Comienza la lucha contrarreloj para salvar el pinar de Neila

P.C.P.
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Medio Ambiente instala esta semana 32 trampas de feromonas para reducir la población de este tipo de escarabajos que ha secado miles de pinos y amenaza muchos más. Solo dentro del parque natural han detectado 55 focos gracias a un vuelo con dron

Copas secas. El ips acuminatus ataca primero las partes más finas de la corteza, por eso la plaga se aprecia mejor a vista de dron. - Foto: Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos

Mes y medio. Ese el tiempo del que  calcula disponer el Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos para desplegar todo su ejército contra la plaga que amenaza el futuro del bosque de Neila, uno de los pulmones verdes de la provincia. Esta misma semana comienzan a instalar 32 trampas de feromonas para intentar reducir la población de ips acuminatus, la especie de coleópteros que ha secado miles de pinos silvestres y amenaza muchos más, tanto dentro del Parque Natural de las Lagunas como en el monte colindante de Huerta de Arriba. Esa será la vanguardia del ataque, que tiene otras 2 líneas de actuación: la corta y extracción de todos los ejemplares afectados que sean capaces de sacar, y la reducción al mínimo de las cortas de árboles sanos en este territorio durante al menos los próximos meses, para evitar que tengan material para expandirse. 

Los efectos de esta plaga, propiciada por la intensa sequía que han soportado los bosques, se intuyeron en noviembre, pero hasta que la nieve no ha dado una tregua no se ha podido comprobar realmente su magnitud. Un vuelo con dron sobre parte del territorio ha permitido localizar exactamente 55 focos, algunos a 1.800 metros de altura y en zonas con una pendiente muy escarpada, que dificultan la intervención hasta el extremo de plantear dudas sobre la posibilidad de poder cortar los pies afectados y extraer la madera de allí. Cada foco tiene entre 5 y 20 árboles; «el problema es que no sabemos si ha saltado, creemos que sí, a los árboles colindantes, así que por precaución habrá que ampliar el radio de acción», apunta Carlos Mata, director del Parque Natural Lagunas de Neila, y además, hay muchos árboles entre foco y foco que empiezan a parecer moribundos. «La estimación es muy complicada», recalca. Eso también dificulta la cuantificación económica de la operación. «Hay que hacerlo con el menor coste económico, y si es sin coste, mejor, aunque como también habrá que abrir caminos, me temo que no va a ser así», añade. 

«No vamos a escatimar esfuerzos económicos, porque la repercusión es muy importante», recalca Mata, en referencia tanto a los miles de euros que están en juego por el valor de la madera como a la flora y fauna amenazada. «Pero tampoco vamos a destrozar el monte», añade. Por ello, van a tratar de hacer caminos estrechitos, infraestructuras poco impactantes, y que sirvan de cara al futuro para otras posibles intervenciones urgentes en caso de eventos catastróficos, como por ejemplo nuevas plagas, un incendio o un episodio de viento que derribe cientos o miles de árboles, como ya ha ocurrido en otros lugares de Europa. 

A la mayoría de esos 55 focos podrá acceder el maderero al que se le adjudique la corta, un proceso administrativo que aún no se ha realizado, sin embargo, hay algunos a los que no. «Asumimos que hay ciertas zonas que no vamos a poder atacar, incluso ni haciéndose estas infraestructuras nuevas, porque tiene una pendiente muy fuerte, en ese caso, intentaremos solventar el problema de alguna otra manera, o acumulando más trampas en esas zonas, o si no tiene efecto, descortezando el arbolado», detalla. «El impacto visual va a estar ahí porque podemos ver un árbol seco, pero que también un árbol seco tiene un componente biológico importante, porque siempre es un hogar para multitud de insectos y silófagos que no producen daños en el arbolado vivo, para especies de aves que se alimentan de estos insectos o que generan nidos», enumera.

No se descarta que sean muchos más los ejemplares colonizados por los conocidos como barrenadores del pino silvestre, que durante el invierno se cobijan bajo la corteza, donde ponen los huevos, en primavera se comienzan a desarrollar y a partir de los 18 grados echan a volar. Se trata pues, de llegar antes de que suba la temperatura media en la zona y atraer a estos coleópteros a las trampas con feromonas sintéticas. Ahora mismo, hay árboles que presentan algunos signos de decaimiento, si bien puede consecuencia de la plaga o de la sequía. «Eso se verá una vez que el insecto vuelva a revitalizarse en primavera», remarca Mata. «Si no responden a una primavera adecuada (húmeda y con lluvias al menos dentro de la media), habrá que cortarles también», avisa.

Una vez colocadas esas trampas, cada una de ellas estratégicamente situada para atraer a los escarabajos de varios focos, personal de Medio Ambiente las revisará cada 15 días, para comprobar si funcionan como se espera, realizar un conteo de los individuos que quedan atrapados en ella y cambiar las feromonas sintéticas -que tienen la función de atraer con el olor-. Una trampa tiene el tamaño de un disco duro de ordenador de mesa tumbado, aproximadamente. Se prevé mantenerlas hasta verano.