A la espera de una segunda nueva normalidad

EFE
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Los vecinos de Burela anhelan salir del reconfinamiento al que están sometidos, por albergar el 80 por ciento de los nuevos contagios en la comarca lucense más afectada por los rebrotes

A la espera de una segunda nueva normalidad - Foto: Eliseo trigo

Burela es el municipio de A Mariña con más afectados por el brote de coronavirus en Lugo. Sus terrazas, antes llenas, están ahora desangeladas; las reservas en los hoteles sufren constantes cancelaciones; y el puerto es el único enclave en el que se ve cierta actividad, pues en él continúan descargando el bonito.
Las autoridades sanitarias decretaron el cierre de esta comarca lucense durante cinco días para tratar de frenar la propagación de un brote de la COVID-19 cuyo primer caso fue detectado el pasado 23 de junio. Esa decisión, unida a las recomendaciones a la ciudadanía para evitar nuevos contagios, han tenido consecuencias inmediatas en la economía local. Y, de forma especial, en aquellos sectores vinculados al turismo, que disfrutaban precisamente ahora del momento de mayor actividad.
Aunque el cierre alcanza a los 14 municipios del distrito sanitario, la Xunta reconoce que es el centro de la comarca y, fundamentalmente Burela, la parte más afectada. Allí sitúan los expertos el 80 por ciento de los infectados, circunstancia que obligó a clausurar varios bares de este pueblo costero, uno de los más pequeños de Galicia con sus 7,8 kilómetros cuadrados.
Las calles del municipio, normalmente llenas de vida, están en la actualidad prácticamente desiertas, sin duda porque la mayoría de los habitantes ha tomado conciencia de la gravedad de esta enfermedad y de sus circunstancias, así como de lo importante que es en este momento la responsabilidad personal.
Desde el sector de la hostelería reconocen, casi al unísono, que esta situación está siendo para ellos como «una segunda parada», hasta el punto de que hay bares y cafeterías que han bajado sus persianas porque los clientes que llegan no son suficientes para pagar los gastos que supone tener abiertos sus negocios. «Una ruina», relatan, insistiendo en que a algunos «les costará mucho salir adelante».
Los hoteles han visto caer las reservas para esta primera quincena, que han sido prácticamente anuladas en su totalidad. Y algunos turistas que ya habían llegado para comenzar sus vacaciones acabaron por hacer sus maletas de forma precipitada el pasado domingo, ante el temor de que la situación empeorase y de que el confinamiento se prolongase.
Así, en Burela, a la normalidad, ya sea a la nueva o la antigua, todos esperan regresar cuanto antes. Cuando los temas centrales eran el futuro de Alcoa, la planta del vecino municipio de San Cibrao, y las elecciones de este domingo, la respuesta al coronavirus se encuentra de regreso. Y en primera línea.