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Isabel Martín

Plaza Mayor

Isabel Martín


La pescadilla

21/06/2022

Las decisiones importantes en la vida siempre requieren sacrificios. Porque no se puede estar a setas y a roles, hay que elegir. Al igual que ante la carta de un restaurante, las opciones que te plantea la vida condicionan tu futuro y el de los tuyos. Pero algunas tienen al entorno como condicionante ineludible. 

Me dejo de ir por las ramas, porque esta reflexión parte de una conversación escuchada hace unos días. Todo parte de la despoblación que, en cierta medida, viene motivada por el desplome de la natalidad respecto a décadas anteriores. Si queremos que haya gente en los pueblos, los jóvenes tienen que tener hijos, pero para tener hijos hay que tener tiempo para educarles y atenderles, no ser padres ausentes. La solución a ese vacío parental es que uno de los progenitores deje su trabajo y se dedique a la crianza, lo que reduce los ingresos de la unidad familiar. Pero si se reducen los euros que entran en casa es difícil afrontar la crianza de menores, que se ha puesto también por las nubes. En redes leí a un padre que confesaba que, desde el día 20 de cada mes, en su casa sólo se cenaba pasta, de la comestible, no de la otra.

Sin dinero no se puede criar, para eso hace falta trabajar, pero si trabajas no tienes tiempo para criar. «Los abuelos estarán encargados de echar una mano», aseguraba alguien en el intercambio de argumentos. Pues bien, aunque pudiesen, los abuelos están para malcriar, no para hacerse cargo de una responsabilidad que deberían ejercer los padres. Es como tener un perro y que te lo pasee el vecino porque tú no tienes tiempo. Me parece una irresponsabilidad. 

Sin aumento de natalidad crece la despoblación, pero para que suban las cifras de nacimientos hace falta trabajar, y escasean los empleos en el medio rural. La pescadilla, aunque sea congelada, que se muerde la cola sin remedio.

ARCHIVADO EN: Plaza Mayor, Despoblación