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«Una sociedad que homenajea a los terroristas está enferma»

Alfonso G. Mozo
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Desde marzo es el presidente de la AVTCyL y pelea por el respeto a la memoria de las víctimas y los derechos de viudas y huérfanos

«Una sociedad que homenajea a los terroristas está enferma» - Foto: Jonathan Tajes

Sebastián Nogales será siempre policía, aunque en 2007 las secuelas de un atentado etarra en Pamplona le retiraran prematuramente del ejercicio de una profesión que le apasionaba y de la que se sigue sintiendo parte. 'Sebas' –como le conoce todo el mundo– es hoy el padre orgulloso de una policía y de un futuro policía, pero también el nuevo e impetuoso presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, que en apenas siete meses en el cargo se ha recorrido 7.000 kilómetros, ha estado reunido con el ministro Grande-Marlaska, ha recabado el apoyo de la Junta y está a punto de estrenar la que será la primera sede de la AVTCyL en sus seis años de historia.

Esta base de operaciones se ubicará en su pueblo adoptivo, un Arroyo de la Encomienda al que llegó hace casi veinte años como refugio vital tras el despiadado ataque de la 'kale borroka' de ETA que casi se le lleva por delante de una paliza durante el 'chupinazo' de los sanfermines del año 2002. Le dejaron en coma, pero sobrevivió al atentado y, con el tiempo, logró superar su «sed de venganza» para avanzar, aunque sin olvidar lo que le hicieron aquellos seis jóvenes terroristas. Ahora, sin placa ni arma, se defiende solo con la palabra, el trabajo y la constancia para luchar por la memoria y los derechos de las víctimas del terrorismo.

¿Qué balance hace de este medio año al frente de la AVTCyL?

Muy positivo. Me he presentado a todas las instituciones, con la Junta de Castilla y León hemos firmado ya un protocolo con el consejero de Presidencia, Angel Ibáñez, y también contamos con el apoyo del comisionado para las víctimas del terrorismo de Castilla y León, Santiago Fernández, así como el de todo su equipo.

Pero he de reconocer que no es fácil empezar en un cargo así. Yo recuerdo que se lo comentaba al ministro Grande-Marlaska en una reunión que mantuvimos, le decía que uno no está habituado a hablar ante las cámaras, a las entrevistas... que yo era policía nacional y estaba acostumbrado a darles protección, no a reunirme con ministros.

¿El reto es aprovechar lo hecho por el difunto comandante Juan José Aliste y que la asociación crezca?

Estamos haciendo las bases para montar un verdadero movimiento asociativo, porque el comandante Juan José Aliste, el fundador de la AVTCyL, puso las bases, pero ahora queremos crecer. Tener nuestra propia base de datos, una página web... por ahora no tenemos los medios necesarios para poder ayudar, pero vamos a trabajar para conseguirlo. Por ejemplo, una de las cosas que me gustaría es tener en la asociación a una persona que pueda dar apoyo psicológico a las víctimas, que es fundamental y que ahora mismo es imposible porque aquí los asociados no pagan y solo vivimos por ahora de la colaboración de la Junta (15.000 euros).

Ojo, que luego hay que justificar el trabajo que se hace, a qué se va dedicando el dinero... Se nos pide elaborar un proyecto, pero nosotros somos lo que somos y nos cuesta, porque no tenemos todavía una estructura.

¿Qué objetivos se ha marcado para esta etapa como presidente de la AVTCyL?

Queremos dar apoyo psicológico, asistencial y también jurídico, ya que se da un agravio comparativo entre las víctimas, puesto que no se dan las mismas indemnizaciones en los casos en que hay sentencia favorable que en aquellos en los que no se ha podido esclarecer el atentado; hablamos de personas que sí son víctimas, aunque la ley no lo pone al mismo nivel. Y eso no puede ser, entre otras cosas, porque aún tenemos unos 300 asesinatos sin esclarecer.

¿Quieren promover también algún cambio legislativo en esa línea?

Exacto. Porque cada paso que se da hay que pelearlo demasiado. Sí, las fuerzas políticas apoyan y ayudan, pero hay que reformar la ley para  subsanar esas anomalías y que no haya unas víctimas de primera y otras de segunda.

Y también queremos trabajar para que haya reserva de empleos públicos para las víctimas y para sus hijos, igual que se reserva en otros ámbitos un porcentaje. Hay huérfanos a los que la muerte de su padre les partió su vida en dos, les hizo dejar los estudios... y hay que ayudarles, con esa reserva de plazas. No es regalar puestos, sino que tienen que aprobar igual, pero con un porcentaje previsto para ellos.

Celebraron la primera edición del premio Colmena, concedido a la viuda del fundador y en breve van a estrenar sede tras la cesión de un local por parte del Ayuntamiento de Arroyo...

Hay que empezar a hacer cosas, hay que crecer y esos son algunos de los primeros pasos que hemos dado. Tener una sede, gracias al Ayuntamiento de Arroyo, va a ser muy importante para poder tener una base de operaciones, un sitio en el que reunirte, donde recibir a las víctimas...

¿Cuánta gente está vinculada a la AVTCyL?

Somos 137 (una veintena de ellos de Valladolid), pero hay que seguir creciendo y dando nuestro apoyo a todas estas personas. Hablamos de que Castilla y León es una de las comunidades con más víctimas de ETA: 140.

También estamos dando apoyo a la familia de Roberto Fraile, el periodista asesinado el pasado mes de abril en Burkina Faso, también en atentado terrorista.

¿Por qué sigue teniendo sentido una asociación de víctimas del terrorismo en una etapa en la que la principal banda terrorista que actuó en España es ya historia? ¿El riesgo es el olvido?

