El farolillo rojo del pelotón musical

A.S.R.
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La Federación Coral Burgalesa alerta de que serán los últimos en reanudar su actividad al soltar gotas continuamente y necesitar locales de ensayo más grandes para respetar la distancia física

La Federación Coral Burgalesa ya trabaja para impulsar la actividad de los conjuntos cuando puedan actuar, como la iniciativa que los llevó en la última Noche Blanca a cantar con Fetén Fetén. - Foto: Alberto Rodrigo

Salir de la crisis provocada por el coronavirus no va a ser coser y cantar para los coros. La presidenta de la Federación Coral Burgalesa, Teresa Galaz, teme que estas formaciones sean las últimas en reanudar su actividad debido a su propia naturaleza. Los expertos se han cansado de explicar que la transmisión del virus se produce a través de las gotículas que salen despedidas de la nariz o la boca de una persona infectada al toser, estornudar o hablar. Esta propagación se antoja fácil en el seno de una masa coral, que las desprende al cantar continuamente y que, al tratarse de grupos numerosos, tiene difícil mantener la distancia de seguridad para dar esquinazo al bicho. 
Galaz confiesa su pesimismo y fía para largo la vuelta de estos conjuntos. «No creo que para octubre podamos retomar nuestra actividad. Lo tenemos muy complicado. Creemos que vamos a ser los últimos en incorporarnos a actividades culturales», lamenta la presidenta de la Federación Coral, con 14 socios, y reconoce que tienen pocos motivos para el optimismo. 
Atisba lejano el inicio de los ensayos mientras haya que mantener la distancia de seguridad ya que necesitarían locales con muchos metros, de los que carecen. «Lo único que podríamos hacer es prepararnos por voces (sopranos, tenores...)», sopesa al tiempo que augura lejana igualmente la celebración de los primeros conciertos. «Cuando oyes que se reducirá al 30% el aforo en un teatro pequeño te desanimas completamente. Nos va a costar mucho».
Durante estos más de dos meses, el trabajo conjunto ha estado parado. «Sí hemos estado en contacto, pero para darnos ánimo, para nada más», resalta la coralista de la Coral de Cámara Universidad Isabel I, quien no tiene constancia de que alguna agrupación haya realizado vídeos en colectivo cada uno desde su casa como sí han grabado en otros lugares. 
Y tanto tiempo sin ejercitar las cuerdas vocales en colectivo puede tener sus consecuencias. No solo artísticas. Otro escollo más. «Estos meses hemos perdido disciplina de canto, estamos acostumbrados a juntarnos todas las semanas, y, además, se han caído conciertos y actuaciones en bodas y otros eventos, con los que se financian otras actividades», destaca la presidenta, que reitera el carácter aficionado de todas las masas burgalesas y la elevada edad media de sus integrantes, que agrava el riesgo del contagio y puede incrementar el miedo a reanudar los ensayos. «Algunos coros son conscientes de que perderán miembros porque es una actividad que implica contacto físico y está ese temor». Ni pensar quiere en el posible rebrote que muchos presagian en octubre. Si esto sucede, anota que puede ser el punto final para muchos grupos. 
¿Este parón puede ser lo suficientemente importante como para provocar la desaparición de coros? No lo descarta y desconoce sí ya alguno ha tomado esa decisión, pero también subraya que la Federación Coral intentará impedirlo. «En cuanto nos digan que podemos retomar, haremos algo que los motive, desde ciclos a conciertos puntuales, que nos ayude a potenciar la música coral, que es muy importante en la ciudad», se lanza y agrega que cuando llegue ese momento espera contar con la complicidad de las instituciones.