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Una película para el burgalés Navazo, Maradona de Mauthausen

R. Pérez Barredo
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El argentino Leo Albajari apuesta por el fútbol para explicar el capítulo más oscuro de la historia reciente de la Humanidad

Leo Albajari utiliza el fútbol para enseñar el Holocausto.

Es argentino, futbolero y se llama Leo, aunque no se apellida Messi, sino Albajari. Este periodista, investigador y profesor universitario lleva varios años inmerso en un proyecto pionero que pasa por hacer del deporte rey una herramienta educativa y cultural que contribuya a que las nuevas generaciones conozcan uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de la Humanidad: el Holocausto. Primero creó la exposición 'No fue un juego', una muestra en la que, a través de once historias (como once jugadores tiene un equipo de fútbol), pone en relación la práctica del fútbol durante el nazismo. Una relación, claro, que no pasaba por el ocio o el deporte, sino por la deshumanización más absoluta.

De entre esas once historias destaca una: la de Saturnino Navazo, aquel burgalés de Hinojar del Rey que tras triunfar como futbolista profesional terminó primero exiliado en Francia y después deportado en el campo de exterminio de Mauthausen, corazón de las tinieblas en el que pudo sobrevivir merced a su pericia con el balón. Desde hace varios meses trabaja Leo Albajari en un paso más de su ambicioso y singular proyecto, que cuenta con el apoyo del Museo del Holocausto de Buenos Aires. Se trata de un documental de cuatro capítulos, uno de los cuales estará centrado en la figura de este burgalés al que sus condiciones futbolísticas permitió no sólo no morir en aquel agujero inmundo, sino ejercer como ángel de la guarda de cientos de compañeros y especialmente de un niño judío, Siegfried Meir,Navazo desde su pueblo natal, Hinojar, hasta Mauthausen.

"Para mí y para el proyecto del cual soy autor la de Saturnino Navazo es una historia fundamental porque encierra todo. Lo primero que me permite poder dar sentido a una pregunta que parecía no tener respuesta. campos nazis? Navazo es un ejemplo de ello y no sólo de ello. Su relación con Siegfried Meir y su posterior adopción nos cuenta sobre un hombre que dignifica al género humano ", explica Albajari, cuyo proyecto ha sido reconocido con el Premio 'Julius Hirsch 'de la Federación Alemana de Fútbol, ??siendo la primera vez que se entrega a un proyecto internacional

Dice Leo Albajari que la de Saturnino Navazo "es una historia de superhéroes pero real. Con los malvados bien definidos y los que sufren por sus maldades. Un hombre humilde que sobrepasa varios capítulos de su vida al borde de la muerte y que está aún ahí , vivo. El psiquiatra y superviviente Victor Frankl escribió sobre encontrarle el sentido a la vida que el hombre debió buscar para salir de la oscuridad de los campos. Saturnino encontró el fútbol y eso es una gran prueba ". Aspira el investigador argentino a que el documental responda al interrogante poco estudiado sobre la presencia de fútbol en los campos. "Hasta hoy encontré cuatro respuestas y esos serán los cuatro capítulos: Ocio de los guardias nazis; propaganda; supervivencia (ahí está el ejemplo de Saturnino Navazo) y resiliencia en los campos de desplazados que consiguieron un 'volver a vivir'. Soy un convencido que el fútbol es una herramienta educativa extraordinaria y con este documental me propongo llegar al público futbolero y al estudiantil para que conozcan los horrores del nazismo, pero desde este inédito costado ", subraya.

La intención de Albajari y su equipo es viajara a Europa. Y empezar a trabajar ya rodar donde comienza la historia de Navazo , en Hinojar del Rey, "el pueblo que lo vio nacer y que hoy lo recuerda como un ciudadano ilustre [hace unos años, como ya contó este periódico, se le dedicó una plaza en la villa, a cuya inauguración asistieron algunos hijos y nietos de Navazo] ". Quieren entrevistar" al alcalde ya su gente, que se ha reencontrado con esta historia. La idea es trazar su camino desde aquella soleada región burgalesa y concluir en Mauthausen, con un gris y un frío que nos hará sentir algo del sufrimiento de Saturnino y Siegfried ", subraya. Confía Albajari en encontrar también en tierras burgalesas ayuda y complicidad para sacar adelante el proyecto, cuestión que no debería ser en modo alguno difícil: pocas veces puede encontrarse un paisano con una epopeya tan fascinante, ejemplo de resistencia y humanidad. este sentido, recurrirá a la Film Commission de Burgos para recabar su ayuda y colaboración.

Una historia única. Saturnino Navazo , futbolista de profesión que había sido estrella de Deportivo Nacional y que lo hubiera sido Real Betis si no se hubo interpuesto la Guerra Civil, acabó confinado en Mauthausen después de haber perdido la guerra con el bando republicano y logra exiliado a Francia, donde fue hecho prisionero por los alemanes. Convertido en el número 5.656, el burgalés logró alejarse de los 186 escalones de la cantera de Mauthausen en los que se dejaron la vida miles de españoles gracias a su talento con el balón.

Los nazis también mataban el tiempo en actividades lúdicas. El fútbol era una de ellas. Organizaban partidillos con aquellos reclusos a los que aún no han vencido el hambre, la explotación y las torturas. Y enseguida repararon en que aquel espigado hombretón era un artista con la pelota en los pies. En más de una ocasión, los desalmados alemanes aplaudían sus goles y malabares. El talento del burgalés le granjeó una posición de privilegio dentro del campo: fue nombrado jefe de un barracón de doscientos españoles y designado a ayudar en la cocina para que pudiera organizar partidos de fútbol. " Navazose ocupaba de la barraca y de organizar los partidos de fútbol. También trabajaba pelando patatas y yo le ayudaba. Cuando podíamos, robábamos algunas de ellas y las repartíamos con los demás ", cuanta Siegfried Meir, el niño judío al prohijó, en su libro Mi resiliencia." un padre conmigo. Por eso, meses más tarde, cuando llegó la liberación, le pedí que me llevara con él. Le pedí que fuera mi padre de verdad ".

Lo fue. Saturnino Navazo no sólo conservó la vida y ayudó a que sus compañeros de barracón preservaran la suya llevándoles alimentos de matute sustraídos en las cocinas de Mauthausen: cuando los norteamericanos liberaron el campo en mayo de 1945, el burgalés se hizo cargo del pequeño. Y vivió con éste y con la familia que formó de aquel horror en Francia hasta que Meir decidió independizarse, sin que eso significara alejarse: siguieron viéndose y pasando temporadas juntos hasta la muerta de Saturnino Navazo , acaecida en 1986.

De la importancia de aquel hombre que en un acto de amor y de generosidad sin límites se hizo pasar por el padre de una desvalida criatura que había visto morir a sus padres biológicos en Auschwitz dijo Meir a este periódico hace unos años. "Con el tiempo fui consciente de la decisión que tomó. Cómo aceptó la carga que yo representaba para él en ese momento. Un hombre joven, soltero, con toda la vida por delante. Y su figura creció aún más para mí. Saturnino Navazo ha sido mi héroe, mi Dios ".