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'Al principio creó Dios el cielo...'

A.S.R.
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109 personas intervienen en la lectura ininterrumpida de la Biblia durante 24 horas que comenzó en la capilla del Santo Cristo ayer y ha concluido esta mañana

Una de las lectoras muestra el diploma de participación que reciben todos los inscritos en la iniciativa. - Foto: Alberto Rodrigo

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas... La voz del arzobispo emérito Fidel Herráez dio el pistoletazo de salida a las 24 horas de lectura ininterrumpida de la Biblia en la capilla del Santo Cristo de la Catedral. Pasaban tres minutos de las diez de la mañana. El prelado, que arrancó en el capítulo uno del Libro del Génesis, sería el primero de las 109 personas inscritas en este maratón que, sin prisa y sin pausa, se ha alargado hasta las diez de la mañana de hoy, minuto arriba, minuto abajo. 

Tras Herráez, con el Cristo de Burgos como impertérrito testigo, en el ambón se sucedieron las personalidades. El subdelegado del Gobierno, Pedro de la Fuente; el vicepresidente de la Fundación VIII Centenario de la Catedral, Antonio Méndez Pozo; el subdelegado de Defensa, Javier Martínez de Lagos; el vicepresidente del Cabildo, Félix Castro... Continuaron entonando en voz alta los versículos del Antiguo y Nuevo Testamento a los que ha puesto el punto final ya esta mañana el obispo Mario Iceta. Antes pasarían lectores de a pie, como Conchi y Araceli, que, a eso de las cinco y media de la tarde, esperaban su turno. La primera, atacada, repasaba su texto. La segunda cuenta que se apuntaron porque conocían a gente de la organización, son católicas practicantes y les pareció una buena idea. «La Biblia es una gran desconocida para mucha gente y es interesante que se lea no solo el Nuevo Testamento, también el Antiguo, y que se emita por streaming», anota minutos antes de coger el testigo de su amiga. 

Algunos se acercaron por allí solo como público. La novedad de la propuesta y la curiosidad guiaron a Belén Aldanondo a asistir al inicio del acto. «Es interesante. Puede servir para escuchar, lo que luego la lectura diga a cada uno dependerá de cada uno, de lo que la gracia de Dios le inspira», señalaba esta religiosa sentada en uno de los bancos, de los que alguno se levantó raudo al percatarse de que la misa diaria se había trasladado a Santa Tecla. Otros prefirieron seguirlo en directo a través del canal de YouTube de la Archidiócesis, única forma de asistencia por la noche, donde la lectura, sin público, se presumía más íntima.