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Rai, onomatopeya de un genio

R. PÉREZ BARREDO
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El Arco de Santa María acoge desde mañana la exposición 'Rai Ferrer. Pasión por la imagen y la palabra', un homenaje al gran dibujante, ilustrador y periodista burgalés fallecido en 2017

Rai Ferrer, en una imagen de archivo (2002) - Foto: Patricia

Rai Ferrer siempre fue un tipo lúcido. A veces, descarnadamente lúcido. Era un hijo del pueblo y un ácrata, un pesimista bienhumorado. Un hombre furiosamente libre que nació, creció y maduró en tiempos ominosos en los que la libertad era un anhelo lejano. Pero tenía talento para el dibujo. Y dominio de la palabra. Y así fue como se abrió camino en aquella Barcelona fascinante de los últimos sesenta y de los setenta con todos los honores. Nacido en el pueblo burgalés de Manciles, tuvo una infancia desgraciada y enfermiza. Conoció orfelinatos y a punto estuvo una tuberculosis de llevarle a ese lugar del que ya no se regresa. Pero instalado de la mano de su madre en Barcelona, a los 14 años (¡14!) entró a trabajar en la Editorial Bruguera. Aún era la década de los 50, XXV Año Triunfal. Casi nada.

Fallecido en Barcelona en el año 2017, Rai Ferrer nunca perdió de vista su tierra de origen, donde tiene familiares. Ahora regresa, como redivivo, de la mano del Instituto Municipal de Cultura, que inaugurará en el Arco de Santa María, a partir del día 22 de octubre y hasta el 28 de noviembre, la exposición 'Rai Ferrer. Pasión por la imagen y la palabra', muestra comisariada por su viuda, la periodista y crítica de arte Marie-Claire Uberquoi.

La exposición permitirá hacerse una idea cabal del talento de Rai Ferrer como dibujante, ilustrador, diseñador gráfico, historiador y periodista, pionero de tantas cosas. "Es la exposición más completa sobre la trayectoria de Rai Ferrer. Habrá más de doscientos originales (carteles, portadas de libros, revistas, dibujos, fotomontajes, artículos) donde abordó sus grandes pasiones (también podrá contemplarse un retrato de la gran artista burgalesa Marta Tapia, con quien unía a Rai mucho cariño). Porque Rai fue un apasionado de muchos ámbitos de la cultura. Tenía pasión por el cine, pasión por la historia, pasión por la novela popular -la policiaca y la de aventuras-, pasión por el periodismo, por la ilustración...", explica a este periódico Uberquoi.

No en vano, a lo largo de su extensa trayectoria, el burgalés trabajó en las prestigiosas y esenciales editoriales Bruguera y Marco; fue director artístico del semanario 'Strong' (que publicó los cómics Lucky Luke, Los Pitufos o Gastón el Gafe, entre otros) y del departamento juvenil de la editorial Argos.

Asimismo, fue cofundador del colectivo Onomatopeya (que al cabo se convertiría en su firma a modo de pseudónimo) y publicó infinidad de trabajos en publicaciones míticas como 'El viejo topo', 'Por favor', 'Fotogramas' o 'El Papus', donde ejerció como escritor y dibujante. Fedatario de la Transición, también dejó su huella en 'Diario 16', 'Interviú', 'El Periódico' y 'Mundo Diario', y realizó cientos de portadas de novelas de todo corte: policiacas, románticas, de aventuras... Comprometido hasta el tuétano, siempre de inspiración anarquista, escribió dibujó la biografía gráfico-literaria de Durruti; uno de sus últimos trabajos fue el monumental libro gráfico-literario Viento del pueblo. Centenario de la CNT.

En el catálogo de esta exposición hay textos de la propia Marie-Claire Uberquoi, pero también de Juan Manuel Bonet, Miguel Agustí, Mario Gas y Joan Ignasí Ortuño, e incluye un poema de Rai Ferrer.