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«Nuestras expectativas de arranque se han superado con creces»

H. Jiménez / Burgos
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Tras solo seis meses de vida, la primera universidad 'online' de Castilla y León ha cambiado de rector. Gómez Barahona (Miranda de Ebro, 1960) afronta esta nueva etapa con el objetivo de consolidar el buen comienzo

«Nuestras expectativas de arranque se han superado con creces» - Foto: Jesús J. Matías

 
 
Doctor en Derecho, ha estudiado e impartido clases en las universidades de Valladolid y de Burgos, y en la UBU llegó a ser decano de Derecho. Forma parte del grupo de 12 pensadores que puso en marcha el Gobierno regional y presidió durante 10 años el Comité de Disciplina Deportiva de Castilla y León. Ha sido incluso portero del Mirandés y ahora le toca ejercer el liderazgo de un nuevo concepto de formación universitaria.
¿Cuánta plantilla y alumnos tienen ahora mismo?
La plantilla hay que diferenciar entre plantilla de profesores, administración y servicios, consultores… hay distintas categorías, pero en estos momentos hay 42 personas laborales y 80 y tantos consultores, que no es la figura del profesor tradicional, más el equipo de dirección y gestión. En cuanto a alumnado, teniendo en cuenta todos los estudios estamos en torno a los 2.100.
¿Es más o menos de lo que se planteaban cuando la Universidad arrancó?
Éramos más cautos desde el punto de vista del análisis del plan de viabilidad, y nuestras expectativas se han superado con creces.
¿Y eso es bueno o corren el peligro de que los alumnos sobrepasen las dimensiones que tenían preparadas?
No, en absoluto, porque precisamente la universidad online lo que aporta es mucha flexibilidad. Los contenidos existen, los consultores también, y con hacer la apertura de aulas digitales es suficiente, así que en nada afecta los parámetros de calidad. Prueba de ello es que nuestra primera evaluación de calidad ha arrojado una altísima satisfacción por parte de los alumnos.
Hace solo medio año que se puso en marcha la Universidad y ya ha habido un relevo en el doctorado. ¿Por qué tan pronto?
Ha sido un relevo natural, solo tenemos 6 meses de vida desde que nos dieron la autorización de funcionamiento pero es un proyecto que arrancó en el 2008. Son seis años largos de trabajo, ha habido que hacer muchas cosas y nuestro rector cuando comenzó a trabajar en este proyecto ya tenía 68 años y ahora tenía 74. Él se comprometió a la puesta en marcha de la universidad y así lo hizo, pero una vez nacido el proyecto el esfuerzo era muy alto e Isidoro González pensó que ya había cumplido con su compromiso. Ahora todos mantenemos una relación excelente con él y es un referente para todos nosotros, porque nos ha enriquecido muchísimo lo que hemos aprendido de él.
¿Pretende introducir alguna novedad al incorporarse al cargo?
Yo no vengo a innovar nada, sino a asentarme en el equipo, que es lo importante. Hay que ser prudente, nuestra universidad acaba de nacer y ahora hay que consolidarla y seguir el plan estratégico y nuestra identidad, que está en el propio nombre. Somos la Universidad Internacional Isabel I, así que la vocación internacional es clara, rotunda e inequívoca. Tenemos el proyecto de trasladar todas las enseñanzas a los países lusófonos, una idea que está en nuestro ADN desde el principio, así como a los países tanto de América del Norte como del Sur, en un caso por la comunidad hispano parlante en crecimiento y en el otro por la potencialidad de estudiantes que es muy alta.
¿Cuál es la procedencia actual de sus alumnos?
Es muy variada. Menos del 10 por ciento son de la provincia Burgos, menos del 20 por ciento son de Castilla yLeón y del restante 80% entre un 6 y un 7% son internacionales, lo cual para los seis meses de vida que tenemos es una cifra muy elocuente.
La Universidad Isabel I, en definitiva, tiene su sede en Burgos porque los inversores que la impulsaron son de aquí...
Bueno, hay de Burgos, de Valladolid, de Madrid, del Instituto Piaget (Portugal)... Hay gente que en su origen planteó que se ubicara en Burgos para que Castilla yLeón se sumara a un tipo de formación, la llamada e-learning, que en España estaba generando un volumen de negocio de unos 1.500 millones de euros. Y nosotros teníamos la sensación de que nuestra región, que ha visto nacer y crecer a grandes universidades a lo largo de los siglos, se estaba quedando al margen de un proceso que llevaba 20 años en Cataluña o en Madrid. Y se hace una apuesta por un proyecto regional con sede en Burgos, aunque con clarísima vocación nacional e internacional. Cualquiera que piense que viene a competir con las universidades presenciales de Castilla yLeón creo que está desenfocado. Y las cifras nos han dado la razón al cumplirse nuestras expectativas.
