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Gran prueba de fuego

Agencias-SPC
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Macron evalúa el apoyo ciudadano antes de las presidenciales en sus primeras elecciones regionales, a las que se presenta con pocas opciones y una extrema derecha en auge

Gran prueba de fuego - Foto: POOL

Abofetear al presidente francés, Emmanuel Macron, y rociar de harina al líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon son algunos de los últimos episodios que han crispado la recta final de la campaña de las elecciones regionales, que se celebran este domingo con la ultraderecha como favorita.

«El ambiente político está crispado», constató hace unos días la presidenta de la región parisina, la centroderechista Valérie Pécresse, favorita para renovar su mandato en la zona más poblada y rica de Francia.

Los incidentes contra cargos públicos se han multiplicado en las últimas semanas. El sopapo que recibió Macron el pasado 8 de junio copó todas las portadas, pero no fue el único. Menos de una semana después, Mélenchon fue embadurnado con harina mientras hablaba con la prensa por un autodenominado «ultranacionalista de izquierda». Horas después, un candidato a las regionales y un militante del partido ultraderechista Agrupación Nacional (RN) denunciaron haber sido agredidos mientras pegaban carteles electorales en Arles.

Fatigados por las restricciones sanitarias, que se han suavizado en las últimas semanas, y bajo la continua amenaza de los atentados yihadistas, los franceses están llamados a las urnas en unos comicios regionales que eligen a representantes territoriales por un mandato de seis años.

Aunque la república gala es un país aún con muchas competencias centralizadas, las regiones tienen algunas importantes, como la gestión de los transportes públicos y de los programas europeos, el turismo y la formación profesional.

Por eso, aunque muchos consideren que este tipo de comicios apenas tienen importancia, sí determinan quién dirigirá buena parte de las competencias de los ciudadanos.

Difícil estreno

La cita, que estaba prevista para marzo pero fue aplazada por la pandemia, es vital para La República en Marcha (LREM) de Macron, venida a menos en los más de 14 meses de pandemia por su gestión de la crisis sanitaria. Es más, el propio mandatario ha visto cómo su popularidad va en picado y se ha propuesto recuperarla con un Tour de Francia de las regiones. Esa gira, que comenzó con la accidentada bofetada al mandatario, fue solo una maniobra para intentar escapar a un descalabro político prácticamente inevitable, a pesar de situar como cabezas de cartel a varios ministros.

Inexistente en los últimos comicios de 2015 -se creó para las presidenciales de 2017-, la formación debuta en una cita de este tipo y teme seguir sin apenas representación en los Parlamentos territoriales, donde el bipartidismo  -el conservador Los Republicanos y el Partido Socialista- corre el riesgo de volver a sufrir un severo varapalo, aunque en este caso a manos de la extrema derecha.

Según los últimos sondeos, el RN de Marine Le Pen encabezaría cerca de la mitad de las 13 regiones en liza en la Francia metropolitana. Se prevé, eso sí, una abstención récord, superior al 50 por ciento.

El partido de extrema derecha crece especialmente en algunas regiones donde ha tenido históricamente menos implantación, como la Bretaña y la Nueva Aquitania. Allí podrían encabezar en la primera vuelta, aunque tendrían dificultada en vencer en la segunda si las listas progresistas hacen frente común.

No obstante, el auge de los radicales podría quedarse por debajo del resultado de 2015, cuando rozó el 30 por ciento de todos los votos.

En las regionales, el sistema a dos turnos permite a una lista que saque más del 50 por ciento ahorrarse una segunda ronda. En caso de que ninguna lo alcance, aquellas con más de un 10 por ciento pueden disputar el definitivo segundo turno -a diferencia de las presidenciales, donde cuentan solo los dos más votados-.

Frente común roto

La ultraderecha se ha convertido en el enemigo a batir por el resto de fuerzas políticas, que pueden decantar la balanza ante su falta de acuerdo para formar un frente común. De hecho, la tradicional alianza en las segundas vueltas -que unía a conservadores y progresistas para hacer frente a los extremistas- está cada vez más resquebrajada, de acuerdo con los sondeos.

Para la presidenta de la región parisina Pécresse, «la diabolización del Frente Nacional (antigua marcar del RN) ha naufragado». Ese fracaso se debe, en su opinión, a que no se ha abordado una estrategia eficaz.

El resultado de estos comicios podrían ser un termómetro de cara a las presidenciales de 2022, en las que también se augura un auge de la extrema derecha de Le Pen ante un Macron debilitado, pero que podría levantarse en los próximos meses.