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"Hay que perder el miedo a decir en voz alta que estamos mal"

Lourdes Velasco (EFE)
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Tras superar un brote psicótico, el humorista se atrevió a escribir un libro sobre su enfermedad y así purgarse y alcanzar la necesaria calma que necesitaba, además de enseñar que lo mejor es contarlo

"Hay que perder el miedo a decir en voz alta que estamos mal" - Foto: CARLOS GARCIA POZO EL MUNDO

El humorista, guionista, actor, músico y presentador Ángel Martín acaba de publicar Por si las voces vuelven, un libro en primera persona sobre cómo se reconstruyó tras su ingreso en un hospital psiquiátrico por un episodio al que los médicos pusieron el nombre de «brote psicótico producido por consumo de drogas y depresión».

En 2017, Martín se vio a los mandos de una nave espacial, conversó con la muerte e incluso felicitó a su novia en las redes sociales por el éxito de taquilla de Wonder Woman, con el que, por supuesto, ella no tuvo nada que ver. Él le llenó la casa de regalos y ella se dio cuenta de que algo no estaba funcionado bien en él. Decidió dar la voz de alarma y llevarlo al hospital.

Tras dos semanas ingresado, cuenta que salió deshecho, inmerso en una depresión y sin entender nada de lo que le había pasado. Quiso buscar libros sobre casos como el suyo y, como no los encontró, decidió relatar su experiencia a modo de guía, por si podía servir a los demás, o a él mismo si recaía.

El monologuista, que se hizo famoso en el programa de La Sexta Sé lo que hicisteis, pide que todos estemos atentos a cómo se encuentran los demás y a no tener miedo a preguntarles si detectan comportamientos extraños.

¿Le preocupa que vuelvan las voces a su cabeza?

No, estoy en actitud desafiante con ellas, estoy controlándolas. De hecho, el libro ha servido para eso, para ver por dónde entran, por dónde salen, y estar más atento.

¿Se acuerda ahora mismo de lo que le decían?

Tantas cosas... Yo creo que cuando aparecen hablan de todo. No había un mensaje concreto, sino que básicamente desenmascaramos al mundo y empezamos a vivir en uno nuevo. Había tantos mensajes, tantas tramas y tantas señales que es muy difícil recordar lo que decían.

¿Y en qué plano las ubica?

Es como si de repente pensaras en la vida como una radio en la que puedes sintonizar distintas emisoras, y las voces estaban en una emisora distinta a la del plano físico. En mi cabeza se instalaron como una frecuencia distinta a la que estábamos nosotros.

¿Nunca volvieron?

Desde que salí del hospital, no.

¿Qué diagnóstico le dieron?

Según ellos, fue un brote psicótico producido por consumo de drogas y depresiones.

¿Le molesta que se destaque que había consumido drogas?

No, yo hablo de eso en el libro. De lo que cada uno quiera destacar, uno mismo puede controlar poco. Creo que quien quiera conocer mi historia sabe lo que hay de verdad y quien no quiera, pensará lo que quiera. 

¿Y cómo previene ahora otro brote de locura?

Manteniéndome lo más cuerdo posible.

¿Cómo se hace eso?

Buena pregunta. Al final, mantenerse cuerdo es algo que cada uno tiene que gestionar de forma individual. No hay una fórmula mágica para evitar que las voces no aparezcan. Al final, la locura tiene sus propias herramientas para decir si tiene que aparecer o no, entonces uno básicamente intenta vivir con coherencia y sentido común. No hay un hábito.

¿Cuál ha sido el pozo más grande en el que ha estado en estos años?

Probablemente creer que no volvería a remontar jamás.

¿Y cómo empezó a remontar?

Con la escritura. Con la ayuda de mi cabeza. Decidí localizar el primer momento en mi vida donde tuve la sensación de estar haciendo algo que me llenara de forma fascinante, independientemente de la situación o de cómo fuera mi entorno, y me di cuenta de que escribir era lo único que me apasionaba. 

¿Sigue yendo al psiquiatra y al psicólogo?

No.

Y ahora que nos estamos dando cuenta de las carencias en la atención en la salud mental, ¿qué opinión le merece esta cuestión?

El primer paso sería tratar de perder el miedo a mencionar en voz alta a nuestro entorno más cercano que estamos mal. A veces ponemos el foco en lo que no podemos tener y nos olvidamos de los pasos que sí podemos dar. Y creo que es súper importante mencionar en voz alta: 'Estoy un poco regular, me está pasando esto'... Sin el miedo o la vergüenza a que la gente que tienes cerca te haga una cruz. Y también perder el miedo a preguntar si el otro está bien y si se le puede echar un cable.

¿Cómo es el papel del cuidador?

El papel de mi chica ha sido fundamental, debe haber sido especialmente jodido para ella. La persona que acompaña a quien ha sufrido algo así es una de las figuras más importantes en una recuperación y uno de los trabajos más duros, porque no sabes lo que le está pasando a la otra. Y la otra persona tampoco va a encontrar las palabras exactas para darte pistas de lo que necesita.

¿En qué momento ha visto la luz tras haber pasado por el pozo?

Cuando empiezas a tener seguridad en ti mismo, a tomar decisiones y hacer ciertas cosas sin la aprobación de los demás es cuando vas viendo un poco la luz. A partir de ahí te vas cogiendo a otras cosas y tratas de reconstruirte desde cero.

¿Por qué decide contar su experiencia en lugar de esconderla?

Creo que cuando pasamos por algo y superamos algo no tiene sentido no compartirlo. Es como si te quedaras en un rincón diciendo: 'Mira qué marrón está teniendo ese, yo lo he pasado y tengo un par de herramientas que a lo mejor le irían bien'.