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Fernando González Urbaneja

Cartas desde 44 leguas

Fernando González Urbaneja


Empieza otro partido

21/06/2022

Tras las elecciones andaluzas la política española empieza otra ronda, otro partido. La abrumadora mayoría absoluta del PP confirma el vuelco en Andalucía e insufla viento de popa al PP que encabeza Alberto Núñez Feijóo. Si las anticipadas elecciones en Castilla y León dejó todo en tablas, abierto e inestable, los votos andaluces abren una etapa nueva. 

El horizonte electoral preceptivo advierte que estamos en vísperas de campaña total, el año 2023 hay que elegir ayuntamientos y regionales, y a fin de año generales. Todo está teñido de elecciones; incluso con la posibilidad de que se produzcan adelantos en Valencia e incluso de generales a la vista de la creciente debilidad del gobierno de coalición y de las expectativas económicas que no pintan favorables antes de 2024. 

Empieza otra partida en la política que puede rediseñar los repartos de poder e influencia. La mayoría absoluta de Andalucía, junto a la de Galicia muestran un Partido Popular recuperado tras algo más de un quinquenio de agonía en los tribunales y las urnas. No es aún un partido claramente ganador, las encuestas no le son favorables, a lo más apuntan empate con los socialistas y muchas dificultades para conforman mayorías. Pero el empujón andaluz añadirá puntos a la intención de voto favorable a Núñez Feijóo.

El óptimo para la sociedad española sería un esquema político de partidos de gobierno estables y cooperantes, con consensos básicos para afrontar con garantías la salida de la crisis. No es posible. Todo apunta a subóptimos de confrontación y competencia electoral, de muchas promesas y muchas críticas al adversario, incluido juego sucio. La polarización vino para quedarse, los nuevos partidos populistas que venían a dar un vuelco, a regenerar, han fracasado con estrépito; y a los viejos les cuesta regenerarse y regenerar la democracia. Otra partida que no levanta entusiasmo, que aporta poco porque no acierta a diagnósticas los problemas, ni a articular las soluciones. No hay tiempo para improvisar ni para ofrecer otras oportunidades; habrá que conformarse con subóptimos.