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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


La gran renuncia

29/11/2021

El gallinero político ha estado más alborotado que de costumbre, que ya es decir, y no han faltado noticias alarmantes sobre nuevas mutaciones del coronavirus, pero lo cierto es que durante unos cuantos días uno no ha tenido ojos sino para la insólita huelga del metal en Cádiz, cuyo fragor de cargas policiales y barricadas con neumáticos en llamas nos ha devuelto a una época bien distinta, a aquellos años 80 en los que los disturbios se propagaban en Ensidesa, en Euskalduna, en Altos Hornos, en las principales factorías que el plan de reconversión industrial de Felipe González había situado entonces en su punto de mira.
Que en la provincia gaditana haya tenido que montarse la marimorena para que las empresas del sector consientan en revisar los salarios en relación al IPC anual, que los trabajadores se hayan visto impelidos a llevar el conflicto a las calles para conseguir algo tan básico, confirma que, efectivamente, hemos asistido a una forma de protesta definitivamente pasada de moda. El empleo ha alcanzado tales cotas de precariedad y abuso, y los sueldos se han depauperado hasta tal punto, que el personal se hartó hace tiempo de tirar piedras y opta ahora, lisa y llanamente, por irse a casita. Empiezan a faltar profesionales en actividades como el transporte, la construcción y la hostelería porque el trabajo, antaño venerado como el primero de los bienes, ya no alcanza en muchos casos para vivir con una mínima dignidad y, en consecuencia, son cada vez más quienes prefieren agarrarse a los subsidios o sumergirse en la economía 'informal' a darse de alta en las oficinas de empleo.
No es este un mal endémico de España, ni mucho menos. En Estados Unidos ya han bautizado el fenómeno de la escasez de mano de obra como 'la Gran Renuncia', y las grandes compañías se devanan los sesos para intentar reincorporar al mercado laboral a más de cuatro millones de ciudadanos cesantes. Y no se piense tampoco que el nuevo paradigma afecta solo a los operarios no especializados: véase el caso de la Consejería de Sanidad, que no logra dar con un solo médico dispuesto a aceptar la gerencia del Hospital de Burgos. Y es que hay puestos que es preferible no tocar ni con un palo.