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Camino de Santiago

MARTÍN G. BARBADILLO
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"En el Camino de Santiago se cruzan pueblos que desbordan historia como Belorado, Villafranca Montes de Oca o Castrojeriz. A ti te pueden parecer como tantos otros, pero si eres un noruego que los atraviesa en abril, tienes que alucinar"

Peregrinos por el paseo del Espolón. - Foto: Valdivielso

¿Qué es? Una ruta de peregrinación cristiana que tiene como destino Santiago de Compostela, lugar donde, según la tradición, se encuentran los restos del apóstol del mismo nombre.

Edad. Hace mil años estas calzadas ya eran surcadas por peregrinos.

En el camino. On the road again. En el camino, sí. En este caso se trata de una ruta antigua que ha tenido significados distintos a lo largo del tiempo, con momentos de esplendor y otros de decadencia; ha movido a millones de personas y ha acercado conocimientos de orígenes variados a estos páramos. En el pasado fue, en cierto modo, el internet de la época.

¿Cómo? Sí. De hecho, se puede decir que fue el 5G, la tecnología top. Imagínate la Edad Media y sus limitaciones, y piensa en un camino que traía por aquí a ciudadanos europeos con sus ideas, modas y tendencias. 100 kilómetros fuera de esta ruta debía de ser como vivir sin wifi.

¿Era como Ibiza? Bueno, salvando las distancias, pero congregaba a sus fans, tantos que de hecho se creó una potente infraestructura para atenderlos.

Lo que te estoy diciendo, como en Ibiza. Lo que tú digas. Se desarrolló una industria 'turística', y sus promotores y gestores han pasado a la historia. No lo han hecho como empresarios millonarios, a la manera de los de la costa mediterránea, sino como santos. Es el caso de San Lesmes, San Amaro o San Juan de Ortega. Demostraron mejor gusto arquitectónico que sus sucesores del turismo actual. En la ciudad quedan como ejemplo, entre otros, el monasterio de San Juan, el Hospital del Rey (actual sede de la universidad), y en la provincia el monasterio de San Juan de Ortega. Todos ellos alojamientos de peregrinos. Nada que ver con Torrevieja.

Arte por los cuatro costados. Sí. De hecho, todo este arte, y lo que el Camino significa, lo han convertido en Patrimonio de la Humanidad. En esta ciudad hay tres; la catedral y los yacimientos de Atapuerca son los otros. El Camino tiene la singularidad de que no es un elemento físico delante del que te puedas plantar con la boca abierta y admirarlo. La ruta no está vallada ni adoquinada con baldosas amarillas como en el Mago de Oz, aunque está indicada con señales de flechas y conchas, precisamente amarillas. Es una idea, una atmósfera, una senda personal o mental.

Qué profundo te pones. Algo tangible se podrá ver. Por supuesto. En su recorrido por esta provincia, el Camino de Santiago es como la famosa Ruta 66 de los Estados Unidos: discurre de este a oeste, atravesando el territorio por el centro, por lo profundo.

De Chicago a Los Ángeles. De Redecilla del Camino a Itero del Castillo, en este caso. Se entra en la provincia por paisajes de aires todavía riojanos; después llegan llanuras agrícolas, se cruzan los Montes de Oca y más llano hasta la capital. Desde la ciudad hasta el final de la provincia se suceden los páramos y las planicies sin fin. Cielo y horizonte.

Es como un western crepuscular. Sí. Es una etapa de la ruta muy apropiada para la introspección. Uno se siente diminuto en un paisaje infinito sin esquinas ni contornos. Se planta frente a sí mismo, siempre caminando hacia la puesta del sol. De eso también va el Camino de Santiago.

Sigues místico. Me estoy impregnando del Camino. Se cruzan pueblos que desbordan historia como Belorado, Villafranca Montes de Oca o Castrojeriz. A ti te pueden parecer como tantos otros, pero si eres un noruego que los atraviesa en abril, tienes que alucinar.

¿Noruego? Es un ejemplo. La mayoría de los peregrinos son extranjeros y dan color a los pueblos incluso en las épocas en las que muchos de ellos no acogen ni a una docena de vecinos. El Camino está de moda y han surgido, como en el medievo, ciertos servicios que dan vidilla a esta España ultravacía, desde albergues o restaurantes hasta negocios que llevan las mochilas de los peregrinos en furgoneta hasta el final de la etapa del día.

Me estás dando ideas, porque estoy harto de mi curro. Piénsatelo bien primero. En Burgos ciudad, los peregrinos también se hacen notar, forman parte del paisaje. Una de las señales de que ha llegado la primavera es que se les empieza a ver. Te contaré algo: yo vivo en pleno Camino de Santiago. A veces, cuando por la mañana llevo al niño al colegio, esperamos en el paso de cebra junto a dos coreanas, un italiano y una danesa que nos sonríen como dicta el código del buen guiri. Le da un aire cosmopolita al entorno.

Eso está bien. Sí, porque no solo sucede en el centro. Como la ruta atraviesa la ciudad entera, te los topas también los barrios por los que pasa. Es una sensación curiosa porque tú eres el aborigen que está a sus cosas: comprando en una carnicería en Las Calzadas o volviendo con el pan. Eres como el extra de su película, pagado, ya te he dicho, casi siempre con una sonrisa. La mayoría hace noche en la ciudad, la última población de cierto tamaño hasta León, y muchos pernoctan en el albergue situado en Fernán González, a una patada de la catedral.

¡Qué suerte! Se lo tienen ganado. Tendrías que ver el aspecto de hechos polvo con el que llegan algunos. Por las tardes, se juntan en los bares de enfrente; parece una fiesta Erasmus. Está bien ver color.

Pues podemos pasarnos a tomar una. Siempre estás con lo mismo.

Si quieres parecer integrado. Cuando te cruces con un peregrino dile "buen camino".

Nunca, nunca, nunca... Grites a un peregrino que no habla tu idioma cuando te pregunte algo. No funciona así.