El olvido es lo peor que nos puede pasar. No podemos permitir que se olvide lo que hemos vivido durante 40 años en España, por mucho que hayan pasado diez años desde que ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada. Los huérfanos siguen viviendo, las viudas están ahí y los heridos... Una sociedad no se puede permitir olvidar todo eso. Hay que seguir apoyando a todas las víctimas, ya sean heridos, hijos de asesinados, viudas... Ellos se lo merecen.

¿Cómo se sobrellevan todos esos reconocimientos que se hacen a los terroristas cuantos salen de la cárcel y vuelven a sus pueblos, a sus ciudades...?

Es hiriente. Sale rabia e impotencia. Resurge la vieja sed de venganza. Se están riendo de las víctimas y lo peor es que se está permitiendo, y los responsables son los delegados del Gobierno o, en su defecto, el presidente del Gobierno, porque no se hace cumplir la ley. Todos esos actos de enaltecimiento que se están dando a los terroristas no se pueden permitir.

Parece que aquí hay que pasar página, pero cómo vería la gente que la asesina del niño 'El Pescaíto', a su salida de la cárcel dentro de unos años, fuera recibida por toda la sociedad en un homenaje en el que participasen las instituciones también. Esto es algo impensable, pero parece que en el terrorismo ahora cuesta empatizar, pero es que solo cuando se empatiza con las víctimas es cuando se entiende lo que vivimos. Una sociedad que homenajea a los terroristas es una sociedad enferma.

¿Cómo se consigue esa empatía por parte de una sociedad que da la sensación que ya ha pasado la página de ETA?

Es una tarea nuestra, de todas las víctimas, que tenemos que contar la realidad que hemos vivido, que aún vivimos. Que no venga nadie a contarlo, que sean ellos quienes lo relaten y la opinión pública sepa quién era el policía asesinado o el guardia civil o el periodista. Pero es una tarea que nos cuesta porque muchos de ellos siguen sufriendo veinte años después del atentado y no son capaces de transmitir el dolor que les causó el asesinato de su padre, de su esposo... Y tienen miedo, porque el miedo es algo que cuesta superarlo porque [los etarras] siguen ahí.

Si resulta muy difícil superar la muerte de un padre o una madre por edad o por una enfermedad sobrevenida, cómo vas a superar que te lo quiten con violencia, de una manera salvaje. Pero hay que contarlo. Porque todos los que hemos sobrevivido a un atentado somos el fracaso de ETA. En mi familia aún me dicen que tenga cuidado, porque he asumido este cargo; porque existir, existen. Pero no podemos vivir con miedo toda la vida.

Usted da charlas en los centros educativos sobre ETA y sobre su experiencia como víctima, ¿cree que es una etapa poco conocida para los adolescentes y jóvenes de hoy en día?

Este proyecto de 'Testimonio en las aulas' lo impulsan el Ministerio del Interior y la Junta de Castilla y León, además de las víctimas y está muy bien porque los chicos de 30 años para abajo no tienen ni idea de todo esto. Voy a facultades de Derecho y te topas con jóvenes que no dan crédito de que pasase eso en España ni de las consecuencias que tiene el ser víctima; las secuelas físicas y psicológicas que te provoca, tener que dejar tu trabajo, el olvido de la sociedad...

¿Sienten el apoyo institucional o se van olvidando de ustedes?

En el caso de la Junta de Castilla y León, sí siento el apoyo. Hay que seguir progresando, pero la relación ha arrancado muy bien. Además, he de agradecer haber podido tener ya una reunión con el ministro del Interior, pero necesitamos que las palabras se plasmen en leyes tanto a nivel estatal como autonómico, porque hay que recordar que esta es la única asociación de víctimas del terrorismo de ámbito regional.

Por ejemplo, ahora vemos cómo el Gobierno vasco promueve la reinserción de los presos etarras con trabajos, vivienda y estudios. En cambio, para los hijos de los asesinados, nada.

Han pasado diez años desde que ETA anunciara el cese definitivo de la actividad armada, ¿cuándo usted sufrió el ataque terrorista en Pamplona imaginaba un final tan cercano?

No. Era impensable...

¿Cómo era ser policía en la época etarra, sobre todo en el País Vasco y Navarra?

La realidad supera la ficción. Allí se vivía con temor, hasta el punto de que nos teníamos que inventar una profesión –Nogales era empleado de Telefónica– y había que vivir con tensión, revisando los bajos de los coches cada día, yendo atento por la calle... Allí siempre contaban con el apoyo del silencio, porque nadie veía nada.

Usted sobrevive al ataque y el día del juicio hasta coincide con dos de sus agresores en el ascensor de la Audiencia Nacional, cara a cara, ¿se les guarda rencor?

Iban conversando con su abogado y no tenían ni idea de quién era yo, porque ellos solo querían matar a un policía nacional el día grande de los sanfermines de 2002. ¿Sed de venganza? Pues, hombre, te han intentado asesinar... Yo no sentía rencor, tenía sed de venganza.

A usted no le matan por poco...

No me mataron de milagro. Ellos pusieron todo para matarme –le abordaron seis terroristas de la 'kale borroka', le taparon la cabeza con su camiseta y le llevaron a un portal, donde le apalearon con palos y barras de acero–, estuve en coma, machacado y necesité más de 500 días para recuperarme y tuve que dejar de ser policía, pero no me mataron. Pude vengarme, pero por suerte no lo hice y ahora utilizo la palabra para que nadie se olvide de esto, para que algún día se considere héroes a todas las personas que lo han sufrido.