomberos", resalta Laura Sualdea, que recuerda que "se ha pedido que se reorganice el tráfico en la zona, que hagan respetar las zonas amarillas y los vados, y que pongan el aparcamiento sólo a un lado".

Otra cosa es la iluminación de las calles. Además de pocas farolas, las que hay no son capaces de iluminar lo suficiente, lo que es un parapeto para aquellos que buscan la oscuridad para evitar ser vistos. "Igual que el orden llama al orden, la dejadez llama a la delincuencia, porque se va dejando abandonada la zona", lamenta Sualdea.

Los vecinos sospechan que, de seguir así, la situación se va a cronificar y el barrio en general, y esta zona en particular, terminará siendo un gueto. "Si no toman medidas, esta zona se va a deteriorar más y será un lugar denigrado total", lanzan los vecinos a modo de aviso para navegantes, es decir, para el Ayuntamiento.