¿Han superado esas reticencias de quien les recibió con miedo al principio?
Eso habría que preguntárselo a los que las tienen o las han tenido.
¿No ha tenido oportunidad de comprobarlo entre sus propios compañeros, todavía en la UBU?
Sí, bueno. Yo creo que lo irán superando progresivamente si aún no lo han hecho. Insisto en que son dos cosas distintas. Una es presencial, la nuestra es online, en las presenciales la mayor parte de los alumnos son jóvenes de 18 años, en las online son en su mayoría mayores de 35, han hecho otra carrera y tienen otra dinámica profesional. Así que son totalmente complementarias, y además esta diversidad es enriquecedora. Estoy seguro de que en muy poquito tiempo se colaborará con las presenciales. 
¿Lo dice porque ya tienen algún proyecto entre manos?
No, no, es que es la evolución natural de las cosas. Cuando algo nace puede despertar recelos, pero cuando se consolida se genera confianza y cómo no vamos a colaborar con las universidades regionales o incluso nacionales. El objetivo es el mismo, la generación del conocimiento y el desarrollo de la investigación, y en eso no se puede hablar de competencia sino de complementariedad.
¿Cómo es su relación con la Junta, de la que dependen a través de la Consejería de Educación?
La Consejería fue tremendamente exigente en el proceso de implantación pero nuestra relación es correcta, es cordial y confiamos en que con el día a día, contrastando lo que estamos haciendo, si ahora las relaciones son buenas que sean mejores. 
¿Qué aporta la enseñanza online que no tuviera la UNED, un modelo que es tradicionalmente más conocido entre la población?
La enseñanza a distancia normalmente consistía en transmitir unos apuntes, que ahora igual cuelgan como PDF en la red, pero eso no es formación online. Este tipo de formación está muy inspirado en el modelo de Bolonia en el que el trabajo y la participación del alumno son muy importantes y en la que se da un constante interactuar entre el profesor y el alumno, porque lo importante no es la idea tradicional de clases, apuntes y exámenes. Hoy el conocimiento nos llega por todas las vías, y la formación consiste en construir ese conocimiento a partir de la gran cantidad de información que se tiene. El profesor pasa de transmitir a orientar, de mandar a coordinar. Y al no existir esa presencialidad, en la red todo es más fácil: participar en un foro, contestar un correo electrónico... Se interactúa mucho más, es una nueva metodología, hay una evaluación continua y mejor aplicada a la realidad de cómo vas a trabajar, porque ahora la mayoría estamos con ordenadores y con la red. Es la forma de aprender propia del siglo XXI, utilizando las nuevas tecnologías y rompiendo los límites de espacio y de tiempo.
¿No es necesario siempre un mínimo contacto entre profesor y alumno, al menos que la gente se conozca entre sí y se enriquezcan mutuamente?
Claro, es que sí que se conocen. Participan a través de la red, hay una cafetería virtual, y también hay elementos reales. Nos consta que los alumnos quedan para reunirse, se ven en los exámenes que siempre son presenciales, coinciden en las prácticas... Nosotros examinamos en todas las comunidades de España de manera simultánea. Se facilita la presencialidad y se hace mucho más fácil el proceso de aprendizaje.
La idea de la Universidad Isabel I surge con unos inversores que pretenderán recuperar el dinero ¿Cómo se encuentra el proyecto financieramente?
No se trata estrictamente de recuperar la inversión, pero es un proyecto que en plena crisis ha nacido sin ningún tipo de dificultad, que se desarrolla con normalidad, que está cumpliendo las previsiones de su plan de negocio. Su plan de expansión se espera que se autofinancie con total normalidad y desde el punto de vista financiero la normalidad es la nota que caracteriza al proyecto. Es un esfuerzo exigente, que en este momento complicado ha generado puestos de trabajo, y que además tiene una dimensión social que al erario público le está costando cero euros.
¿No tienen ayuda pública?
Absolutamente nada. Y tenga en cuenta que estamos formando a 2.000 personas. Si un alumno del sistema público puede costar 7.000-8.000 euros al año, pues no hay muchas más explicaciones que dar... Lo que no se gastan aquí pueden emplearlo en la sanidad, por ejemplo. Porque además los precios de nuestras matrículas, en las que un curso completo puede costar unos 3.000 o 3.600 euros, unos 300 euros al mes. Eso es lo que cuesta un estudiante de secundaria en un centro concertado, así que estamos consiguiendo que pueda estudiar más gente, por ejemplo del medio rural que pueden hacerlo sin tener que desplazarse.
¿No es una formación elitista, al tratarse de un centro privado, como algunos pueden pensar?
