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«Me temo que intentarán vender el robo de Atrio para el cine»

C. MARTÍNEZ
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El burgalés Paco Berciano, asesor de la bodega cacereña Atrio que sufrió un espectacular robo de algunos de sus vinos más caros, considera casi imposible recuperar las botellas y piensa que el autor intelectual sigue suelto

Paco Berciano es propietario de la vinoteca El Lagar, director de la distribuidora Alma Vinos Únicos y consultor de la carta del hotel restaurante Atrio. - Foto: Valdivielso

El día que la policía llamó a los dueños del hotel restaurante Atrio (situado en Cáceres) para informarles sobre la detención de los ladrones que robaron en su prestigiosa bodega el pasado octubre, estos estaban tomando un champán en las Llanas con Paco Berciano, su  asesor y amigo desde hace más de veinticinco años. Se trataba de un gran avance en uno de los casos más famosos del mundo vinícola. El experto burgalés comenta que Toño Pérez y José Polo «estaban contentos por acallar rumores y porque siempre queda una esperanza», refiriéndose a las habladurías malintencionadas que sugerían que el propio restaurante había organizado el asalto. «Atrio quiere dar por cerrado el tema, pero está adquiriendo un toque de prensa de corazón» se lamenta. 

Él fue de los primeros en saber del hurto y se encargó de valorar económicamente las botellas para dar parte al seguro, que correspondió a la cifra de 1.648.500 euros. La noticia pronto llegó a todos los rincones del mundo y comenzó el espectáculo mediático en torno al caso. «Es un robo que da para una película» dice Berciano, aludiendo a la hazaña de los detenidos, la estrategia de su abogada y la historia del propio vino. 

Los autores son una pareja que había acudido a Cáceres el 27 de octubre por la noche. Una mujer, ahora identificada como una Miss Earth por el Estado de México, llamó a la recepción para pedir algo de comida, y al ser un hotel de lujo le atendieron. Se había identificado con un pasaporte suizo «difícilmente falsificable» según comentó la policía. Mientras tanto, un hombre, que tenía antecedentes en otros saqueos, bajaba a la bodega. Todavía no se sabe si entró con una tarjeta robada o un aparato electrónico. 

«Es un robo sencillo porque Atrio es un hotel muy abierto» apunta Berciano, que insiste en que la calidad y comodidad del cliente impiden que haya un gran despliegue de seguridad. Los ladrones protegieron las botellas con unas toallas y las metieron en unas mochilas. Desde entonces se perdió su pista, hasta que se encontró su paradero el pasado julio en Croacia, gracias a una operación coordinada con otros organismos oficiales como la Europol y la Interpol. 

EL CASO SIGUE ABIERTO. La historia no termina aquí. El vino sigue sin aparecer y los detenidos, que se se encuentran en prisión preventiva, se han negado a hacer declaraciones. Paco está seguro de que existe un autor intelectual del robo y que está suelto. «La policía trabaja en dos líneas:grandes coleccionistas y gente relacionada con el mundo de la mafia».  

Lo que tampoco encaja en los esquemas de los dueños de Atrio y su asesor es la figura de la abogada de la defensa, quien lleva un perfil alto en la prensa rosa por su vida personal. «Sylvia Córdoba tiene una actitud de estar siempre rodeada de cámaras y salir en los medios, y va a buscar mucha presencia mediática». De momento, ha pedido que se tome declaración a todo el personal que estuvo ese día en el hotel, aunque es muy difícil probar la inocencia de los sospechosos porque «hay una grabación que muestra cómo él entra con las mochilas vacías y salen llenas».

Además, la letrada ha solicitado una revisión del peritaje de las botellas, mientras que Atrio mantiene el valor proporcionado por Berciano. La razón de esta estrategia de defensa es que los delitos de sus representados están agravados por el elevado valor económico y cultural del vino, y por tanto les conviene rebajar la tasación. Aun así, Berciano sostiene que la condena tiene un máximo de seis años y por tanto imposibilita llegar al fin del asunto. «Si la pena fuese muy grande podrían negociar con la policía» pero al ser  un castigo breve, es probable que los detenidos prefieran guardar silencio antes que «tener que enfrentarse con la mafia o dejar de ser fiables para su cliente». 

Vinos irremplazables. La persona que encargó el atraco es alguien especializado que sabe que esas botellas son únicas. Algunas de ellas, como las Romanée-Conti, Montrachet o La Tache «podrían llegar a venderse en el mercado negro aunque difícilmente», porque están numeradas y Atrio ya ha mandado aviso a los grandes comerciales de Europa. También hay una pieza que descolocó al asesor, un Richebourg de 1999, porque no era de una añada especialmente buena. «Se robó porque casualmente estaba cambiada de sitio, pero no por su sabor». Esto le permitió llegar a la conclusión de que los ladrones buscaban unos botines específicos y su móvil no era económico.

La joya de la corona, el simbólico Château d'Yquem de 1806, es el ejemplar más antiguo de esa bodega y tiene un valor superior (350.000 euros) porque está certificado y no puede ser carne de falsificación. «La historia de la botella es preciosa en sí misma» cuenta Berciano, que aconsejó a los dueños adquirirla en una subasta. 

Su cristal era muy frágil porque estaba soplado a boca, y se rompió al sacarla de la caja. En ese momento tuvieron que ir a Burdeos a recuperar el líquido y recibieron una etiqueta de autenticidad con la indicación de que había sido encorchada de nuevo. Toño y y José pasaron por el Landa para enseñar a Paco y su mujer el tesoro. Este cogió las gotitas que perduraban en la botella rota, y cuando José le pidió tener cuidado por si se caía algún cristal le respondió:«morirme por una botella de esas no es malo, es maravilloso».

Tanto los dueños como Berciano pretenden seguir adelante y cerrar este triste episodio, aunque temen que en algún momento «intenten venderles la historia para una película». El burgalés asegura que los propietarios no están dispuestos, de hecho no se han personado como acusación privada sino que lo está llevando el seguro. Tienen otros proyectos: pronto inaugurarán una fundación para revertir los beneficios de Atrio en actividades que aporten vida al casco histórico de Cáceres. Paco recuerda cómo consolaban a sus amigos por la calle. Una señora llegó a decir:«nos han robado la botella». La sensación que permanece en la ciudad, por encima de cualquier intento de novela negra, es que les han quitado algo cultural:«han robado a Cáceres, no solo a Atrio».