En absoluto es elitista, los precios te lo están diciendo. Un curso completo por 3.600 euros sin necesidad de un alojamiento en otra ciudad diferente, ni de desplazarse continuamente, sin coger el coche, el autobús... Más social diríamos que es imposible. ¿Elitista? Al revés. Los recursos de una familia no son un elemento que impidan estudiar en una universidad como la nuestra. Todo lo contrario, lo facilitamos. 
¿La formación que obtiene un alumno aquí es totalmente equiparable a la de una universidad presencial?
Total y absolutamente. Nuestros estudios han sido acreditados por una gerencia de calidad, igual que los de la Complutense de Madrid o los de la Sorbona de París. E incluso puedo decir que la formación puede ser tan rigurosa o mayor, porque el alumno trabaja más fácil y más cómodo. Porque además quien ha optado por una formación online es un alumno más convencido, que no solamente quiere aprobar sino también saber. Y su participación en la metodología que se emplea es muy importante, y acaba generando una comunidad de conocimiento.
¿Les ha ayudado la crisis para que alguien que pensara en estudiar en otra ciudad distinta a la suya haya optado por ustedes?
Puede que sí, pero lo que nos ayuda es que cada vez estamos en una sociedad digital. La gente ha tomado conciencia de que las posibilidades que ofrece la red para la formación son infinitas. Le doy algunos datos: el 33% de las empresas españolas hacen formación online. En Estados Unidos es el 50%. Lo que nos está dando facilidades es que la sociedad ha tomado conciencia de que la red es un marco idóneo para los procesos de aprendizaje. Y quien experimenta repite. Nuestra matrícula, por ejemplo, creció tras el primer periodo gracias al boca a boca.
¿Cuántos proyectos hay en España similares al suyo?
Podemos hablar de cuatro: la Universitat Oberta de Catalunya, la Udima de Madrid, la Unir de La Rioja y la Viu de Valencia. Son todos proyectos sólidos y asentados.
¿Qué planes manejan en el futuro inmediato? Cómo van a concretar su proyecto de internacionalización?
De cara al futuro, lo primero es la consolidación. Eso lo tengo muy claro. Somos muy jóvenes, todo lo que estamos haciendo bien hay que afianzarlo y tener siempre la tensión de mejorar, así que consolidarnos es el primer paso. Luego queremos poner en marcha nuevos estudios que consideramos muy interesantes, y como tercer paso la internacionalización que tiene que ser natural. Porque uno de nuestros socios es el Instituto Piaget, que tiene universidades presenciales en todos los países de lengua portuguesa del mundo, pero en esa lengua no hay universidades online de referencia y queremos cubrir esa necesidad. Por otra parte, tenemos ya contactos con distintas universidades latinoamericanas que quieren trabajar con nosotros en proyectos comunes.
Además, quiero destacar el equipazo que tenemos, porque esto no es una cosa únicamente del rector o de los promotores, y cómo estamos dando oportunidades a gente extraordinariamente formada. Este país ha producido miles de doctores, con idiomas, etc, que el sistema no podía absorber, y nosotros lo estamos intentando. Es gente muy joven, con dominio de las tecnologías, con entusiasmo... España tiene un gran capital para desarrollar proyectos de educación, que pueden ser públicos o privados. La diversidad enriquece, y el debate entre un modelo y otro me parece estéril. 
¿Qué titulaciones van a poner en marcha?
Hemos presentado tres grados, aunque sumaríamos algunos máster. Queremos poner en marcha Diseño, que tiene aplicaciones en el mundo industrial, gráfico, de moda o de interiores. Además hemos apostado por Arquitectura, mediante una modalidad semipresencial, porque las carreras técnicas españolas tienen un gran prestigio en el exterior. Y será novedosa Ciencias de la Seguridad, pues es uno de los valores actuales principales, y no solo hablamos de seguridad física sino también en las redes. En cuanto a los máster buscamos una formación orientada a la empleabilidad, como Comercio Electrónico y Logística, otro sobre Seguridad Electrónica, otro de Docencia Digital porque nada tiene que ver un profesor presencial con uno online...
¿Se han marcado un límite de alumnado, una masa crítica a la que quieran llegar?
Tenemos unos límites que llevamos en las memorias, pero la ampliación de nuestra capacidad docente es muy sencilla porque basta con habilitar más aulas digitales y consultores. Porque nosotros no necesitamos más cuartos de baño o más metros cuadrados, así que es una cuestión mucho más flexible. En cualquier caso, este proceso sería progresivo si los alumnos siguen confiando en nosotros.
¿Cuál es ese límite que marcan sus memorias?
Están en torno a 60 alumnos por aula en los distintos grados y 110 en las especializaciones del máster, y ya hemos reforzado en algunas asignaturas trabajando con total y absoluta normalidad.